
RAÚL SALGADO / MERO BARRAL | Fene | Jueves 26 octubre 2017 | 17:15
Acostumbrados a días de ajetreo periodístico, esperamos que los previos a un pleno sean escenarios propios de crisis televisadas. Sin embargo, Fene ha amanecido este jueves en calma. Con el ambiente tranquilo de las horas tempranas de un laborable que asomaba al fin de semana. En su casa consistorial se gestaba una cita con final inesperado.
La población, sin dar rienda suelta a las especulaciones sobre su futuro municipal en los bares. En la entrada a su astillero, multitud de operarios y vehículos sobre las zonas ajardinadas de su particular acceso. Un día que también era crucial para ellos, casualidades.
El salón de plenos, vacío hasta que restaban 15 minutos para el mediodía. Dos policías vigilaban en su interior. Abiertas las puertas, desembarco de vecinos y cargos políticos, que ya iban plagando poco antes los soportales del Concello. Pronto se llena la estancia. Los primeros en entrar, los ediles de PP; luego, los de Somos Fene. Las formaciones protagonistas del día.

El alcalde, el nacionalista Juventino Trigo, es recibido con casi un minuto de aplausos. Él mismo se aproxima a conectar el sistema de sonido, quiere empezar la secretaria y no se le escucha. Calma tensa entre el público, que luego se precipitará con algún reproche entre sus integrantes y bastantes abucheos a los ediles que cogen las riendas del evento.
Un agente tendrá que mediar, además, para que uno de los espectadores calme sus propios ánimos. La secretaria municipal admite en su larga alocución la existencia de determinaciones judiciales que planean sobre la junta. De hecho, la consideración como no adscritos de los concejales de Somos Fene fue paralizada, pero únicamente por medidas cautelares.
La trabajadora se refiere al envío de documentos en la misma mañana del pleno. El de la discordia procede de Participación Democrática Directa de Galicia, partido instrumental bajo cuyo paraguas optó la formación local a los comicios del 2015. «Non se observan impedimentos», relata, por lo que la mesa de edad toma el relevo. Y tendrá la última palabra.

Sus integrantes, Manuela Aguilar (BNG) y Rocío Bértoa (PP). La edil de mayor edad y la de menor entre los miembros de la corporación. Y pertenecen a los dos bandos enfrentados con nitidez. La primera invoca el texto del partido que expulsó a los miembros de Somos Fene y habla de transfuguismo. Da el paso y pide que el pleno concluya.
Aflora entonces el primer amago de enfrentamiento. Bértoa agarra del brazo a la compareciente, que hará valer su voto de calidad como veterana, y esgrime las conclusiones de la secretaria, por las cuales «a día de hoxe» se cumplen «os requisitos». El ruido se adueña de la sala y las contrincantes piden, con efectividad, paz a la concurrencia.
La propia secretaria aclara que haber leído la larga exposición de motivos sobre la moción de censura no obliga a votar con rapidez. Hay que decidir. Y el BNG lo tiene claro: «Non procede continuar». Recurre, incluso, a casos anteriores con jurisprudencia al respecto, refiriéndose a uno dependiente de un tribunal de Asturias que acabó con otra suspensión plenaria.

Entre aplausos, Juventino Trigo se levanta. Le siguen sus compañeros de formación. Para sorpresa colectiva, la convocatoria queda aparentemente suspendida. Así será. La trabajadora municipal no es capaz de explicar con abundancia de detalles qué ocurrirá a partir de ahora.
El PP, en plena batalla, expone que esta paralización solamente se podría haber argumentado «con un auto de un juzgado». Los nacionalistas inciden en las dudas sobre la situación actual y futura de quienes respaldan al PP para desbancar a BNG y Esquerda Unida de su gobierno local en minoría. La efervescencia no iría a más. La Justicia pondrá el cierre a este relato.