
RAÚL SALGADO | Ferrol | Miércoles 27 julio 2016 | 17:35
De martes a miércoles, de doble sesión a entrenamiento único por la mañana. Y de ruido mediático a calma ante la opinión pública. El Racing encauza las aguas que discurrían revueltas y aparenta tranquilidad tras resolver el entuerto de su referente al ataque e incorporar a un futbolista como Bicho, llamado a ilusionar a la grada.
Esa grada, la de Tribuna, lucía este miércoles más animada que de costumbre. Una veintena de aficionados frente a la tradicional soledad de los verdes en su trabajo cotidiano. A esos mismos asientos, justo debajo del palco, se sumaba Míchel Alonso durante unos minutos para observar con perspectiva las evoluciones de los suyos.
Mediodía soleado, casi dos horas de ejercicio. El plantel se decantaba por el campo principal a dos días de recibir al Dépor. El protagonista del culebrón del verano actuaba al margen, realizando ejercicios específicos y carrera alrededor del recinto. Otro tanto ocurría con Diego Maceira, que se sometía a una resonancia este martes y espera ahora por un veredicto. Podría jugar el viernes.
Por último, José Manuel Catalá, con esguince, estuvo también en un lateral; Nano Macedo padece una sobrecarga en la rodilla, no se le ha visto en el exterior. Hasta 22 jugadores se movían sobre el tapete a las órdenes del preparador de Caranza, siendo tres de ellos canteranos. Se trata de Alberto, Manu Ramos y Edu Blanco.

Confirmando que lo suyo se ha quedado en un nuevo susto, Juan Martínez recurría a patadas y demostraba mayor agilidad. Bicho comienza a desplegar sus encantos y exhibió especialmente cierta velocidad en sus avances por el campo. La capacidad para disfrutar del juego por parte de Víctor Vázquez alumbraba alegría entre tanto esfuerzo.
En la banda también había presencia directiva, con Juancar Fernández Lago o José Criado entre los presentes. Además de los 22 citados y los que no figuraban con el grueso del grupo, también tenía faena propia el portero Sergio García. Resonaban los gritos de Alonso, sus consignas y aliento desde el asiento que suele ocupar el público.
Pedía juego «fácil» cuando las cosas se complicaban, exigía a José Cruz y Víctor Vázquez -algo cargado al finalizar- e impulsaba a Sergio Martín, Julio Delgado o el propio Bicho. Cuando todo iba según lo deseado, triple aplauso y dedo al cielo como muestra de aprobación. El técnico hace piña al terminar y se sienta a hablar con su vestuario mientras completan los estiramientos.