ALICIA SEOANE | Viernes 16 de enero de 2026 | 7:39
A sus 52 años, José Antonio López tiene claro que su vocación por la nutrición no fue una casualidad, sino una evolución natural dentro de una trayectoria profesional marcada por la farmacia, la formación constante y el contacto directo con los pacientes.
Farmacéutico desde hace más de dos décadas, su inquietud por entender cómo la alimentación influye en la salud terminó llevándolo a especializarse en nutrición clínica, un ámbito que hoy define su forma de trabajar.
De la farmacia a la nutrición clínica
«Siempre me interesó mucho la nutrición», explica. Durante años compatibilizó su trabajo en farmacia con cursos y formación específica, hasta que una experiencia concreta lo marcó: varios clientes habituales, con los que tenía una relación cercana, pasaron en poco tiempo por cirugías que derivaron en colostomías. Al salir del hospital, apenas recibieron un folleto genérico y comenzaron a sufrir numerosos problemas digestivos.
Fue entonces cuando José Antonio decidió profundizar en serio. Realizó un posgrado en Nutrición Clínica en la Universitat Oberta de Catalunya, una experiencia que no solo le confirmó que ese era su camino, sino que le permitió ayudar de forma real a aquellas personas. Más tarde, aprovechando la aparición de universidades semipresenciales privadas, buscó una opción con prestigio y calidad docente y cursó el Grado en Nutrición Humana y Dietética en la Universidad Católica de Ávila.
Aunque inicialmente no pensaba ejercer como nutricionista, las prácticas clínicas —realizadas junto a endocrinos en el Hospital Naval— le «abrieron los ojos» A partir de ahí, y coincidiendo con la entrada en vigor de la cuota reducida de autónomos, dio el paso definitivo: montó consulta, adquirió el equipamiento necesario y comenzó a ejercer.
Una mirada diferente: nutrición y farmacología
Lo que diferencia a José Antonio de otros profesionales es, en gran medida, su doble perfil. «Tengo 25 años de experiencia en farmacia y farmacología», subraya. Ese bagaje le permite entender con profundidad las patologías, los tratamientos médicos y la interacción entre fármacos y alimentación.
Uno de los servicios más valorados por sus pacientes es la interpretación global de analíticas clínicas. «Muchas veces el médico, por falta de tiempo, se fija solo en lo que sale en rojo. Yo intento mirar el conjunto», explica. Parámetros como hierro, ácido fólico, vitamina D, función tiroidea, hepática o renal son clave para diseñar una estrategia nutricional realmente eficaz.
Menos suplementos, más comida real
En un contexto en el que la suplementación está cada vez más presente, José Antonio mantiene una postura clara: los suplementos no sustituyen a los alimentos. «Salvo casos muy excepcionales, no suplemento. La mejor suplementación es una buena alimentación», afirma con rotundidad.
Solo cuando existe un déficit claro —confirmado por analítica— considera necesario apoyar con suplementos, ya sea en pacientes clínicos o en deportistas, especialmente para la recuperación tras el ejercicio. «El músculo demanda energía y hay que dársela, pero siempre con sentido», matiza.
Un nicho claro: mujeres en perimenopausia y menopausia
Con el paso del tiempo, su consulta ha ido definiendo un perfil de pacientes muy concreto: mujeres a partir de los 45-47 años, en etapas de perimenopausia y menopausia. Cambios hormonales, redistribución de la grasa corporal, aumento del colesterol o sensación de no reconocerse en su propio cuerpo son motivos habituales de consulta.
«Muchas llegan sin entender qué les está pasando y sin que nadie se lo haya explicado bien», señala. En la mayoría de los casos, con ajustes nutricionales, pequeños cambios de hábitos y seguimiento, los resultados llegan en dos o tres meses. «Suelen ser pacientes muy agradecidas», reconoce.
Más pautas que dietas estrictas
Su método de trabajo huye, siempre que es posible, de las dietas rígidas. «Trabajo mucho con cambios de conducta alimentaria», explica. Al inicio, las consultas suelen ser quincenales y luego se van espaciando. En casos concretos —como deportistas que compiten por peso— sí es necesario un enfoque más meticuloso y ajustado al entrenamiento, pero no es lo habitual.
También atiende a personas con problemas de sobrepeso, hígado graso derivados desde atención médica, y pacientes oncológicos, donde la nutrición juega un papel clave para mejorar la respuesta a los tratamientos. «Hay tumores que se alimentan de grasa y hay que ajustar la composición corporal para que la quimioterapia sea más eficaz», apunta.
Trabajo en red con médicos y entrenadores
José Antonio se define como un acompañante nutricional del tratamiento médico. Trabaja codo con codo con facultativos y, en el ámbito deportivo, con preparadores físicos. Atiende tanto en centros deportivos como en su propia consulta a personas que buscan mejorar su rendimiento o dar un paso más allá cuando el deporte, por sí solo, no es suficiente.
Consulta y atención personalizada
Su consulta está ubicada en la Avenida de Conces,2 (Fene) y atiende con cita previa. La primera visita es siempre más larga: se analizan antecedentes, hábitos, objetivos y, si el paciente dispone de ellas, las analíticas clínicas. A partir de ahí, se establecen pautas realistas y personalizadas.
«Si alguien viene con una anemia importante, no se trata solo de mandar al médico a que le recete algo, sino de incidir también en los alimentos adecuados para ayudar a corregirla», explica.
Con una trayectoria que une ciencia, experiencia y cercanía, José Antonio defiende una nutrición realista, clínica y basada en el conocimiento, donde comer bien sigue siendo la herramienta más poderosa para cuidar la salud.














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