
RAÚL SALGADO / MERO BARRAL | Ferrol | Viernes 11 diciembre 2020 | 21:45
Cristina Cotovad tiene motivos para recibirnos con una sonrisa. Con vistas de privilegio a la Pescadería de Rodolfo Ucha, la vivienda que abre sus puertas para este reportaje ejemplifica el poder de la rehabilitación para renovar el aire de una ciudad sin perder sus esencias. De una casa en mal estado a un logro que redunda en beneficio colectivo.
Suelo deteriorado, mobiliario inhabilitado para su uso o paredes desnudas eran los elementos que dominaban la escena cuando irrumpieron los artífices del milagro. The Warehouse Arquitectos tomó las riendas y puso en marcha un proyecto que hiciese renacer un espacio de apenas 51 metros cuadrados.

El inmueble, que data del siglo XIX, figuraba en un nivel 3 en el plan especial de A Magdalena; es decir, catalogado como «característico de conxunto». La prueba, en definitiva, de que es «posible intervenir en edificios de estas características», nos cuenta la arquitecta Carmen Pérez Parapar.
Bastó un año para que la obra, cuya autoría recayó en la propia Pérez Parapar y Ramón Montero, estuviese finalizada. La profesional del estudio ferrolano sostiene que el «futuro pasa por volver a ciudades compactas» que propicien una «vida de barrio, cómoda», y valora que la «pandemia ha abierto los ojos» a muchos.

Una nueva realidad que se ha palpado en casas en las que hemos pasado «muchas horas» a causa del confinamiento cuando antes las prisas limitaban la estancia a comer, dormir y poco más. «Hemos visto sus carencias», reseña, para estimar que las «viviendas adaptables» están ahora en el centro de atención.
Eso sí, asegura que también toca replantearse la «escala urbana» para apostar de forma decidida por «espacios públicos de calidad». Un dato, Ferrol es «de las ciudades de Galicia que más rehabilita». Hay promotores interesados en «comprar un edificio completo», pero recuperar un barrio es un «proceso lento».

Con casi dos décadas de trayectoria a su espalda, la Oficina de Rehabilitación ha ejercido de palanca para esa revolución por capítulos. Carmen Pérez Parapar valora que el «barrio ha pegado un cambio» no solo en la revitalización de viviendas, sino también en cuanto a la «recuperación de espacio público».
En el ambiente, la idea de «volver a nuestra infancia, cuando jugábamos en las calles», en un entorno agradable. Con una asignatura pendiente, que el comercio vuelva a anidar en A Magdalena. Para la arquitectura, hay cimientos de optimismo: «Hay gente joven que se está interesando por volver al casco histórico; valora esa exclusividad, hacer todo a tu gusto».

La tinta del calamar se ha extendido a otras áreas de la ciudad, como un Canido «ejemplo de cambio brutal en un período relativamente corto», incide Pérez Parapar. En la villa de A Graña, mientras, se ha apostado de forma «constante» por esta táctica y «tiene tirón» al abrigo de las Áreas de Rehabilitación Integral.
Aunque un «poco más atrás», prevé que también «llegará» el momento de Esteiro. Sin embargo, todos giran el foco hacia Ferrol Vello por el creciente deterioro en las últimas décadas. Ese declive se ha plasmado en abandono de parcelas, pero el empuje de la hostelería en la calle San Francisco, la Praza Vella o la fachada portuaria parece primera ola de su renacimiento.

Carmen Pérez Parapar señala el papel que puede jugar el plan Rexurbe no solo para erigir edificios de nuevo; también, tan o más importante, para «recuperar el tejido económico y social». «Con rehabilitar no llega, es también un tema demográfico y de problemas socioeconómicos», remacha la arquitecta.
Aunque tardará en florecer el impacto de las actuaciones a ejecutar, avanza que se «empieza a ver movimiento». Además, cita el efecto de las anunciadas intervenciones en las calles Carme Curuxeiras y Espartero, que va «atrayendo» por cómo quedará el entorno. En todo caso, hay dos estampas muy diferentes entre el Paseo da Mariña y el interior del barrio.

Para evitar esa percepción de «muro» invisible, Pérez Parapar apela a la necesidad de «esponjar usos» y facilitar que, como setas, vayan saliendo un supermercado, una tienda… lo que ahora no hay y el movimiento vecinal se cansó de pedir. Por demandar, hasta un simple cajero automático. Faltan servicios, pero puede que se tengan «viviendas de sobra».
Por ello, plantea «esponjar las tramas» y lograr que haya «más espacios». Como esos negocios, la forma de que también surjan «una placita, una canasta». Los lugares, en resumen, que posibiliten que la vida vuelva al origen de la ciudad y que la propia urbe enfile con garantías un futuro distinto.
(Fotos: Mero Barral© – 2020. TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS.)