
RAÚL SALGADO | Ferrol | Lunes 5 septiembre 2022 | 00:25
No es la primera iniciativa vinculada con el legado femenino que acaba en sus manos. La ferrolana Ana Amado, arquitecta y fotógrafa, ultima su particular «Lavadoiro», un proyecto que, sí, ha nacido en un lavadero. Pero no es uno cualquiera, es el de la parroquia de Artes, en Ribeira, epicentro de la comarca de Barbanza. Un remanso de paz entre árboles y con una disposición poco habitual.
Memoria, un retrato de nuestro entorno cotidiano y un guiño sobre las mujeres. Una iniciativa, cuenta, que nace «de la necesidad de visibilizar parte del trabajo doméstico asociado a las mujeres, como el de la limpieza de la colada de la familia». Expresa que los «lavaderos eran lugares donde las mujeres podían acudir a lavar la ropa, pero también un espacio exclusivo de ellos».
Es más, lo considera como «el único equipamiento público exclusivo de la mujer». Ahora apuesta por la «visibilización de un trabajo históricamente ninguneado» en un 2022 en el que se habla de la «vuelta al rural» para poner «freno a esta despoblación tan tremenda». Alude a estudios sobre un declive que podría encontrar remedio.
«En Galicia el mundo rural tiene muchísima presencia en nuestro imaginario colectivo», declara Amado, que hace referencia de forma prioritaria a «mujeres mayores, que son las grandes olvidadas». A lavaderos a los que acudían y que se «situaban también a las afueras de ciudades grandes, como Santiago de Compostela, para lavar por encargo a familias adineradas».
Lavadero de Artes
El de Artes, reconoce, es «espectacular» por sus dimensiones, por su «lámina de agua de más de 30 metros de longitud; con los árboles que lo rodean, casi parece una bóveda, un lugar maravilloso». Se está empapando de conocimientos sobre ellos, también en torno a uno cercano y emplazado «en las rocas de una playa».
La infraestructura en la que todo empezó encierra «una carga de simbolismo y estética muy importante» y fue «muy bien recuperada» por el arquitecto Carlos Seoane, al que atribuye una clara «sensibilidad» en sus trabajos. Pero es que después han llegado a esta idea el cineasta Lois Patiño y el también arquitecto David Chipperfield, afincado en Barbanza.
Ana Amado fue a fotografiar la intervención de Seoane y una sábana abrió la inspiración. En relación a Patiño, uno de los grandes valores del emergente nuevo cine gallego, aclara que si «vamos a crear una escenografía era una pena que aquello se perdiese; la fotografía puede llegar hasta cierto punto, pero el cine llega más allá».
Desde principios de año está investigando y «recogiendo testimonios de mujeres que hayan utilizado lavaderos». También se ha unido la arqueóloga Ana Filgueiras en tareas de asesoramiento. Por lo pronto, desde finales de octubre prevé que se ruede un cortometraje y busca financiación, aunque parte ya se ha obtenido gracias a la Deputación. Las puertas están abiertas a este Lavadoiro con mensaje ciudadano.