L’angurrienta: Un sevillano, una argentina y una una cocina diferente para llevar

L'angurrienta

ALICIA SEOANE  | Miércoles 11 de marzo de 2026 | 12:13

A veces un negocio nace de una oportunidad. Otras, de una necesidad. En el caso de L’angurrienta, la pequeña tienda de comida casera para llevar y productos gourmet que acaba de abrir en Ferrol (calle galiano, 1), hay un poco de las dos cosas. Pero, sobre todo, hay una decisión personal: cambiar de vida.

Detrás del proyecto está José Manuel Bejerano, sevillano, que junto a su mujer, la argentina Eugenia Haussner, decidió dejar atrás más de veinte años de vida en Andorra para empezar de nuevo en Galicia. «Soy sevillano y mi mujer es argentina, pero llevábamos más de veinte años viviendo en Andorra», explica.

Allí ya tenían una tienda con el mismo concepto desde hacía seis años y el negocio funcionaba bien. «Nos iba bien, la verdad. Pero necesitábamos un cambio». La razón era sencilla y muy cotidiana: el tiempo.La pareja tiene una niña pequeña, de cuatro años, y el ritmo de la hostelería en un lugar turístico hacía que los fines de semana fueran los momentos de más trabajo.

«Trabajábamos mucho los fines de semana y sentíamos que le estábamos dedicando poco tiempo a nuestra hija», cuenta. «Entre semana estaba en el colegio y el fin de semana tenía que pasar todo el día con nosotros en la tienda». La decisión estaba tomada: cambiar de ciudad, de ritmo y de vida.

Un nombre con sabor argentino

El proyecto no solo se trasladó de país, también mantuvo su identidad. El nombre L’Angurrienta es una palabra muy poco común en España, pero muy familiar en Argentina.«Langurirenta es una palabra argentina que significa algo así como glotona, alguien que tiene un poco de hambre», explica Bejerano. «No es exactamente eso, pero es la aproximación más cercana».

El concepto que hay detrás del negocio también tiene algo de ese espíritu: una mezcla entre tienda gourmet y cocina casera para llevar, donde se puede encontrar desde platos preparados hasta productos delicatessen seleccionados.

De Andorra a Ferrol, casi por casualidad

El salto geográfico podría parecer extraño: de los Pirineos a la costa de Ferrol. Pero la elección no fue completamente aleatoria. José Manuel ya había vivido una temporada en Galicia. «Yo viví un tiempo en A Coruña y siempre me gustó esta tierra», recuerda. «Le decía a mi mujer que si algún día teníamos que decidirnos por un sitio, empezaríamos mirando Galicia».

Cuando apareció el local en Ferrol, la idea empezó a tomar forma. Aunque al principio hubo dudas.«Yo había estado en Ferrol hace unos diez o doce años y no me había llevado muy buena impresión», admite entre risas. Pero decidieron venir, recorrer la ciudad y observarla con otros ojos. Y algo cambió. «Cuanto más la visitábamos, más me gustaba», explica, «le vimos potencial».

A ese optimismo se sumaban los comentarios sobre el futuro económico de la comarca. «Nos empezaban a decir que la cosa se estaba animando, que había trabajo en Navantia para años y que Ferrol podía vivir una buena etapa». Con eso bastó.

Un local en ruinas convertido en cocina

El local que encontraron estaba lejos de ser un negocio listo para abrir. «Estaba en ruinas, cerrado desde hacía muchísimos años», recuerda. La reforma fue uno de los grandes retos del proyecto. Pero también una oportunidad para replicar el modelo que ya habían probado en Andorra. El funcionamiento de la tienda es prácticamente idéntico.

«El sistema de trabajo es exactamente el mismo que teníamos allí», explica. «Hasta las vitrinas son iguales y la disposición de la comida dentro también». En cierto modo, fue como trasladar el negocio entero de un país a otro. «Fue cerrar la puerta en un sitio y abrirla en otro».

Cocina del mundo… para el día a día

Definir L’angurrienta no es del todo sencillo. No es exactamente un restaurante, pero tampoco solo una tienda gourmet. Bejarano lo resume de forma clara: «Sería una tienda gourmet con comida casera para llevar para todos los bolsillos».

En la parte de alimentación hay una selección cuidada de productos internacionales —italianos, portugueses o franceses— elegidos con bastante criterio. «Soy muy tiquismiquis con lo que entra en la tienda», admite. «El producto me tiene que gustar visualmente y también por su calidad».

Pero el corazón del negocio está en la cocina. Cada día preparan una pequeña variedad de platos que cambian según la inspiración y los ingredientes disponibles. No hay una carta fija ni un menú cerrado.En las vitrinas pueden aparecer recetas muy distintas: crema de calabaza, cocido de garbanzos, pan de carne, fideuá o platos internacionales. «No nos encasillamos en ningún tipo de cocina», explica.

Aunque sí hay influencias claras de los lugares donde han vivido. «Bebemos mucho de la cocina catalana y de la francesa porque hemos pasado muchos años allí». Pero el recetario puede viajar mucho más lejos. Te puedes encontrar un plato peruano, uno marroquí, uno asiático… o uno gallego».

Eso sí, con la cocina tradicional gallega prefieren ser prudentes. «No es que no sepamos hacerla», aclara, «pero aquí ya hay muchos sitios donde puedes comerla. Nosotros queremos ofrecer algo diferente».

Pocas raciones, como en casa

Una de las ideas fundamentales del proyecto es evitar la producción masiva. «La idea es hacer pocas raciones, como las que podrías preparar en tu casa», explica Bejarano. Normalmente elaboran cuatro o seis raciones de cada plato, salvo que haya encargos específicos.

Y ese es otro de los pilares del negocio: la cocina por encargo. «Si alguien quiere veinte raciones de albóndigas, se hacen sin problema». También preparan platos para reuniones familiares o celebraciones.

La decisión más llamativa del proyecto tiene que ver con el horario. L’angurienta solo abre de lunes a viernes. Algo poco habitual en hostelería, pero completamente coherente con la razón que motivó el cambio de vida. «Pasamos de trabajar sobre todo los fines de semana a trabajar solo entre semana», explica.

Eso sí, quienes quieran comida para el sábado o el domingo tienen una solución. «La gente puede llevarse la comida el viernes y se la damos envasada al vacío», explica. «Luego solo es abrir la bolsa y listo».

Un regalo diferente

Además de la comida preparada, la tienda también está pensada como un lugar donde encontrar regalos gastronómicos diferentes. Cestas, cajas con productos seleccionados o packs especiales según la época del año. «Para el Día del Padre hemos preparado varios packs», cuenta Bejarano.

También lo hicieron para San Valentín, con un menú especial por encargo. Y la idea es seguir en esa línea a lo largo del año. Pequeños detalles con un hilo conductor claro: productos escogidos con cuidado.

Porque, al final, L’angurienta no es solo un negocio de comida. Es, sobre todo, el resultado de una decisión vital: trabajar con productos cuidados, comida accesible y diferente para el día a día, y mejorar la calidad de vida en una ciudad tranquila.