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El éxito llama a más éxito

JOSÉ BARCIA TUCCELLI | Motivación para el cambio | Martes 11 abril 2017 | 11:31

Hoy hemos querido dedicar las próximas líneas a algo sobre lo que realmente ya hemos hablado aunque no de manera directa: el éxito. No descubrimos nada si decimos que nos gusta ganar, desde que somos pequeños, y eso nos acompaña a lo largo de nuestra vida. La explicación se relaciona con los llamados sistemas de recompensa que tenemos en nuestro interior y que hace que sintamos placer al obtener aquello que estamos buscando, lo que hará también, que en un futuro queramos repetirlo porque ya sabemos lo que se siente al tener éxito y queramos obtenerlo de nuevo.

Así, vamos detrás de aquellas posibilidades de sentir el éxito, de alcanzarlo por nuestras victorias o de compartirlo de alguna manera para poder llegar a disfrutar de esta droga natural y completamente legal.

Nos gusta acompañar a nuestros equipos deportivos cuando vislumbramos que puedan llegar a ganar, y cuanto más ganan más nos acercamos a ellos. Llenamos los pabellones cuando nos anuncian que van a pelear por cotas más altas, por llegar a donde nunca han llegado, por obtener su éxito más grande; y si nos dicen que era totalmente inesperado, mucho mejor, porque mayor será la gloria y la sensación de bienestar al conseguir la victoria.

Una victoria que podremos llegar a sentir, incluso habiendo salido derrotados, ya que la anticipación de las sensaciones del placer del éxito ya lo hemos sentido, y porque además ya habíamos ganado simplemente al llegar a ese sitio en el que no nos correspondía estar y en el que hay que disfrutar al máximo porque quizás no volvamos de nuevo.

Allí viven los famosos “campeones morales” en los que inesperados equipos o deportistas aparecen en finales o en grandes eventos, y que aunque terminen siendo derrotados como podría ser de esperar, las masas los aplauden por haber conseguido superar las expectativas, por haber conseguido repetidas victorias en fases en las que nadie contaba, por la superación constante, por haber ido compartiendo el placer de cada paso adelante con sus seguidores, porque de eso estamos hablando, de compartir el éxito, de compartir el placer de la victoria con toda aquella persona que se sienta conectada a algún nivel, y cuanto más conectados emocionalmente mucho mejor.

El éxito, el poder y otros impulsos están muy relacionados, y no hay más que mirar cómo aumenta la tasa de natalidad en relación con el éxito deportivo, y aunque suene a broma o a chiste repetido se viene ajustando a la realidad. En estos días se señalaba en las noticias el incremento de la natalidad en Islandia justo nueve meses después de sus éxitos completamente inesperados en la última Eurocopa de fútbol.

Pero no todo es compartir el éxito de otras personas sino que también tienen que valernos estos ejemplos para que nos demos cuenta de una vez por todas de la importancia de nuestras victorias personales, de dar el valor que merece a cada uno de nuestros logros, por pequeños que nos parezcan, si era algo que estábamos buscando o deseando, cuando lo consigamos tenemos que valorarlo porque nos va a ayudar primero a sentir placer y después porque nos puede posibilitar repetir ese éxito en el futuro. El éxito llama al éxito, el éxito nos orienta hacia más éxito.

También podemos señalar un lado negativo, claro, y podemos encontrarnos con que nos emborrachamos de él y nos anestesiamos frente a las señales acerca de que podemos estar incurriendo en riesgos o en peligros. Existen sobradas y dramáticas muestras.

En la medida está el secreto, como en casi todo en la vida. Tengámoslo en cuenta cuando nos pongamos nuestros objetivos de superación, nuestros propósitos. Resulta muy valioso diseñarlos de manera correcta porque va a ser lo que nos otorgue mayor opción de éxito, y a través de él, ese encadenado de beneficios de los que venimos hablando hoy aquí.

En el otro extremo encontramos lo contrario, un incumplimiento repetido, un fracaso repetido en la búsqueda de nuestros deseos, de nuestros objetivos, de nuestros propósitos puede mandarnos el mensaje de que no somos capaces, de que tenemos algún tipo de defecto que frena la posibilidad de sentirnos bien, de alcanzar nuestras metas.

Y esto es dramático porque afectará a nuestra autoestima, y con ello a toda y cada una de nuestras acciones, de nuestras presentaciones delante de los demás, de nuestros sueños, de lo que finalmente deseamos para nosotros mismos, de aquello a lo que aspiramos conseguir y que pueda dar un sentido positivo a nuestra existencia, aquello que nos muestre la tan buscada felicidad personal.

Nuestras experiencias van a ser las que nos ayuden en este camino, nuestras experiencias de éxito tempranas, cuando somos niños, cuando transcurrimos por nuestras fases sensibles; pero también la forma en las que las interpretamos, la manera en la que nuestro entorno, nuestros seres queridos, nuestros maestros, todos aquellos importantes para nuestra formación y desarrollo nos ayudan a comprender lo que nos está pasado.

También cuando hablamos de los fracasos, de los errores. Las experiencias precoces y su interpretación nos hará tener mayores o menores posibilidades de sentir el éxito, el placer, los deseos de crecimiento personal, de buscar nuevas metas y por ahí de obtener nuevas victorias, de poder tocar, sentir y disfrutar de la felicidad.

Por todo ello es tan importante el deporte en nuestras vidas. Por eso es tan valiosa una buena dirección en las Escuelas deportivas y en las clases de Educación Física en el colegio, porque nos pueden ayudar a tener experiencias de éxito que nos sirvan para la vida. Nos deben de ayudar a saber interpretar lo que estamos consiguiendo.

El deporte es educativo pero solamente si se dirige de manera correcta, si sigue un plan bien diseñado y si se rige por valores sólidos. De lo contrario se puede convertir en lugar de reunión de malas prácticas, descontrol, envidia y egoísmo, precisamente por la misma búsqueda del éxito del que hablamos, por ese emborrachamiento de éxito, por buscar el placer para nosotros o para nuestros seres queridos a cualquier precio.

Eduquemos en el éxito y para el éxito, eduquemos en el deporte para la vida.

José Barcia Tuccelli es licenciado en Educación Física y en Psicología y tiene una amplia experiencia en el campo del ejercicio físico, la salud y el deporte de rendimiento. Para más información podéis visitar su página de Facebook.