ALICIA SEOANE | Jueves 25 de septiembre de 2025 | 12:48
Soledad Lucero, conoce desde niña lo que significa moverse entre fronteras visibles e invisibles. Con raíces gallegas por parte de sus abuelos y madre ecuatoriana, vivió en carne propia esa tensión entre pertenecer y no pertenecer. «Cuando eres pequeño no entiendes de fronteras», recuerda, «pero tus rasgos, tu acento o el lugar en el que creces te hacen sentir que no eres de aquí aunque lo seas».
De esas experiencias de crisis identitaria y de la constatación de que la migración va mucho más allá de cruzar países —«cuando me voy a trabajar a Santiago también migro», explica—, nació en 2015 la decisión de darle forma jurídica a Movilidad Humana, una organización que llevaba ya dos décadas articulando redes de apoyo. «Queríamos hablar de movilidad humana con derechos y deberes, lejos de los estigmas que siempre acompañan a la palabra inmigrante», apunta Soledad, coordinadora técnica y fundadora de la entidad.
Una organización para visibilizar y denunciar
Movilidad Humana surgió como un espacio de denuncia y de incidencia política, impulsado por mujeres y hombres que habían experimentado la migración en primera persona. «Se habla siempre desde nosotras, no con nosotras», subraya Lucero.
Por eso, desde el colectivo insisten en colocar las voces migrantes en el centro, especialmente en un contexto marcado por la ley de extranjería, que obliga a vivir durante años en un limbo de precariedad. «La ley nos hace invisibles. No permite regularizarse, acceder a un trabajo digno o a una vivienda estable. Incluso denunciar una agresión puede convertirse en un riesgo de expulsión si no tienes papeles».
Este vacío legal, explica, genera un sistema que empuja a la explotación laboral y a la vulneración de derechos. «Muchas trabajadoras del hogar viven violencias cotidianas que no pueden denunciar porque están esperando un contrato que les permita regularizarse».
Primer encuentro de mujeres lideresas migrantes
Frente a estas realidades, Movilidad Humana organiza este sábado en Ferrol, con el apoyo de la Fundación Calala, el Primer Encuentro de Mujeres Lideresas Migrantes. La cita será en la sede de Abanca, con un programa que se desarrollará de 11:00 a 14:00 horas y por la tarde de 17:00 a 19:00 horas, en talleres de sanación y reparación comunitaria.
El encuentro reunirá a mujeres migrantes de toda Galicia —procedentes de Vigo, Burela, Santiago o A Coruña— con perfiles diversos: académicas, psicólogas, pedagogas, juezas o promotoras comunitarias. Todas compartirán experiencias y saberes con un objetivo común: tejer redes de apoyo y visibilizar liderazgos invisibilizados por ser mujeres e inmigrantes.
«Queremos hablar de los cuidados», señala Soledad, «porque se nos asocia a ese ámbito, pero no se reconoce la dignidad del trabajo. No es lo mismo ser interna, empleada de hogar, trabajadora de ayuda a domicilio o limpiadora. Las precariedades son parecidas, pero los convenios son distintos. Y todos son trabajos esenciales para sostener la sociedad».
El programa incluirá un homenaje a Teresa, la trabajadora del hogar fallecida en Porriño, y a un joven peruano asesinado en 2023, cuya madre —también lideresa comunitaria— participará en la jornada. A las 14:00 horas, en el Parque de Cantón, se celebrará un minuto de silencio en memoria de todas las víctimas invisibilizadas por no estar empadronadas o por pertenecer a colectivos marginalizados.
Sanación, reparación y resistencia
Más allá de la denuncia, el encuentro busca abrir un espacio de sanación colectiva. Con la participación de Sara, promotora indígena maya k’iché de Guatemala, se pondrá el foco en la resistencia a través de la reparación y la incidencia comunitaria desde el cuidado. «Queremos que nuestra incidencia no salga solo desde la rabia, sino desde la reparación, porque creemos en los procesos colectivos y ancestrales como motor de transformación», concluye Soledad.