RAÚL SALGADO | @raulsalgado | Ferrol | Miércoles 23 septiembre 2015 | 13:29
Un golpe, en palabras del propio jugador un pisotón, ha apartado este miércoles a Marcos Álvarez del entrenamiento del Racing de Ferrol en el campo anexo al estadio de A Malata. El futbolista de Ortigueira abandonaba la sesión rumbo al vestuario, quejándose de molestias en un talón.
Aunque el entrenador ha afirmado al término del ejercicio que el incidente parece no revestir gravedad, Miguel Ángel Tena prefiere esperar al dictamen del jefe de los servicios médicos del club, Carlos Brage, para confirmar su concurso en el derbi del sábado ante el Pontevedra. Bajo una fina lluvia y con la niebla en el monte de Chamorro ha trabajado el primer plantel.
«Eso es, intensidad», aplaudía el preparador, que al término de la cita tenía clara su felicitación a la plantilla: «Muy bien trabajado todo, muy buen entrenamiento». Algo más de 90 minutos a tres días del duelo de rivalidad a las órdenes de Tena con media docena de canteranos y miembros del Galicia de Mugardos entre los participantes.

Héber Pena permanece al margen por sus molestias de pubis, que podrían privarle de jugar el sábado, como ya vaticinó el de Narón la pasada semana. Tena, también en este caso, opta por la prudencia, aunque su ausencia parece más que previsible. A tres porterías ha trabajado el grupo, que ha reforzado sus acciones defensivas tras el buen papel en esta línea el domingo en Gijón.
El césped del anexo sigue lejos de lucir su mejor estado, algo de lo que se han quejado los verdes durante el entrenamiento ante la imposibilidad de completar las jugadas deseadas por su parte. Sin perder el afán de dominio desde el centro del campo, el técnico ha incorporado en sucesivas embestidas a los atacantes.
Eran los «amarillos», con Joselu, Iván Forte, Pablo Rey, Víctor Vázquez o Diego Vela en sus filas. Dividía así Tena la tarea, siendo más tarde los miembros de la defensa los que experimentaban sobre el tapete. Más «presión» y potenciación de la retaguardia figuran en el cuaderno del levantino, que aporta un particular agobio a sus pupilos.
Entre sus exigencias, que son cada vez más y para todos, y la situación del campo, algunos de ellos lucían cara de estrés. Las piezas, en todo caso, se han movido de acuerdo a lo esperado sobre el tablero. Borja Domínguez se consolida como el gran organizador y recarga su fuerza, sin descuidar la faena de Román Golobart o Diego Peláez.