
RAÚL SALGADO / MERO BARRAL | Ferrol | Miércoles 14 septiembre 2016 | 23:35
Otros compañeros de atril se dejaron llevar por escritores o músicos. Luís Villares inició su discurso con aquel «Magnum» que enseñó tanto gallego en los inicios de TVG. «Fixérono de novo», apostilló sobre el plasma de Rajoy. Una «falcatruada» como las que plagaban la serie que es mítica para los de los años ochenta.
El candidato a la presidencia de la Xunta de Galicia cree que el PP no se detendrá «ata que alguén lles pare os pés». Su Marea no es de «auga turbia»; mira entonces a Jorge Suárez, que lidió con líquidos oscuros al arranque de su mandato. Se reivindicó el que se quitó la toga hace bien poco, logra comodidad y empatiza con el auditorio. Saca sonrisas.
Cómo no, sale a relucir Rita Barberá. Ironiza sobre «como lle honra» renunciar a su militancia y sitúa una responsabilidad semejante en la espalda de Feijoo: «Pídelle a Baltar que solte o carné, retrátate». Tilda al ourensano de «acosador sexual» y rememora «como pedía favores sexuais». Está esperando para «aplaudir» si hace lo que le pide.

Sin embargo, Villares cree que Baltar es «palabra maldita». Se lanza a la arena estrictamente política, empapada de una Marea de «monicreques en contra das maiorías sociais». Salta a un tono pausado cuando retrata «inxustizas» que ha conocido desde la judicatura y también se apoya en Castelao. Giro cómplice hacia un Ferrol que «foi referencia na loita», llegaban a su Lugo «os ecos».
Mira a los ojos de los conservadores y sentencia: «Non ides seguir máis, nos imos organizar». Asalta el «aire limpo» antes de que se le caiga algo del atril y se levante Beiras. Es la «xenerosidade del mestre», reverencias no impostadas. El respeto que se mezcla con el cariño que genera el veterano referente.
Le preguntaron hace poco si «a sombra de Beiras é alongada»; aclara que «a luz de Beiras é alongada». Insta a la «unidade popular» bebiendo del primer ejemplo de AGE, «pioneira». Todo nace del mensaje de «pan, traballo e teito» contra la «práctica sectaria» y teniendo claro que «o país é a totalidade», no solo quienes les votan.

Enciende su voz, pone el retrovisor y oscila entre los irmandiños, la «loita do naval» o Nunca Máis. Y eleva la intensidad para subrayar que el gallego es el idioma «que algúns queren prohibir», el que no se puede usar para enseñar «Matemáticas». Proclamas de «democracia e xustiza social», de «transparencia institucional» frente a «sociedades opacas que pretenden facer as nosas leis».
Villares agarra el micrófono y no hace demasiado uso del botellín. Le contempla un público variado, reflejo de los diferentes sentimientos de izquierdas que En Marea ha logrado abarcar. Antiguos nacionalistas, viejos comunistas o nuevos a la expectativa, en comunión en una ciudad dividida en ideologías. «Feijoo é o peor xestor, por iso hai que privatizar», esgrime.
Saca la escoba para barrer: «Se non sabes, deixa que amañamos nós». Él no quiere «empresas de amigos» rondando ni «comida en mal estado para os nenos» en los comedores. Aboga por el «fin dos mitos da privatización» y avanza que casi el 90 % de casos en tribunales son por corrupción. Con su varita mágica, promete arreglarlo: «Desatascaremos os xulgados».

Juegos de palabras, hay «barcos e narcos e narcos en barcos», y mensajes en botellas: «Alá cadaquén co seu pasado». Programa, programa y programa: un decreto de garantías sociales mínimas tras el 25S. Incluirá «vivenda digna», casas «para que a xente teña casa» pese a los bancos y que los gallegos puedan «levar o pan á boca todos os días». Y el «fin da pobreza enerxética».
Local: Navantia no puede servir para «xogar coas ilusións da xente», la Xunta tiene que «entrar no consello de administración». Desde Galicia, Villares lucharía por «derrogar as reformas laborais» y un «tren de cercanías» con una «compañía galega ferroviaria». «Quen dixo que fose fácil?», concluye; «máis fácil é non dar a cara» ante la «xente do común».
Previamente, Antón Sánchez propone un «finiquito ao Partido Popular, 20 días por ano roubado». Censura la «indignidade da mafia organizada do Partido Popular». Exige freno a la «violencia institucional contra os máis débiles». Alienta Villares: «O pobo é quen máis ordena». Puño en alto y el grito que sostiene que «Hai Marea!».