
RAÚL SALGADO | Ferrol | Viernes 8 mayo 2020 | 19:3
José Luis Quintía sabe bastante de hostelería. También de terrazas. Años de experiencia a los dos lados de la barra, preparando y sirviendo, en varios locales. Sin ir más lejos, lideró una cafetería del tramo peatonal de la calle María cuyas mesas y sillas exteriores siguen siendo de las más concurridas del casco histórico.
Cambió de aires y se marchó al barrio de Ultramar, uno de los grandes pulmones sociales y económicos de la ciudad de unos cuantos años hacia aquí. El Vintage Café tomó el relevo del Real, un negocio del que se veía lo justo desde fuera. Llegó su nuevo responsable y lo iluminó, le cambió la decoración y logró que pareciese más amplio todavía.
Su extensión a la acera, que acabaría ocupando una porción del vial para hacer más segura y cómoda esa zona, se convirtió en reclamo. Algo para llevarse a la boca, bebida fresca y mucho ruido, el mismo que ahora se ha desvanecido. En realidad, hace prácticamente dos meses, que pesan como una losa.
Él no se reincorporará este próximo lunes aunque cuaje la fase 1 en Ferrolterra, esperará a la 2, cuya teórica entrada en vigor sería 15 días después. Es decir, fija como meta el lunes 25 de mayo. No será el único. El primer salto en la desescalada limitará la actividad hostelera a las terrazas y será con un 50 % de su aforo.
Después se prevé la puesta a disposición paulatina del interior de los establecimientos y las semanas previas se antojan vitales para que no pille el toro. «Estoy esperando a que salga el BOE para ver cuál es la distancia con la que vamos a tener que separar las mesas y las medidas higiénicas», apunta Quintía.

Por lo pronto, las interiores ya las tiene «separadas todas a metro y medio». Si finalmente el Boletín Oficial del Estado exigiese que la distancia fuese de dos metros, «tendremos que suprimir una más». Todo calculado: «Tenemos la suerte de tener un local amplio; perdemos cuatro, nos quedaríamos con 9 o 10, no habría mayor problema».
El dilema descansa también sobre la terraza, donde pasa «de 6 a 3». ¿Cuál es la estrategia? «Convertimos dos pequeñas en una grande con capacidad para 10 personas para que no haya problema», señala desde su local de Ultramar. Será esta próxima semana cuando «nos llega el material que compramos» y esa remesa será de lo más variopinta.
En el lote caben «felpudos para desinfectar los zapatos, gel, guantes o mascarillas». Además, «cada vez que alguien vaya al baño habrá que desinfectar bien», al igual que cada mesa cuando «se levante un cliente y antes de que se siente el siguiente». Tocará estar pendiente de todo.
Mientras esa añorada normalidad regresa, la podremos esperar incluso «en las ventanas; de pie, apoyando las consumiciones sin molestar en la acera». Que sea pronto. No parece fácil: Emilio Vázquez, con 12 trabajadores en el emblemático Avenida, aventura que un 5 % de la hostelería ferrolana podría quedarse por el camino.
Aunque algunos se lanzarán a abrir desde el lunes, prevé que esperen la mayoría. «No ven suficientes dos o tres mesas para esos gastos; la gente no va a salir loca a tomar cafés y cañas», augura el presidente de la asociación comarcal de hosteleros. Ve posibilidad de más problemas para los pequeños y avanza que en casos de cierta «edad ya no les vale la pena abrir».