JOSÉ BARCIA TUCCELLI | Motivación para el cambio| Martes 14 febrero 2017 | 11:26
Vivimos en una sociedad que busca modelos, personas que a través de sus comportamientos porten aquellas actitudes que nos gustaría que definieran nuestra realidad, nuestros entornos, que sirvieran para llamar la atención de nuestros niños siendo semilla de un futuro alentador. Estos modelos los vamos a recoger de aquellas personas que obtienen visibilidad, a las que se les ha otorgado visibilidad, normalmente desde los medios de comunicación.
Así, en nuestra sociedad, los deportistas tienen un papel destacado en este sentido, también otros personajes como actores o personas cuya procedencia social les otorgue un estatus que a algunas personas les pueda interesar saber más acerca de cómo viven. Así, es nuestro mundo, pero podría ser diferente.
Aunque nos parezca extraño, este papel lo pueden ocupar por ejemplo los docentes. En algunas sociedades son ellos los que reciben grandes salarios, los premios y los que copan la publicidad en vallas o en autobuses. Nosotros tenemos a muchos deportistas que entran a diario en nuestras casas y en nuestras vidas a través de las televisiones, de los periódicos, de los comentarios en las redes sociales o en las tertulias en nuestros bares y cafeterías.
Tanto es así, que hasta personas que no tienen ningún gusto por el deporte de alto rendimiento ni por la competición, no solamente conocen a estos personajes sino que opinan sobre ellos. Nos sirve como ejemplo el comentario de que “con lo que cobran no deberían de perder nunca”.
¿Quién recibe este poder de ser el reflejo de lo que deseamos para nosotros mismo y para nuestros hijos?. La respuesta debería de ser que lo deberían de recibir las personas que se comportan de la manera que consideramos más deseable.
En nuestra sociedad son las personas que tienen más éxito, aquellos que copan portadas, aquellos que generan noticia; y con ello lo que estamos señalando es que lo deseable, lo importante, a lo que tenemos que aspirar es a lograr éxito, y el éxito se relaciona con el dinero, con mantenerse presente en los medios de comunicación, en que todos hablen de nosotros, no en el mérito o en la importancia de lo que hacemos, del valor de nuestra aportación.
Y así, nuestros niños quieren ser cantantes, futbolistas, youtubers, comportarse de manera extraña o peculiar o ser simplemente famosos. Proliferan los programas de televisión en los que aparecen cantantes de todas las edades, bailarines o que buscan cualquier tipo de talento. Se prima mucho más el “don” natural que el trabajo para conseguir los objetivos, y da igual la forma a través de la cual hayamos obtenido relevancia, lo importante es ser “tendencia”, es que hablen de nosotros.
Y ahí tenemos a nuestros niños en las playas repitiendo gritos y celebraciones de algunos jugadores de fútbol, que lo que reflejan es precisamente esto que venimos diciendo, y luego tendremos que lamentarnos de aquellos casos en los que estas personas a las que hemos otorgado el poder de entrar en nuestras casas, de modificar nuestra realidad se comporten de manera incorrecta.
Pero en el deporte también podemos encontrar buenos modelos de comportamiento que podamos aprovechar para educar a personas sanas y capaces para enfrentar los problemas que se va a encontrar seguro en su vida, un buen ejemplo, lo que hemos visto en estos días en la final del Grand Slam del Open de Australia entre dos de los mejores deportistas de todos los tiempos, Roger Federer y Rafa Nadal. Uno el mejor de todos los tiempos, el otro un poco mejor aún, según decía Martina Navratilova, otro referente del deporte a nivel mundial.
¿Y qué podemos aprender de ellos si no nos interesa ni el tenis ni el deporte? Lo primero, recordemos lo que dijeron los titulares de prensa. Se expresó de manera recurrente antes de la final que Rafa Nadal había recuperado la confianza. ¿Qué significa realmente esto?. La confianza no tiene que ver con acertar siempre, sino con perder el miedo a cometer errores.
Un deportista sabe que va a fallar, y que lo va a hacer muchas veces, la cuestión es que debe de sobreponerse e intentar seguir intentando conseguir su objetivo. En la vida nos educan de una manera en la que tememos fallar, se castiga el error y por ese camino el niño empieza a no atreverse a probar.
Cuando cree que se puede equivocar, el miedo lo lleva a no actuar, y si actúa lo va a hacer sin seguridad. La confianza la podemos trabajar a través del deporte, y podremos encontrar buenos modelos también en él.
Otro gran titular muy repetido es que ambos contendientes supieron ganar y perder, supieron estar, algo realmente difícil; la mejor forma de enseñarlo es en y a través de la práctica, el deporte de nuevo puede ayudar.
Los grandes campeones como Rafa Nadal o Roger Federer saben centrarse en cada instante del juego, en cada momento, en cada punto, sin quedarse enganchados en lo que ha pasado, en el último error en un punto decisivo, ni dejarse llevar demasiado por la ansiedad de lo que pueda pasar, incluso se habla del peso de la posible victoria. Si somos capaces de enseñar a nuestros niños el valor de centrarse en su momento presente y los ayudamos a que lo consigan estaremos educando adultos más sanos.
Por último, otro gran aprendizaje que podemos aprovechar es que ambos campeones han pasado por graves problemas físicos que les ha hecho alejarse durante un tiempo de los primeros puestos, de las finales de los grandes campeonatos.
Podrían haberse rendido, haber abandonado, evidentemente han conseguido mucho más en su vida deportiva de lo que pudieron siquiera soñar cuando comenzaron a jugar, y seguro que a nadie le sorprende si digo que no parece que fueran a tener problemas económicos si dejan su actual trabajo; sin embargo han seguido probando cambios, y ahora empiezan a recoger su cosecha.
En la vida vamos a tener fracasos, y podemos quedarnos anclados en ellos, podemos evitar el desgaste del error, podemos esperar a que las circunstancias cambien o podemos decidir actuar y probar cambios.
En resumen, quizás sería bueno que aprendamos a no centrarnos tanto en el éxito porque es el resultado. De esta forma, el que gana es el enfoque del marketing, del mercado, no el educativo. Si queremos encontrar un camino de construcción del cambio sería mucho mejor si dirigimos la atención hacia los comportamientos, hacia cómo transcurre el proceso, el camino hacia el objetivo.
El camino está repleto de aprendizajes potenciales, solamente tenemos que saber hacia dónde mirar, ampliar nuestra perspectiva, poner el foco en aquel cambio que deseamos ver y del que queremos formar parte.
José Barcia Tuccelli es licenciado en Educación Física y en Psicología y tiene una amplia experiencia en el campo del ejercicio físico, la salud y el deporte de rendimiento. Para más información podéis visitar su página de Facebook.