El Racing Club de Ferrol cerró su temporada en A Malata con un nuevo ejercicio de apatía futbolística y un empate sin goles frente a CA Osasuna Promesas que volvió a dejar al descubierto muchos de los problemas que han acompañado al conjunto verde durante todo el curso.
Sin intensidad, sin continuidad en el juego y con desconexiones impropias de un equipo que pretendía competir con ambición, el Racing ofreció otra actuación plana ante un rival que sí tenía mucho en juego. Osasuna Promesas, inmerso en la pelea por mantener la categoría, mostró desde el inicio mayor tensión competitiva y más hambre sobre el césped de A Malata.
La primera parte del conjunto departamental fue prácticamente innocua. Los de Ferrol apenas inquietaron la portería visitante y cedieron durante muchos minutos el control del partido a un filial navarro más dinámico y con las ideas mucho más claras. El Racing movía el balón sin profundidad, sin ritmo y sin capacidad para generar peligro, mientras los visitantes encontraban espacios y manejaban el encuentro con relativa comodidad.
La mejor ocasión del partido llegó en el minuto 27 y volvió a tener como origen uno de los males recurrentes de esta temporada: la falta de concentración defensiva. Edgar Pujol cometió un penalti evitable tras confiarse en una acción aparentemente controlada y golpear a un atacante rojillo al que no vio llegar. Un error más de una zaga que ha penalizado demasiados puntos durante el curso.
El Racing evitó el castigo gracias al larguero. El lanzamiento de Osasuna Promesas se estrelló contra la madera en la que fue la oportunidad más clara de todo el encuentro y mantuvo el 0-0 en el marcador pese a la pobre imagen ofrecida por los locales.
La segunda mitad apenas cambió el guion. Osasuna Promesas mantuvo un punto más de intensidad y ambición, mientras el Racing parecía dejar pasar los minutos sin capacidad ni intención de alterar el rumbo del partido. Los ferrolanos continuaron espesos en ataque, sin apenas llegadas claras y transmitiendo una preocupante sensación de resignación ante una afición cada vez más desencantada.
El pitido final dejó una despedida fría de A Malata, marcada por los silbidos de buena parte de la grada hacia un equipo que nunca logró engancharse a la temporada ni ofrecer regularidad competitiva. El Racing cerrará ahora el curso en Salamanca antes de afrontar un verano que se presenta decisivo para reconstruir el proyecto deportivo.
En Ferrol nadie esconde ya la necesidad de cambios profundos. La sensación general es que el próximo proyecto deberá arrancar con muchas caras nuevas y con la obligación de recuperar la identidad competitiva que el equipo perdió hace tiempo.
