
RAÚL SALGADO | Ferrol | Domingo 17 abril 2016 | 00:25
IAN MACKAY: 6 / No es que el Compostela tuviese muchas ocasiones. La que tuvo la convirtió en gol y fue más por error de la defensa que por falta de reflejos del portero. Ian Mackay ofreció la buena actuación que se le conoce y evitó algunos intentos ofensivos aislados del rival.
IVÁN GONZÁLEZ: 5 / Se le vio mucho menos que en semanas anteriores. Sin embargo, se esforzó por volcarse al ataque en la recta final del partido, pero la estrategia del once parecía ser más bien la de un pollo sin cabeza, sin criterio. Correcto en términos generales.
DIEGO MACEIRA: 5 / Pese a no lucir un juego agresivo, mereció dos tarjetas y la consiguiente expulsión. No es que la actuación del árbitro fuese precisamente meritoria, más bien al contrario. En un contexto de deriva, ofreció destellos sobresalientes en ataque tanto al inicio como en los últimos minutos y desplegó capacidad física.

VÍCTOR VÁZQUEZ: 5 / El eje de la defensa no tuvo su mejor tarde. La jugada del gol compostelano, lo destacó el propio entrenador, no merece disculpa. Se preveía que un equipo desesperado podía golpear cuando menos se esperase y así fue. Las constantes consignas del técnico no sirvieron y Vázquez acabó en el banquillo.
ROMÁN GOLOBART: 5 / Golobart puso todo de su parte, pero en la zaga recae buena parte de la responsabilidad por la derrota. El tanto rival encontró continuación en otras acciones, que obligaron al Racing a replegarse ante un conjunto en zona de descenso. Pasó apuros que solventó con más oficio y superioridad física que brillo.
IVÁN FORTE: 5 / Forte, capitán en ausencia de Pablo Rey al inicio, asumió de nuevo la responsabilidad de uno de los veteranos del plantel. Sufrió, como todos, pero entregó todo su fútbol y se encargó de achicar las vías de agua, no muy abundantes pero bastante evidentes, de un once que naufragó.

HÉBER PENA: 6 / Tardó en encontrar su hueco, pero lo consiguió. Del derroche del arranque pasó a mayor templanza, pero manteniendo su mismo ímpetu con el balón y a la carrera. Tena arengó de forma reiterada al naronés en los primeros minutos. La falta de conexiones adecuadas lastró su papel.
BORJA DOMÍNGUEZ: 6 / No era tarde para florituras, pero Borja Domínguez acertó al querer persistir en el buen juego. Creía que era factible combinar brillo con efectividad ante tantos inconvenientes y su concurso fue más que relevante, como de costumbre, para intentar salir adelante.
JOSELU: 5 / Aparentemente desenfocado, el de Palmeira repitió rol secundario. Pocos balones a su disposición y una contienda gris que le obligó a ponerse mono de trabajo. Las embestidas compostelanistas le situaron en un grupo abocado a la contención y a repeler en lugar de a poder crear.

DIEGO PELÁEZ: 6 / Tarde de barro y entrega y Peláez se resistió a la fealdad. De sus primeras jugadas, mucho más creativas, desembocó en una propuesta mucho más útil al mono de trabajo que lucía el equipo. Se reivindicó con un importante desgaste físico, destacable por ser una de las obsesiones del rival.
DIEGO VELA: 5 / Una lesión le apartó prematuramente del terreno de juego. Hasta su salida, Diego Vela tomó parte en un once que no se había adaptado todavía a las exigencias de la cita lluviosa y dura. No dispuso del tiempo preciso para reeditar en plenitud de condiciones su vital labor de semanas anteriores.
KIKE MÁRQUEZ: 5 / Entró por el lesionado Diego Vela y quiso emular la practicidad hacia la que transitaban algunos de sus compañeros. Coqueteó de primeras con el juego bonito que le gusta, pero acabó siendo secundario por dedicarse más a la entrega física que a la creación de acciones definidas al ataque.

PABLO REY: 6 / Aire fresco. En su retorno al campo, se notó la entrada de Pablo Rey. El capitán inyectó moral y dirigió un asedio inútil contra el Compostela. Su conocida maestría en las acciones a balón parado no encontró el acierto esperado, pero marcó un antes y un después.
JON ANDER GARRIDO: 5 / Ocupó el puesto de Víctor Vázquez en un intento por abrir el sistema e imprimir mayor peligro a la escuadra naval. Su aparición no permitió el ansiado cambio y acabó diluyéndose en una apuesta eternamente enfrentada a un muro hambriento.