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Los nuevos nombres, ya familiares, en el mundo del fitness

JOSÉ BARCIA TUCCELLI | Motivación para el cambio| Lunes 29 febrero 2016 | 12:37

Hace tiempo que se puede encontrar en la oferta de cualquiera de las instalaciones deportivas de nuestra comarca una variedad de actividades bajo la denominación de “funcionalidad”. Ahí vemos propuestas con ejercicios variados con diferentes aparatos o medios de entrenamiento, entrenamiento en suspensión o en inestabilidad, intentos de circuitos en agua, entrenamiento del core y un largo listado de posibilidades, que no es necesario alargar más, porque seguro que ya sabemos a qué nos estamos refiriendo.

La idea que sustenta a la mayoría de estas actividades es interesante sin ninguna discusión. Lo que a nuestro entender es más que matizable es su puesta en escena. A día de hoy, y revisando un poco las publicaciones relacionadas con toda esta tendencia, se repiten una y otra vez las voces de autores de reconocido prestigio en el mundo del entrenamiento deportivo, de la Educación Física y del ejercicio en el ámbito de la salud, entre otros, que ponen el acento en que el mercado deportivo está tapando el sustento de estas actividades, que como hemos dicho, serían interesantes como propuesta de ejercitación pero si se respetan sus características principales.

La tendencia, la búsqueda de resultados económicos, y esa carrera sin final hacia la innovación, el cambio constante y el “más difícil todavía” nos empujan hacia una construcción poco cimentada de muchas de sus presentaciones en gimnasios y servicios deportivos.

Cuando hablamos de entrenamiento funcional lo primero que nos señala su nombre es que sea útil para la persona que lo realiza, es a lo que se refiere el concepto de funcional, que respete la “función”, que tal y como explica nuestro diccionario sería la “capacidad de actuar propia de los seres vivos y de sus órganos (…)”. Dicho de otra manera, el entrenamiento que se nos proponga tiene que respetar nuestra naturaleza psico-biológica, pero además nos tiene que facilitar de alguna manera un mejor desempeño de nuestro organismo en nuestro día a día. Para ello entramos en otro concepto básico, y en ocasiones obviado o desconocido, que es el de transferencia.

El ejercicio de entrenamiento tendrá sentido como beneficio para otras necesidades de la persona, no por el desarrollo del ejercicio en sí, porque incluso la superación del reto que pueda suponer la propuesta que se nos haga solamente tendrá valor en el significado que le otorguemos a nivel personal a ese logro. Claro que podríamos debatir si existe el entrenamiento que no sea funcional, y seguramente la respuesta es que si se respetan las condiciones y características del organismo que tenemos delante siempre estaríamos haciendo algo funcional, pero en este caso nos queremos referir a las actividades que mencionábamos en la introducción, ya que este artículo es de opinión y no técnico.

En entrenamiento sabemos que nuestro cerebro entiende de movimientos y no de músculos, trabajando de manera aislada, y por ello este tipo de entrenamientos que buscan movimientos globales y multiplanares tienen una justificación clara para la mejora de nuestra salud y calidad de vida. Ppero de igual manera tendremos que valorar, al igual que en todo entrenamiento o terapia que se sustente en conceptos integrales que una cadena es tan fuerte o tan eficiente como lo es su eslabón más débil, y que si hacemos una propuesta de ejercicios en las que la persona que se enfrenta a ellos no es capaz de ejecutarlos con una mínima corrección postural lo que estaremos haciendo es perjudicar alguna de las estructuras que componen esa cadena, y por ello dañando a nuestro cliente.

Un inconveniente de esa forma de presentar esta tendencia es que transmitimos el mensaje al usuario de que es el aparato o el medio que estemos empleando el que le va a otorgar los beneficios. Así escuchamos a muchas personas que cuando les preguntas qué hacen para mejorar de sus molestias te comentan que van a este tipo de clases, cuyos nombres te pueden repetir, pero que desconocen por completo el motivo por el que les puede resultar beneficioso.

Este punto es lógico porque el usuario confía en lo que el profesional del deporte y del ejercicio le está proponiendo. El conflicto llega cuando este profesional del deporte, que está en búsqueda constante de ofrecer algo nuevo o novedoso, se olvida que no son los aparatos los que van a conseguir el beneficio en sus clientes, sino que va a ser la capacidad de estos clientes para afrontar de manera eficiente el reto que se le está poniendo delante, donde lo primero sin ninguna duda es si es o no es capaz de estabilizarse, de mantener una mínima corrección postural más allá del propio ejercicio, de la coordinación que se le solicite, de seguir o no el ritmo de ejercicio marcado, la coreografía, la fuerza, de dominar el aparato de turno, etc.

El principal reto es el de mantener el control sobre nuestro cuerpo en un entorno que intenta lo contrario, ahí está el juego, y así lograremos los beneficios de este tipo de ejercicios. Pero para ello, antes de nada, tenemos que saber algo de esta persona, quién es, a qué se dedica, si tiene lesiones o enfermedades destacables y si tiene experiencia deportiva.

Tendremos que explicarle de antemano a nuestros clientes de qué estamos hablando, qué es la corrección postural, cuál es la alineación deseable, cómo estabilizar las diferentes articulaciones, cómo controlar esa cadena que antes mencionábamos y cómo evitar los posibles perjuicios, dónde está ese eslabón débil que tendremos que asegurar y después de que nuestro cliente entienda esto, pasaremos a explicarle el aparato o los aparatos que componen los medios, no los fines, del entrenamiento.

Y cuando los entienda y sea capaz de tener un mínimo dominio sobre los mismos, entraremos a explicarle y corregirle las posiciones básicas en ellos. Solo después de este proceso previo podría proponer un entrenamiento con ritmo, intensidades o en grupo. Esto requiere tiempo y dedicación, y sabemos que en nuestro tiempo “nadie tiene tiempo”, ni para atender a los clientes porque tiene a muchos y muchas funciones que realizar, ni para ejercitarse porque el trabajo y las ocupaciones lo absorben, ni para aprender nada porque queremos resultados inmediatos, ni para crear propuestas bien estructuradas porque alguien nos apura con alguna otra cuestión, etc.

Pero si esto es así, asumamos que este “ir y venir” corriendo desde ningún lado y hacia ninguna parte no nos va a llevar a nada positivo y que si realmente estamos tan limitados de tiempo no es comprensible cómo lo malgastamos tanto, es cuestión de prioridades, tanto cuando hablamos de profesionales en sus diferentes ocupaciones como cada uno de nosotros en nuestras vidas privadas, aunque no nos guste escucharlo.

El problema lo encontramos cuando una tendencia cobra vida propia y las actividades se convierten en el fin último del entrenamiento, cuando lo que parece más importante es ser capaz de hacer el ejercicio más difícil, más llamativo y más divertido. Claro que el reto es importante y que el ejercicio físico y el deporte deben de ser divertidos, ya lo hemos repetido en anteriores ocasiones, pero siempre tenemos que tener claro el objetivo que estamos persiguiendo, el motivo que está detrás de nuestra propuesta y si estamos defendiendo que el entrenamiento que presentamos a nuestros clientes es funcional.

Si va a mejorar su postura y la capacidad del centro de fuerzas de su cuerpo tenemos que saber primero y respetar después la biomecánica de nuestro cuerpo y por supuesto su aplicación a los ejercicios del entrenamiento. No es la presentación del ejercicio la que otorga el beneficio, no es el medio empleado ni la organización de la rutina, no es la intensidad, es la capacidad de controlar nuestro cuerpo en este medio y así seguro que vamos a resultar beneficiados, nos divertiremos, tendremos una mejor salud, entrenaremos con intensidad y saldremos beneficiados en nuestro día a día.

Pero como siempre, antes de aprender a correr tuvimos primero que ser capaces de equilibrarnos de pie, incluso antes de tratar siquiera a andar.

José Barcia Tuccelli es licenciado en Educación Física y en Psicología y tiene una amplia experiencia en el campo del ejercicio físico, la salud y el deporte de rendimiento. Para más información podéis visitar su página de Facebook.