M. CORRAL | Ferrol | Sábado 19 noviembre 2022 | 13:30
La ferrolana capilla de la Orden Tercera acogerá este domingo el reparto del pan de los pobres de manos de Santa Isabel de Hungría para celebrar su onomástica y recordar el legado de una santa que vivió al lado de los más desfavorecidos. La historiadora, profesora y periodista Ana Martín es una de las impulsoras de esta recuperación, valorando además que tanto la imagen de la patrona de los franciscanos seglares como su patrono, San Luis rey de Francia, han sido restauradas y lucen en el altar mayor.
Explica Martín que se trata esta de una tradición franciscana que se viene practicando desde hace siglos en el mundo entero y que, presumiblemente, también se realizó en Ferrol, pero «no aparece documentada», precisa. Consiste en la entrega de unos panecillos dulces en memoria de la labor humanitaria de la santa medieval que, en el caso de Ferrol, se celebra a las 19:00 horas en una ceremonia abierta al público y presidida por el fraile Natalio, franciscano asistente de la fraternidad ferrolana. Sirve además de colofón para la jornada mundial de los pobres que celebra la Iglesia.
Una doble restauración
Será esta una oportunidad también para ver de cerca la restauración de las imágenes de los patronos, que llevaban años retiradas en los coros de la capilla por su mal estado, explica Martín. «Ahora, movidos por el ímpetu que en los últimos años, a pesar de la pandemia, ha permitido a los franciscanos seglares ir restaurando imágenes tan queridas como el Cristo de la Buena Muerte, han podido recuperar la valiosa imagen de Santa Isabel de Hungría», añade.
Se trata de una imagen de vestir muy delicada que data del siglo XVIII y tiene unos rasgos estilísticos en consonancia con la obra de Florencio Gambino, autor del Ecce Homo. Santa Isabel conservaba unas vestimentas del siglo XIX que han sido restauradas por las Esclavas y son las que luce ya en su posición al lado derecho del altar mayor de la capilla de la Orden Tercera, con la compañía a la izquierda de San Luis en un altar provisional, también recién restaurado.
«A Santa Isabel, la iconografía la representa con un cesto lleno de flores o con un cesto con panes porque ella era muy dadivosa. Se crió en una corte y empleaba gran parte del dinero en ayudar a los pobres hasta que murió su marido. Dice la leyenda que su suegra no era tan buena como ella y le reñía cada vez que salía de palacio para ayudar a los desfavorecidos portando panes. En una ocasión, la suegra ya cansada de tanta generosidad por su parte, la obligó a que soltara la cesta para demostrar que la estaba engañando y seguía ayudando. Pero, cuando la soltó, los panes se convirtieron en flores para eximirla», relata Ana Martín.
Un poco de historia
Aunque la ceremonia se convoca para este domingo 20, la onomástica de la santa se celebra cada 17 de diciembre. Nacida en 1207, se casó con Luis I, príncipe de Turingia-Hesse, quien no impedía sus obras de caridad e incluso consentía que ella repartiese sus propios bienes entre la gente pobre. Se levantaba de madrugada a orar y organizó a sus ayudantes para tratar de paliar la hambruna en la zona, donando también parte del grano real y llevándose las críticas de los nobles.
Mandó construir un hospital al pie del monte donde estaba instalado el castillo y se puso ella misma a atender a los enfermos, vendiendo sus joyas y vestidos. Subvencionó el cuidado y la educación de menores huérfanos. No obstante, con la muerte de su marido y la llegada al trono de su cuñado, se le prohibieron sus obras de caridad. Tomó entonces el hábito de la tercera orden de San Francisco de Asís y vivió una vida de pobreza hilando y cardando lana para su sustento y el de los pobres. Murió muy joven, a los 24 años, el 17 de noviembre de 1231.