ALICIA SEOANE | Miércoles 20 de agosto de 2025 | 11:15
Este fin de semana Ares viaja a los años veinte y conmemora su pasado migratorio, con su fiesta de Ares Indiano. La gente sacará a pasear sus vestidos blancos y sombreros borsalinos, pero también sus mejores repertorios de habaneras. Las calles se llenarán de son, banderas de Cuba, y curiosos que no quieren perderse este salto temporal.
En los días previos nos hemos acercado a Ares a pasear por sus calles, y revisitar las relaciones de Ares con Cuba, de la mano del profesor Javier Vilasánchez, licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación, y especializado en el fenómeno migratorio aresano, recorreremos edificios, y repasaremos anécdotas del pasado de una villa que guarda muchas relaciones con la Habana.

La Alianza Aresana de Instrucción es nuestro punto de partida, allí en el salón de actos, recordamos el pasado de una institución que cumplió en en 2024, 120 años. «La Escuela Aresana fue el origen de las sociedades de instrucción en Galicia, la decana de todas ellas», recuerda. La semilla se plantó en La Habana, donde los emigrantes aresanos, en contacto con asociaciones y con una masonería activa, decidieron trasladar a su villa natal una de las mayores riquezas que habían descubierto: «el poder transformador del conocimiento».

No se trataba de un proyecto elitista, sino profundamente social. «La idea era que los niños de familias humildes pudiesen estudiar, que la pobreza no fuese un obstáculo», explica. La fraternidad, era un valor esencial en las logias cubanas de la época, impregnó las aulas. Incluso las fotografías que se conservan de algunos fundadores con atuendos masónicos hablan de ese vínculo ideológico.
Uno de los valores masónicos principales era la fraternidad universal, además del trabajo, «de hecho los símbolos masónicos tienen que ver con las herramientas de la albañilería. Todo esto de alguna manera ayuda a que ese ansia de fraternidad, crease un espíritu comunitario fuerte. Además en el exilio se fortalecieron las relaciones entre los gallegos, de hecho la cultura gallega en América, tanto en Argentina como en Cuba, sufrió un impulso grandísimo de la mano de los emigrados».

Carácter emprendedor
Otra cosa que a veces se olvida del fenómeno migratorio aresano era el carácter emprendedor de los que se fueron, «aquí, el mundo de la salazón, estuvo muy influenciado por personalidades que venían de Cataluña». La salazón era un mundo muy oscilante, había años de mucha sardina, y años de escasez, muchos de esos catalanes que se dedicaban a la salazón en Ares también migraron, «ellos eran portadores de ese espíritu empresarial que lo llevaron allá a Cuba, donde acogían a los aresanos que llegaban. Y en el fondo en todo el tema de la enseñanza, pues estaban ellos también como impulsores, porque venían de una tierra un poco más experimentada en solidaridad social».

Cuna del galleguismo en latinoamerica
Los países latinoamericanos han sido cunas de un galleguismo incipiente que llevaban los migrantes pero que allí encontraron un sitio ideal para su desarrollo. «La emigración vertebra la historia contemporánea de Galicia y de muchas sociedades. Es importante tenerlo presente, ahora mismo nos queda eso, la memoria. Traer a la memoria este pasado y todos estos testimonios. Hasta hace poco aquí en Ares se han derribado viviendas impresionantes, y eso es una pena».
Los centros gallegos son una prueba de ese galleguismo, «el fenómeno migratorio ha existido siempre, no es algo nuevo en el transcurso de la historia. En las relaciones con América, desde que Colón llegó allí, comenzó la migración y luego se ha mantenido con diferentes variedades, oleadas más o menos intensas, como la de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX, que fue la que alumbró un poco todo este pasado indiano».

Una de las viviendas derribadas fue la casa de Agustín Bugallo donde hoy encontramos el actual Ayuntamiento. «Antes era una casa, era espectacular, tenía unos jardines con mucha riqueza botánica. Además, la arquitectura modernista permitía muchos lujos ornamentales».
La emigración indiana no se limitó a levantar mansiones de galerías luminosas y jardines exóticos. «Los indianos trajeron instituciones y servicios: lavaderos, fuentes, la campana y el reloj del concello, o la propia Fiesta del Árbol, que se celebraba en la escuela». El espíritu colectivo se mezcló con la modernidad de un tiempo en el que Ares miraba hacia el mar, pero también hacia un futuro compartido.

La escuela se convirtió en un hervidero cultural. «En sus exámenes se llegó a cantar el himno gallego; pasaron por allí personalidades como Antón Vilar Ponte y maestros vinculados al galleguismo, algunos de ellos expedientados durante el franquismo». La educación no solo enseñaba a leer y escribir, también despertaba conciencia social y cultural.
La conexión con Cuba fue intensa. Muchos aresanos alcanzaron posiciones relevantes en el Centro Gallego de La Habana y uno de ellos fundó el mítico Sloppy Joe’s, el bar frecuentado por estrellas como Clark Gable o Hemingway. «La presencia de Ares en la vida cultural cubana fue mucho mayor de lo que solemos pensar», destaca el investigador, « las relaciones de Ares con la Habana fueron indispensables, muchas familias vivían de lo que les enviaban sus familias desde Cuba».

Hoy, la fiesta del Ares Indiano recupera parte de esa memoria. No es solo una celebración colorida, sino un recordatorio de lo que significó la emigración en la historia contemporánea de Galicia. «Solo esta escuela y lo que representó ya justifican la celebración», afirma el profesor Vilasánchez.
El murmullo de aquella escuela, hoy convertida en edificio público y biblioteca, no ha desaparecido del todo. Resuena en la memoria colectiva de un pueblo que un día aprendió que la fraternidad podía cruzar el océano y regresar convertida en un nuevo futuro.








