
RAÚL SALGADO / MERO BARRAL | Ferrol | Domingo 14 enero 2018 | 21:20
El fútbol no se rige estrictamente por números. Pesan, pero se trata de algo inexacto. Sometido al azar y, sobre todo, a las sensaciones. A la piel. Y el Racing ha contagiado este domingo un optimismo generalizado que, en realidad, no pasa de una primera piedra. Pero permitamos el lujo de alegrarnos por unas horas.
Porque el desembarco de Ricardo López Felipe ha devuelto la sonrisa. La mirada limpia, ajena a condicionantes cenizos. La que enfila el futuro más inmediato, partido a partido, sin losas de peso insoportable. En su debut ante la afición, se la ha ganado. Se la ha metido en el bolsillo con ideas claras y trato directo con el público.
Tras tantas semanas sin conocer el triunfo, el 2018 se asomó sin dudas. A Malata, expectante por la pizarra del técnico para doblegar a una Ponferradina con los justos en su convocatoria. De inicio, Brais Abelenda en el once desde la zona cero del sufrimiento.

Y pronto se abonó el Racing a las plegarias. Un gol tempranero tras un saque de esquina encontró meta gracias a Yuri, más que un incordio para los locales. Suyas fueron varias acciones peligrosas de la contienda. La incapacidad para abrir espacios facilitó el paulatino arrinconamiento de los verdes.
Sin embargo, la suerte parecía acompañar. Estaba escrito. Más resistencia de la habitual ante el temporal, dotes para reconfigurar el planteamiento. Eso sí, abundaron los minutos de miedo por ser los anfitriones víctimas de las prisas. Con una remontada por efectivizar, dificultades para resolver entuertos.
Joselu, entregado a su labor y alterando su rol en función de las necesidades. Cómoda al contraataque, la Ponferradina puso a prueba a Ian Mackay, ex de los bercianos. La falta de reflejos en la zaga condenaba, en teoría, a ahogarse en un pozo ya conocido. Del efecto efervescente a una triste realidad ya familiar.

Nada más lejos de la realidad. Fran Sota pulsó el botón, demostró que todos están llamados al primer plano y encendió la esperanza con el empate. Las tablas estimularon el ingenio de un Racing que forzó la apertura en zona rival a través de un Diego Maceira versátil, desequilibrante y que iba por libre. Para bien.
En la sala de máquinas, Pablo Rey empezó a generar. Motivos para pensar en positivo, se habían gestado oportunidades por doquier y faltaba un mundo para el 90. Ian Mackay, sobresaliente, puso la guinda. El once se vistió de gestor y distribuyó el guion a su antojo.
Un último ingrediente, el tesón de aquellos que en principio parecían desbordados al clausurar incursiones leonesas. Asentados tras el descanso, Maceira ya redondeó la hazaña en el 49 como réplica a un rechace de Mandaluniz, portero de grato recuerdo por su estancia en el Somozas.

La grada se levantó y el fútbol se contagió. Se entusiasmó y movilizó con más trabajo y ocasiones. Desterrando viejas costumbres, como regresar atrás en exceso, y ampliando los registros de los once sobre el tapete. Balance eficaz, con más autores para mayor número de oportunidades.
Jugando a lo suyo, el Racing descartó riesgos y condicionó a la Ponferradina. Hubo más leña, con las entradas solventes de Adrián Armental y Aitor Pascual antes de la prolongación. Creyeron en sí mismos, divirtieron a los demás.
FICHA TÉCNICA
RACING | Ian Mackay, Aitor Aldalur, Borja Freire (Aitor Pascual en el 82), Víctor Vázquez, Nano Macedo, Joseba Beitia, Fran Sota (Mikel Fernández en el 90), Brais Abelenda (Adrián Armental en el 64), Joselu, Pablo Rey y Diego Maceira
PONFERRADINA | Mandaluniz, Yac, Álvaro Moreno, Jon García, Andy, Menudo, Iago Díaz (Saúl en el 67), Ríos Reina, Cidoncha (Jorge García en el 46), Yuri e Isi
GOLES | 0-1, Yuri, minuto 4; 1-1, Fran Sota, minuto 14; 2-1, Diego Maceira, minuto 49
ÁRBITRO | Carlos Fernández Buergo (Principado de Asturias), que ha amonestado a los locales Aitor Aldalur en el minuto 27 y Brais Abelenda en el 56 y al visitante Andy en el 22
INCIDENCIAS | A Malata, 1.500 espectadores