Lara de la Iglesia | Miércoles 16 de julio de 2025 | 11:47
Muchas veces se dice que no se aprecia lo que se tiene cerca, y si a esto se suma uno de los estilos arquitectónicos más polémicos, el brutalismo, se tiene el cóctel perfecto de desconocimiento y falta de puesta en valor. El pasado sábado 28 aparecían en Instagram unas fotos de edificios de Caranza, en específico de las torres conocidas popularmente como «las rosas», aunque su nombre oficial es Unidad 2, de la mano del perfil @spain_brutalism.
Esta página está manejada por Alejandro García Alcántara, un técnico superior de Artes Plásticas y Diseño que se dedica también a la divulgación de arquitectura moderna, poniendo especial atención en el brutalismo. Aunque su perfil principal en el que comparte edificaciones de este estilo es @madrid_brutalism, centrada en la capital, ciudad donde está establecido, y que también sobre la arquitectura brutalista de Madrid trata su libro Madrid Brutal (2023), también presta atención a otros puntos de España en la cuenta en la que aparecía la última semana de junio Ferrol.

Las fotografías de las edificaciones iban acompañadas de un pie de foto explicativo que comenzaba estableciendo la época de construcción, 1969-1971, así como el arquitecto y la calle en la que se encuentran. García Alcántara explica en su publicación que este conjunto, formado por tres torres y tres bloques articuladas alrededor de plazas ajardinadas, tienen una historia tras de sí que explica el contexto en el que se crean estas viviendas.

Bajo las imágenes se puede leer una historia que puede que muchos desconozcan. Estos edificios, como explica el divulgador, fueron construidas para la Obra Sindical del Hogar (OSH), un organismo de carácter público que nació en 1939 con la misión de paliar la escasez de vivienda construyendo y vendiendo inmuebles a un coste bajo. García explica que la rapidez con la que se levantaban estos edificios, así como la escasez y la baja calidad de los materiales llevó a que se deterioraran con el tiempo, pese a contar con buenos arquitectos, llegando algunos a tener que ser demolidos. Apunta también que, en estos edificios, «las filtraciones y la corrosión han provocado no pocos daños en sus elementos, teniendo que acometerse diversas obras para su restauración y conservación».
Para terminar, añade declaraciones del arquitecto de este conjunto de edificios: Antonio Vallejo Acevedo, fallecido recientemente y al que aprovecha para recordar con estima en los comentarios, entre los que también se pueden encontrar opiniones muy variadas sobre el aspecto del edificio así como sobre su accesibilidad en el interior.
Vallejo habló sobre estas construcciones en una entrevista para el blog de viajes Aetheria Travels en 2022. En aquella ocasión contó que el proyecto era «tremendamente innovador para la época», y destacó que contaba con un módulo-rampa que permitía la subida y bajada de bicicletas.
Y la Unidad 2 se convirtió en «las rosas»
En la misma entrevista, el arquitecto narró un encuentro que tuvo con un compañero de profesión de Ferrol, el cual le preguntó si le importaría que pintaran los edificios de algún color y cuál escogería, a lo que Vallejo respondió que de rosa. «¡Creí que no lo iba a pintar!», declaró el arquitecto, que parece que no había escogido el color en serio. Aún así, acabó admitiendo que «al tratarse de una obra de una gran dimensión, el rosa aligera la gran masa de hormigón».

El resto de la historia es ya fruto del hablar popular del barrio, cuyos habitantes acabaron refiriéndose al conjunto por su llamativo color. Pero tampoco es un caso aislado en Caranza, donde si se pregunta a sus vecinos es normal escuchar como se refieren a distintos bloques por el color de sus fachadas.



