M. C. | Ferrol | Jueves 4 marzo 2021 | 14:20
Desde aquellas primeras protestas en el madrileño barrio de Salamanca en los inicios de la desescalada, allá por el lejano mes de mayo de 2020, se han venido sucediendo todo tipo de concentraciones y manifestaciones a lo largo y ancho del país, algunas de ellas con un fondo y/o una forma bastantes censurables. Sin ir más lejos, la hostelería ferrolana se ha manifestado este miércoles en libertad para clamar por unas ayudas más que necesarias y lo han hecho guardando, como siempre, las medidas de seguridad y sin que nadie haya cuestionado su protesta.
Sin embargo, en los días previos al Día Internacional de la Mujer que se conmemora el próximo 8 de marzo, estamos viendo cómo sí se están cuestionando las movilizaciones feministas —qué sorpresa, amigas— hasta el punto de que la Delegación del Gobierno de Madrid las ha prohibido. Chirría que dejen campar a sus anchas a los fascistas haciendo homenajes a la División Azul en el cementerio de la Almudena con peores datos epidemiológicos en la capital y que tengan después semejantes reparos con las mujeres. Deberíamos habernos quitado lo de femi y quedarnos solo en nazis.
La criminalización del 8M llegó a su máximo apogeo el año pasado cuando días después de su celebración se decretaba el Estado de Alarma por lo que ya sabemos todas. Pero no se puso el grito en el cielo por la concentración de gente en los auditorios, teatros, bares, discotecas, partidos de fútbol o mítines de Vox con un Ortega Smith positivo a su vuelta de un viaje a Milán tosiendo a diestro y siniestro. No. Se focalizaron los reproches de la irresponsabilidad en las manifestaciones que habíamos hecho las mujeres porque habían estado alentadas por el Gobierno.
Debe de ser por eso por lo que ahora hay muchísimos hombres (y mujeres que todavía no han adquirido conciencia) preocupadísimos por nuestra salud. Porque las feministas quieren (queremos) ejercer nuestro derecho a alzar la voz y salir a la calle, importante siempre pero fundamental en un año en el que hemos soportado todavía más carga de la que ya llevábamos encima. El año en el que hemos cuidado aun más por encima de nuestras posibilidades relegando nuestro tiempo, nuestra vida, a los demás.
No sé si es que esta gente crítica se piensa que nos vamos a movilizar como otros años, sin las lógicas medidas de seguridad que la pandemia y el sentido común nos imponen. O si es que creen que vamos a estar abrazadas, apelotonadas, sin mascarillas, poniéndonos en peligro. ¿O es que acaso no se fían de que las mujeres sepamos hacer filas, contar un metro y medio, y organizarnos? A veces creo que es esto último, amigas, que no se fían de nuestra capacidad si no está enfocada a criar a sus hijos, asear a sus padres o hacerles el puto desayuno a las seis de la mañana. Curioso.
Es comprensible que muchas tengáis miedo u os incomode el hecho de acudir a la movilización porque a mí misma y a algunas de mis amigas nos pasaba esto mismo hasta que llegó el impulso definitivo: la cadena del copy paste (casi estoy segura que iniciada por algún señor) que muchas mujeres están compartiendo en redes sociales para decir que no hablemos por ellas el 8M, que ellas son feministas y que por eso (y por tener ovarios) están más legitimadas que los hombres para recriminarnos que queramos salir a la calle.
Y no voy a ser yo la que reparta aquí los carnés de feminista porque a mí, cuando no me lo daban hace algún tiempo, me frustraba. Porque yo hace dos días que voy a las manis del 8M y nunca, ninguna de las otras compañeras que llevan décadas en la lucha, me recibió con un mal gesto, con un reproche. Porque esto es un aprendizaje largo, que nunca termina, y que no tiene sentido si no se comparte con las demás. Pero insisto, no es necesario salir a la calle si, en estos momentos excepcionales, no se quiere o no se puede, amigas. Siguen en marcha las iniciativas de estos últimos años para reivindicar: la huelga laboral, de cuidados y consumo, o la reivindicación en redes, por ejemplo.
Todo es necesario y todo suma menos tirar piedras a las mujeres que se concentrarán, siguiendo un protocolo muy estricto, para demostrar que seguimos aquí, amigas, que el enemigo es el de siempre, que no conviene equivocarse porque de nuestras disputas y nuestras divisiones surgen sus fortalezas.
Y llegadas a este punto, amigas, estaréis pensando que menudo clickbait que ha hecho Marta Corral, que a ver dónde está la información de las concentraciones de Ferrol y As Pontes. Que vaya engaño para soltarnos este mitin sin avisar, la tía esta, no tiene más ego porque no entrena. Y tenéis mucha razón (en lo del ego, no, os lo prometo), pero quería hacer un experimento. Quiero ver quién se molesta en leer más allá del titular y quién empieza a rajar de que «no es el momento de salir» en los comentarios de Facebook, por ejemplo, sin haber hecho clic.
Así que, ahora sí, os digo que Galegas 8M convocan el lunes 8 de marzo en As Pontes, a las 12:00 horas, delante el concello con distancias y medidas de seguridad y uso obligatorio de mascarilla, obvio. Habrá compañeras organizadas distribuyendo a las participantes en columnas para que sea más sencillo cuidarse entre todas. En la ciudad naval la cita es a las 19:00 horas en la explanada de Porta Nova, con acceso por la avenida de As Pías. «Consideramos que a pandemia non pode impedir a manifestación das reivindicacións del feminismo, este ano especialmente, pois precisamente somos as mulleres as grandes perxudicadas por esta crise ao seren os traballos esenciais os máis feminizados», recuerdan en la convocatoria.