«Estamos contigo y con tus chavales»

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Ian Mackay se lamenta por la derrota (foto: Mero Barral / 13fotos para Ferrol360)
Ian Mackay se lamenta por la derrota (foto: Mero Barral / 13fotos para Ferrol360)

ÁLVARO ALONSO | @alvaroalonsof | Ferrol | Domingo 29 mayo 2016 | 23:08

Los entrenadores de fútbol actúan como personas normales dentro de una cafetería. No le dicen al dueño que ponga a los once mejores en la barra, ni aprietan al camarero para que distribuya rápido los cafés por izquierda y por la derecha del local. Tampoco aplican el cholismo para cenar pincho a pincho o buscan el mejor esquema para situarse lo más cerca posible del televisor.

Miguel Ángel Tena tiene su cafetería para cuando no es míster del Racing de Ferrol. Está en el barrio de San Xoán, a apenas cincuenta pasos de su casa. Allí, como usted y como yo, trata de desconectar y, supongo, hablar lo menos posible de fútbol. Que para eso ya llegan los entrenamientos, los partidos, las entrevistas y las ruedas de prensa, como mínimo.

En la cafetería de Tena, hasta hace unas horas, una fotografía restaba protagonismo a los rótulos y a los clientes. Allí estaba, impertérrita ante el paso de los viandantes. Impresa en color y con cuatro tiras de cinta adhesiva, una en cada esquina.

Imagen de Borja Domínguez tras el partido (foto: Mero Barral / 13fotos para Ferrol360)
Imagen de Borja Domínguez tras el partido (foto: Mero Barral / 13fotos para Ferrol360)

Como si el adulto que la puso en la cristalera del local se hubiese convertido, por un instante, en ese niño que coloca por primera vez un póster de su ídolo en la pared de su habitación. Este póster en miniatura se trataba de una foto de Tena en el momento más difícil de la temporada. Entre sus brazos, Borja Domínguez se secaba las lágrimas de la catástrofe de Astorga.

Y en la parte inferior, un mensaje: «Estamos contigo y con tus chavales». Ese sentimiento, el de la pequeña cafetería de Tena, se hizo este domingo extensible a todo Ferrol. Con la no-victoria en tierras leonesas asumida, la ciudad despertó verde, confiada de que el cero a cero en el Ramón de Carranza bastaba para seguir adelante.

Por la mente de los jugadores, ni un solo pensamiento negativo. Ganar, ganar y, sobre todo, volver a ganar, que diría Aragonés. Era el único resultado posible y por ello los Diablos Verdes, incansables, vistieron de gala el Fondo Sur. «Abran paso», escribieron, con una calavera entre los dos palabras.

Pablo Rey es consolado por la afición (foto: Mero Barral / 13fotos para Ferrol360)
Pablo Rey es consolado por la afición (foto: Mero Barral / 13fotos para Ferrol360)

Gente del norte, aguerrida, debieron pensar los gaditanos. Dos centenares de andaluces que, en el costado contrario, se mostraron sentimentales: «Amor eterno» (al Cádiz, por supuesto). Antes, por las calles del centro de Ferrol, afición verde y amarilla cantaron, bailaron y comieron, sin la necesidad de que el tercer color del semáforo apareciese de por medio.

De la misma manera se comportaron ambas hinchadas en A Malata, a rebosar con 9.000 voces en total. Todas, con ganas de fútbol, sobre todo después de no haberlo podido ver en la final de Champions. Sin la necesidad de Alicia Keys o Andrea Bocelli, el fútbol de provincias, que diría mi compañero Raúl Salgado, volvió a triunfar.

No faltaron ¡huys!, protestas y silencios, como los de los dos goles contrarios. Cayeron como piedras, y ni Joselu lo pudo arreglar. El ferrolano Andrés Suárez dice, en Luz de Pregonda, que cambiaría «el aplauso por un fin de semana en Cádiz». Seguramente, cualquier aficionado naval hubiese cambiado su aplauso por un gol frente al Cádiz.

El sufrimiento de la afición marcó la tarde en A Malata (foto: Mero Barral / 13fotos para Ferrol360)
El sufrimiento de la afición marcó la tarde en A Malata (foto: Mero Barral / 13fotos para Ferrol360)

Pero no pudo ser, porque el fútbol es así, como a medianoche repetían los atléticos. Cumplidos los noventa minutos, Tena cogió las riendas, como si aún estuviese en la zaga, y se puso a levantar las cabezas a los suyos. Tarea imposible.

Después de dejarse el alma y aún cuando había pasado una hora, ya atendiendo a los medios, los ojos de los jugadores seguían acristalados, y sus miradas, perdidas en el horizonte. Mientras hablaban, no pasaba solo la derrota por sus cabezas. Ya sabían que el míster dejaba el equipo, y que lo estaba diciendo en la rueda de prensa.

En su caso, ya sin poder contener las lágrimas. Porque la decisión no puede ser más dura y porque el ascenso volvió a escurrirse entre sus manos. Al volver de A Malata pasé por delante de la cafetería de Tena. Para mi sorpresa, la foto ya no estaba. No sé si habrá acabado en la papelera o guardada en una carpeta. Pero lo que sí, os puedo asegurar que el mensaje sigue asomando por el cristal: Ferrol está con Tena y con sus chavales.

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