
RAÚL SALGADO | @raulsalgado | Ferrol | Jueves 17 marzo 2016 | 14:02
La hora de teórico inicio para cada entrenamiento, las diez y media de la mañana. Superado el ritual diario en el vestuario, la primera plantilla del Racing asoma al campo principal de A Malata. Es jueves, toca partidillo. Poco después de ese instante fijado para el arranque del trabajo, ya resuenan los gritos de Fran Beade desde el exterior del estadio.
Una vez dentro, con un sol que se deja tapar por las nubes de forma ocasional, se confirman las sensaciones. El equipo quiere apelar a la agresividad en su menú ante el Guijuelo para debutar en primavera. No se consiente perdonar ni una ocasión, no definir con brillantez. Erradicar fantasmas de anteriores citas es el único objetivo, pero parece al alcance de la mano con tanta pólvora.
Propone Miguel Ángel Tena «dos líneas de cuatro» en el ejercicio y se deslizan primeras pistas para el domingo. A Diego Vela y Héber Pena les pide que actúen «como balas». «Extremos, a correr», espeta un técnico que lucirá enérgico durante todo el evento, casi dos horas, que presencia, marca de la casa, desde el tapete o sentado en Preferencia.

Parece que los jugadores responden a sus requerimientos: «Eso es lo que quiero». Y añade otra de sus consignas: «Encaro, divido y voy». También hay réplica adecuada: «Bien acabado». Forman sus peones defensivos, caso de José Manuel Catalá y Aitor Pascual en uno de los bandos. Cuando el sistema se desabrocha, pide agitación desde la banda con celeridad.
Es entonces cuando Joselu gana más velocidad todavía. Entre buenas impresiones, el preparador no descuida los errores en Burgos: «Cuatro clarísimas y no tiramos». Desea un once «agresivo» y lo deja meridianamente claro. Genera Iván Forte, Román Golobart ejerce como eje en uno de los equipos y varios conectan de notable con un ágil Pablo Rey.
Destaca el papel de Borja Domínguez y, especialmente, de Márquez, aparentemente llamado a bastante ante los chacineros, pero hay tiempo para sorpresas. Hacia Fondo Sur, el sostén de la zaga lo atan Iván González, Víctor, Catalá y Maceira. Afloran los disparos de Héber Pena con sobrada potencia; Nano Macedo y Diego Vela, a la búsqueda de parcelas no exploradas.

Cuando el sanluqueño Márquez anota, se refuerza la sala de máquinas. Jon Ander Garrido, Diego Peláez o Rubén Díaz lucen revueltos en el medio, con Joselu retrasado para sorprender. El capitán enlaza con Kike Márquez, el de Palmeira está cada vez más posicionado y Vela, que parece al margen, acaba regresando.
Llega la primera incidencia: Borja Domínguez acude a la caseta. Molestias. Charla con Asís Garrido, el fisioterapeuta; se acerca Fran Beade, el preparador físico, e irrumpirá Carlos Brage, jefe de los servicios médicos, cuando culmina el entrenamiento. El vigués regresa al vestuario. Habrá un segundo susto luego y correrá a cargo de Diego Peláez.
Tras un choque, también pide ayuda, Beade le respalda para los estiramientos finales y amaga con marearse una vez sentado. Anécdotas en un entrenamiento de probaturas, con Golobart y Nano Macedo en el centro o la buena noticia de Sergio Cabanelas sacando el balón desde la portería. Un día más, al son de las cornetas de la Semana Santa que llega.

Antes de su abandono, Peláez supo aprovechar despistes para hacer un guiño al ataque bonito, al igual que Héber Pena, detalles entre compañeros, saluda las evoluciones de Aitor Pascual. Márquez grita y Vázquez demuestra jerarquía al aplaudir la basculación de Iván Forte. Ian Mackay, atento a cada balón. El viernes, más.