FERROL360 | Miércoles 17 de diciembre de 2025 | 14:17
En el otoño de 1888, mientras Londres contenía la respiración ante los atroces crímenes de Jack el Destripador, pocas ciudades imaginaban que el eco del asesino en serie más famoso de la historia acabaría aterrizando a miles de kilómetros, en plena Galicia.
Pero así ocurrió. La ola de terror que surgió en Whitechapel, donde cinco mujeres fueron asesinadas en apenas setenta días, cruzó fronteras y llegó a los periódicos españoles con una intensidad desconocida hasta entonces.
Rumores, desapariciones y miedo: cuando Galicia creyó ver al Destripador
Apenas habían pasado dos meses del último crimen en Londres cuando, el 18 de enero de 1889, la prensa gallega lanzaba una noticia inquietante: tres jóvenes coruñesas habían desaparecido. Sin pruebas ni indicios, algunos diarios insinuaron que el responsable podía ser Jack el Destripador, del que se decía –sin confirmación alguna– que llevaba ya «tres o cuatro días» en A Coruña.
Las chicas aparecieron poco después, sanas y salvas tras haberse ido sin avisar a casa de unos familiares. Pero la semilla del pánico ya estaba plantada.
En cuestión de días, los periódicos hablaban de supuestas visitas del Destripador a Ferrol, Betanzos y Santiago, asegurando incluso que el criminal había enviado una carta al gobernador civil anunciando que «abriría en canal a una jovencita». Aunque los propios medios reconocían que se trataba de rumores, continuaban publicándolos, arrastrados por el mismo sensacionalismo que dominaba la prensa británica.
El 3 de febrero de 1889, incluso el sobrio diario La Unión Católica se hizo eco del terror: afirmaba que Jack había llegado a Ourense, provocando en las mujeres temor a salir de noche.
Durante semanas, cualquier hombre desconocido, cualquier gesto extraño, bastaba para alimentar el mito: Galicia creía ver al Destripador en cada esquina.
Pero, ¿Podría Jack haber viajado realmente hasta Ferrol?
Aunque todas las noticias acabaron demostrando ser falsas, algunos historiadores recuerdan que, a finales del siglo XIX, las conexiones marítimas entre Londres y Ferrol eran muy frecuentes.
Ese detalle, unido al desconocimiento total sobre la identidad del criminal, alimentó la idea de que no era imposible que Jack el Destripador hubiera llegado a España por la ruta naval Inglaterra–Ferrol.
Sin embargo, no existe ninguna evidencia real que respalde su llegada a nuestro país.
El miedo, por tanto, nació más del eco de la prensa que de los hechos.
137 años después: el caso sigue vivo y un chal podría revelar su identidad
Aunque la leyenda del Destripador parece cosa del pasado, lo cierto es que el caso está más vivo que nunca. En los últimos meses, nuevas investigaciones han reabierto el debate sobre la verdadera identidad del asesino.
El investigador británico Russell Edwards asegura haber encontrado la clave definitiva: un chal de seda recuperado junto al cuerpo de Catherine Eddowes, una de las víctimas canónicas. El tejido, conservado durante décadas en el museo de Scotland Yard, contenía restos de sangre y semen.
Edwards, tras años de trabajo, contactó al profesor Jari Louhelainen, experto en biología molecular, quien detectó ADN mitocondrial coincidente con descendientes de la víctima… y también con descendientes de Aaron Kominski, un barbero polaco que ya figuraba entre los sospechosos de la época.
El estudio, publicado en el Journal of Forensic Sciences, ha provocado una oleada de reacciones: para algunos expertos, es la prueba más sólida jamás presentada; y, para otros, el hallazgo podría estar contaminado tras tantos años.
Pese a las críticas, Edwards ha solicitado abrir una nueva investigación oficial, y la jueza de East London, Nadia Persaud, ha declarado estar preparada para dirigirla.
¿Quién era Aaron Kominski?
Kominski, inmigrante judío-polaco afincado en Whitechapel, vivió a escasos metros de los escenarios del crimen y tenía un historial de problemas mentales. Si las nuevas pruebas se confirman, se convertiría en el nombre definitivo tras la figura de Jack el Destripador.
Aunque los rumores sobre la presencia del Destripador en Galicia fueron solo una mezcla de miedo, fantasía y titulares sensacionalistas, la pregunta sigue viva más de un siglo después: ¿Quién fue realmente Jack el Destripador?
Y mientras la ciencia avanza y nuevos análisis intentan poner nombre al asesino que aterró Whitechapel, su sombra continúa proyectándose sobre la historia… y sobre los lugares donde, aunque nunca estuvo, su leyenda dejó huella.













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