
RAÚL SALGADO | @raulsalgado | Ferrol | Lunes 30 mayo 2016 | 12:55
Acostumbra el Racing a resolver con rapidez el cierre de la temporada. Una campaña ha permanecido al frente de su banquillo Miguel Ángel Tena, la que sucedió al verano en que colgó las botas. La salida comunicada este mismo domingo por el preparador levantino precipita los acontecimientos y centra las miradas en la búsqueda de un nuevo técnico.
Eso sí, el escenario no sorprende por completo. Podía presagiarse el fin de la era Tena desde hace semanas, independientemente de lo que hubiese ocurrido durante la fase de ascenso. Esa opción sobrevolaba el estadio. Públicamente, él se va; cuando entró, fue justo después de que despidiesen al anterior jefe del banquillo, Manolo García.
Con dos preparadores de la casa, un exjugador que ahora brilla al frente de otro equipo gallego y alguien querido en A Malata sobre la mesa, afinar a partir de las quinielas será cuestión de días. Quizá ni eso, pero es cierto que no hay dos personas iguales y la manera de actuar de Isidro Silveira era única.

Habitualmente, la entidad convoca uno a uno a sus jugadores para anunciarles si cuentan con ellos o no para el año entrante. Eso ocurrirá muy probablemente desde este mismo miércoles, horas después de la despedida real para futbolistas y técnicos lejos de los focos. Y no parece que vayan a ser muchos los que repitan. O sí. Habrá sorpresas.
Es momento de desbrozar entre tanto apunte, ya que un simple comentario puede llevar a interpretaciones que no sean certeras y la tristeza por la derrota ante el Cádiz también puede dar paso a un análisis más relajado del panorama.
No da la impresión de que el Racing quiera ofrecer un cambio radical en el plantel, que conoció la marcha antes de que la verbalizase en el césped cuando formaron piña al término del encuentro. Ya lo sabían con anterioridad. Las palabras del castellonense, de igual modo, confirman la sensación generalizada de que se abren nuevos tiempos en A Malata. De lo más alto al último empleado.

La economía de guerra tendrá que agudizarse, muy probablemente, al no lograr el salto de categoría. Una limpieza del vestuario obligaría a refuerzos contrastados por encima de experimentos; qué decir de la caseta, pilar fundamental para construir un equipo de garantías. Serán jornadas de dudas, rumores e incertidumbres que alcanzarán a todas las áreas. Más que nunca.