Fotos y texto: Lara de la Iglesia | Jueves 11 junio 2024 | 12:51
Ayer, 10 de julio, se celebró la festividad de San Cristóbal. La pequeña capilla que el santo tiene en Ferrol, a unos 3km del Castillo de San Felipe, acogió la misa, con posterior procesión, de celebración, ambas presididas por el obispo de Mondoñedo-Ferrol, Fernando García Cadiñanos, junto al párroco de Brión y canónigo mindoniense Benito Méndez. Pero más allá de los vecinos de la parroquia y los fieles, hay un grupo que nunca falta en el San Cristóbal ferrolano: los scouts.
Antes de empezar la eucaristía, un grupo de hombres con camisetas negras y pañuelos rojos y blancos se reúnen junto al templo. Colocados en círculo, cada uno de ellos toca su instrumento, rememorando su época en la antigua Banda de Gaitas del Grupo Scout 19, cuando eran chavales que recorrían celebraciones, marchas y campamentos con sus sombreros de fieltro y sus calcetines altos con pantalones cortos, pero sin pasar frío, porque «las piernas no son parte del cuerpo».

Mientras algunos fieles se adentran en la capilla y otros ven la misa desde la puerta por falta de espacio, la banda se desplaza a un lado comentando viejos tiempos, la organización para la procesión y, por supuesto, de qué está hecha la empanada que venden en una mesa junto al cruceiro unos chicos de la Asociación de Vecinos de San Felipe.

La relación del Grupo 19 con la parroquia de San Cristóbal viene ya de largo, aproximadamente desde 1964, según apunta Juan Gil, el socio en activo de más edad. Gil cuenta que se encontraron la capilla de manera fortuita, mientras realizaban una marcha de patrulla a Cabo Prioriño. La edificación les llamó la atención, así que pararon su camino para acercarse al pueblo y preguntar quién les podría abrir el templo.
Consiguieron entrar en la capilla gracias al sacristán de aquel entonces y ya nunca salieron del todo, «nos encantó», asegura Gil. A partir de ese momento, comenzó a forjarse una relación entre el grupo, el sacristán y el resto de vecinos.

El Grupo Scout empezó a celebrar campamentos en la parroquia, una tradición que siguen manteniendo, y se involucraron en la zona, empezando incluso a construir la carretera de acceso a la capilla. «Las primeras piedras las pusimos nosotros», recuerda Gil, «veías a niños de 8 años trabajando».
Pero el estado del templo también era diferente por aquel entonces. «La capilla estaba ruinosa, la reconstruimos con los vecinos», explica Francisco Vázquez Fontenla, Pancho, jefe fundador del grupo ferrolano. Trabajaron sábados y domingos durante dos años hasta que el edificio estuvo de nuevo en buen estado. «Aprendimos a ser carpinteros, albañiles… de todo».

Termina la misa y San Cristóbal sale en procesión, tras él, los antiguos miembros de la Banda de Gaitas y los fieles. Un sacerdote bendice los coches aparcados por las cunetas, puestos donde hubiera sitio y como se pudiera, al paso del patrón de los conductores.
Acabado el trayecto, la imagen vuelve al templo, la gente se va dispersando, volviendo a sus casas, pero aquellos antiguos niños de pantalones cortos vuelven a ponerse en círculo: hay que tocar un poco más.
Va siendo hora de parar, pero antes de irse a comer hay que tomar un guarisnais y charlar un rato más. Para terminar la mañana, se consigue dar respuesta a una duda nacida horas antes: la empanada es de atún.