Detrás de @beaplaymobil no hay un estudio, ni una gran producción, ni un laboratorio secreto lleno de clicks. Está Bea Crespo, «una chica normal y corriente, un poco friki y con afición por las fotos curiosas», que ha convertido una idea tan sencilla como ingeniosa en una forma muy personal de enseñar paisajes, rincones y estampas de Ferrol, Eume, Ortegal y buena parte de Galicia.
Aunque la afición venía de años atrás, fue durante la pandemia cuando empezó su cuenta de Instagram y ese escaparate terminó de dar forma pública a una manera muy suya de contar lugares con figuras diminutas y mucho ojo para el encuadre.
Lo suyo, explica, no nació exactamente como un «proyecto» al uso, sino más bien como una afición que fue creciendo casi sin pedir permiso. El germen se remonta a aquellos años en los que seguía en Facebook una página llamada I Love Clicks, donde se publicaban escenas y hasta noticias contadas con Playmobil. Dentro de aquel universo había una sección, Cliqueros viajeros, en la que la gente fotografiaba sus figuras en destinos de todo tipo. Y ahí saltó la chispa.
«Me pareció curioso, así que decidí comprarme un Playmobil y empezar a hacerme fotos cuando viajara o fuera a algún sitio curioso», recuerda. El primero fue un guerrero, algo que, como ella misma admite con retranca, encajaba bien en un castillo, pero no tanto «en una playa, por ejemplo». Así que llegaron más: uno comprado, otro regalado, otro más… y así hasta hoy.
La parte divertida es que Bea no viene del tópico de haber pasado la infancia entera jugando con clicks. De hecho, lo cuenta con total naturalidad: «Yo nunca he jugado con Playmobil». Sí tuvo alguno de pequeña, pero no le llamaban especialmente la atención. Fue ya de adulta cuando empezó a mirarlos de otra manera, más vinculada a la fotografía y a todas las posibilidades visuales que ofrecen sus figuras, vestuarios y complementos.
Un toque de humor para mirar mejor el paisaje
En sus imágenes hay humor, sí, pero también una intención muy clara: hacer que el entorno destaque. Bea busca ese pequeño cortocircuito visual que se produce cuando una escena cotidiana se cruza con un personaje imposible.
«Lo que trato de transmitir esencialmente es llamar la atención sobre el entorno donde hago la foto», explica. Y añade: «Es curioso el contraste entre la normalidad del entorno con el Playmobil integrado en la fotografía». Ahí está la clave. Donde una imagen convencional quizá pasaría más desapercibida, aparece un click vestido de victoriano, un viajero diminuto o un personaje fuera de escala y, de repente, el lugar gana otra vida.
Ese juego visual siempre lleva además una segunda intención, que no es pequeña: «Me gusta poner un punto de vista un poco de humor» y, también, «promocionar un poco el sitio o la zona donde hago la foto». Dicho de otro modo: en su galería hay muñecos, sí, pero también una declaración de amor al territorio.
Ferrol, en primer plano
Aunque ahora no vive en Ferrol, Bea sigue muy vinculada a la ciudad. Vuelve con frecuencia, tiene aquí a su familia y amigos, y deja claro que una de las principales razones de lo que hace está precisamente ahí. «Una de las razones principales por las que hago lo que hago es para promocionar Ferrol y los sitios tan bonitos que tiene», señala.
Galicia aparece de forma natural en su trabajo, igual que otros lugares a los que viaja, pero Ferrol ocupa un lugar especial. «Sobre todo Ferrol, que es donde más me gusta hacer fotos», afirma. Y se nota. Sus composiciones no usan la ciudad como simple decorado: la convierten en protagonista, aunque sea compartiendo plano con una figura de pocos centímetros.
Entre sus imágenes favoritas hay una que resume muy bien ese universo. Está hecha en la Calle Real y en ella se ve «un Playmobil con una maleta roja» avanzando justo delante de la imagen del Capuchón, mientras la gente camina de frente. La escena tiene algo de postal, algo de cine y bastante de hallazgo feliz: un muñeco diminuto, el pulso de la calle y un símbolo de Ferrol conviviendo en la misma foto.
Ideas que viajan en la mochila
Su proceso creativo tiene bastante de intuición y bastante también de trabajo previo. Cuando sabe que va a llevar Playmobil a un sitio, suele hacerse una idea del lugar antes de llegar. Entonces mete en la mochila varias figuras, algunos complementos y deja que la escena termine de construirse allí mismo.
«Normalmente intento adecuarlo al sitio al que voy o al que viajo», cuenta. A veces surge una idea independiente del lugar y trata de encajarla, pero lo habitual es que sea el propio espacio el que le vaya sugiriendo el montaje. Es una forma muy orgánica de trabajar: mirar, probar, colocar, esperar el momento y, de paso, aguantar con deportividad las miradas de quien no termina de entender por qué alguien está plantando un click en mitad de un paisaje.
Los rincones pendientes
Si de lugares soñados se trata, Bea lo tiene bastante claro. Entre sus espacios favoritos para fotografiar en Ferrol están «Doniños, sin duda», y entre los rincones que todavía le gustaría retratar aparecen varias cuentas pendientes con mucho tirón visual: alguna playa que conoce pero donde aún no ha hecho fotos, como Santa Comba o Campelo, y también As Fragas do Eume.
Visto lo visto, no sería raro que cualquiera de esos escenarios acabe pronto invadido por una expedición de personajes diminutos. Y quizá de eso va precisamente Bea Playmobil: de recordarnos que a veces hace falta mirar el paisaje gallego desde unos pocos centímetros de altura para volver a sorprenderse.







