EDUARDO ALONSO LOIS | Viernes 31 de octubre de 2025 | 11:10
Las cualidades urbanas de un edificio de viviendas dependen, en primer lugar, del aprovechamiento de la situación en la trama de la ciudad, de cómo es tu barrio; aunque los propios edificios han de enriquecerlas. Estos son los valores esenciales:
La proximidad a los equipamientos básicos. La proximidad, como en la ciudad de los 15 minutos, implica que podamos realizar el máximo de actividades cotidianas en distancias recorribles a pie; que estos trayectos sean activos y útiles, y que en su trazado alberguen numerosas opciones de actividades, evitando trayectos vacíos con la única función de transcurrir. Algunos recorridos imprescindibles son: a las compras diarias, a la educación, al trabajo, a la sanidad, al ocio y deporte y a los equipamientos de barrio.
El transporte público. Es importante la presencia en el entorno inmediato de una buena conexión y accesibilidad con la red de transporte público; interesa lindar con un viario estructural por el que circulen buses locales y de cercanías.
La diversidad funcional. Resulta fundamental la recuperación de usos mixtos, las edificaciones híbridas y la combinación de usos en un área, incluso su convivencia en una misma parcela. Los espacios públicos inclusivos reúnen una mezcla de funciones (jugar, comprar, hacer vida social o cuidar de los demás) y de servicios (la plaza del museo, el patio de la escuela, el jardín del centro de salud, la tienda local o la residencia de personas mayores) que deberían tener una traducción espacial y temporal en la ciudad.
Actividades nuevas e inesperadas. Los espacios públicos deberían abarcar actividades más allá del hecho de transitar y comprar. Una ciudad abierta debería permitir un partido o una exposición en la calle, una reunión de adolescentes, una cena del vecindario o una protesta política, y de este modo permitiría la apropiación del espacio por parte de la ciudadanía.
Los síntomas de exclusión. Pero, por otra parte, en nuestras ciudades debemos evitar situaciones en las que a niños y niñas no se les permita jugar en la calle, bancos que desaparecen por miedo a que los ocupen las personas sintecho, calles diseñadas para transitar y comprar, pero no para estar en ellas, y aceras ocupadas solo por intereses privados (como mesas y sillas para bares o publicidad).