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Bienvenidos a Ferrol

RAÚL SALGADO | @raulsalgado | Ferrol | Martes 15 abril 2014 | 16:24

Apaga el móvil. Olvida los problemas. Céntrate en lo mejor de lo tuyo y en los tuyos. Días de descanso como pocos hay en el año. Abre la ventana desde la que divisamos la ría, otea desde la vidriera del Parador el aguijón de las grúas y la blanca palidez del Arsenal. Remontamos el trazado rectangular de A Magdalena, estás otra vez en casa.

¿De qué hablo (cuando hablo de Ferrol)? De dejar atrás Ferrol Vello y pegotear el calor del atardecer en las galerías de los edificios que miran a Capitanía, acariciar la brisa a la sombra de tu sonrisa bajo los árboles de Herrera. A ti también te gusta apretar las horas en la Super 8, que fue Pardiez; Ferrol es chocar con los adolescentes que se agolpan en la puerta de la panadería de Amboage.

Ver que sus esquinas con Arce son ahora peluquería de diseño cool y nido de emprendedores. Las colillas pasajeras en el porche del café que da nombre a la plaza, el espejo de la farmacia y la frondosa vegetación de su floristería ocupando la acera. El blanco rupturista del Bla Bla prescinde de terraza cubierta y caliente en Semana Santa, al tiempo que el rótulo de Calzados Ricardo se lleva todos los selfies procesionales.

Pasear por la calle Real supone cotillear fotos personales y paisajísticas del ayer lejano y del hoy candente en Bernardino González, encestar por obra y gracia de Andrés y ver cómo el calzado de mejor calidad se vende en la milla de oro. Ha salido el primer rayo de sol y nos hemos acordado todos de los helados de Ramos, ha surgido la primera crisis doméstica y el chino salva la debacle.

Echo de menos a Couto junto a las fotos de carné de Josbe, tendrías que haber visto todo lo que vendían en Blue y Loti. La cantidad de pasta que me pude dejar en rebajas de Bruno y Levi´s, las tartas que me habrían felicitado más cumpleaños si fuesen de La Suiza. Ahora, entre el colapso de gente guapa y madrileña que añora ser ferrolana, lucimos gafas de sol y barbas de época moderna.

Abrimos escotes sin clemencia, miramos para ser mirados y ponemos para que sea el mínimo detalle el que desate pensamientos. Afloran las primeras gotas de sudor ante el mismísimo Marqués, las dos caras de la ciudad que gasta cámaras de fotos para retratar a capuchones y comparte terraza al aire libre. Calor en abril, país de locos.

Supongo que el Casino no llegará a ser capaz de encender por completo el alumbrado, que Acevedo te seguirá gustando por tanto preciosismo y que solo aquí sabré qué tienda de ropa se ajusta a tu selecto gusto. La cruz de Punín, la cristalera de Tramas y lo que antes fue Pepe Jeans, ponle nombre.

Goma 2, que tanta gracia te hizo el nombre cuando desembarcaste; resiste Benetton frente al Leder que guió nuestra adolescencia prematura. Gascón exhibe montañas de dulce y Amancio Ortega acumula bajos y edificios señeros sin darles uso.

Pasen y vean, esto es Ferrol
Pasen y vean, esto es Ferrol

Algo malo tenía que guardar el de Zara. Primera copa en el Derby, juegos a escondidas en el Tivoli, la Escuela de Idiomas que inauguró Fraga entre protestas.

Las Galerías Ferrol que se quedaron en sueño furtivo, una cerveza en la mano en el balcón de Casa Rivera. Celebrando lo que hemos hecho, abriendo la puerta a lo que llegó. El olor del Cantegril, el aroma del María 51 y las primeras carcajadas una noche de verano en la calle Magdalena.

Retirarte los tacones y pisar adoquín al regreso, cuando más nos buscamos. No hay bache que nos detenga, diría que ni existen cuando el sol nunca se va a dormir. Ya no eres forastera, pero si llegases esta Semana Santa repetiría aquel plan.

Te volvería a llevar a Santa Comba, a mecer la arena de Doniños y a dejar que mirases inquieta la ría desde San Felipe. Coche, carretera arriba. Durante el trayecto encontraríamos mejores vistas que en el más privilegiado de los miradores.

No nos perderíamos la puesta del sol, abrirías los ojos en Curuxeiras y la fuerza del mar te seduciría. Vamos, lo que los de la diáspora hacen estos días cuando el hogar llama de nuevo.

Y robar puesto VIP para ver las procesiones, seas o no creyente. No queda otra. En el reloj de Armas centramos las pretensiones, en sus bancos nos ocultamos de lo demás y de los demás. Hay vida más allá del Palacio Municipal, de ahí hacia la plaza de España nos damos la mano ante lo que venga.

Remontamos el camino sin más asuntos en la cabeza. A ti te lo tenía que contar, si de alguien estoy enamorado es de ella. Somos del lugar que nos acoge, claro, pero acabamos volviendo. Sigue entregándote, todo por descubrir. Quizá no sea necesario salir para encontrar la felicidad.