Marta Vázquez: «Mi padre fue un artista que supo plasmar su pensamiento en su obra»

Recorremos la exposición retrospectiva de Sergio Vázquez- pintor ferrolano- de la mano de su hija: un viaje al universo más íntimo del autor
Marta Vázquez en la exposición de su padre

Texto & Foto: ALICIA SEOANE | Viernes 20 de junio de 2025 | 12:01

Sergio Vázquez es un artista que ha conseguido mantenerse fiel a sí mismo durante 86 años. Crítico con el mundo del ‘artisteo’ que le tocó vivir, y más amante de su propio universo personal que de los grandes saraos y acontecimientos sociales: su trabajo transcurre de puertas hacia dentro, entre las paredes de su estudio. Un espacio donde el pintor y escultor, se encerraba a crear, a ensuciarse de pìntura y experimentar con las texturas, a leer, a pensar… en definitiva se entregaba a su obra.

Este mes de junio el Centro Cultural Torrente Ballester inauguró una retrospectiva del trabajo del artista ferrolano -con el pintor todavía vivo- que podremos visitar hasta el próximo mes de septiembre.

Sergio Vázquez en su estudio, imagen cedida por su hija Marta Vázquez.

Entrega a su obra

Pocas exposiciones realizó Sergio Vázquez a lo largo de su extensa trayectoria, prefirió entregarse en cuerpo y alma a la creación que a la socialización de su trabajo, en palabras de Jose Liñeira, responsable del Centro Torrente Ballester, quien escribe el texto introductorio de la muestra, «O seu periplo artístico é esgotador, pero el permanece impertérrito á fronte dunha traxectoria na que o tesón e a loita artística non dan cabida aos faladoiros nin ao mundo de bohemia co que soñan e fantasean tantos pintores. (…) A consecuencia desta entrega é o maior pecado deste artista; facer que as súas aparicións públicas sexan escasas. E aínda así, a súa obra foi aplaudida en cada unha das ocasións que saíu do estudio».

Con su hija Marta Vázquez recorremos la exposición y viajamos a través de la obra de un artista que ha reflejado su propia vida y evolución en su creación, «Os cambios ao longo dos anos, máis que ser visibles nas obras, danse nun mesmo. Eu agora case estou no hiperrealismo, pero ese é un cambio que se dá en min. Na obra quizais apenas se perciba», la muestra conserva fragmentos de reflexiones del propio Sergio Vázquez acerca de su trabajo.

Aunque la retrospectiva se ha organizado en temáticas y no en distintos momentos de la trayectoria del artista, en el trabajo del pintor se distinguen al menos tres etapas:

Etapa inicial, experimentación con el óleo y el color

Marta Vázquez camina entre los lienzos de su padre como si caminase entre diferentes momentos de su propia vida, «al principio mi padre trabajaba de forma obsesiva con el color, sus paletas estaban llenas de pigmentos donde él mismo creaba el color que le interesaba». Estas primeras obras reflejan las inquietudes iniciales de un artista que todavía se estaba consagrando, con las obsesiones por la forma, y por el color, con una paleta colorista y vibrante, que transluce un universo intenso y profundo repleto de claroscuros. 

Una atmósfera que lejos de crear una pintura plana, nos invita a adentrarnos. Siempre en esa invitación a mirar más allá de uno mismo.

Sin Título

« Mi padre pintó desde que era un niño, mientras otros niños salían a jugar a la pelota a él le gustaba encerrarse en sus pinturas. A sus padres esto a veces les preocupaba, pero mi padre siempre encontró en la pintura una forma de sublimar su sufrimiento». Nacido en la posguerra y en una familia de izquierdas, su hija Marta, recuerda «la huella profunda» que ese momento de la infancia dejó en la vida de su padre, «creo que gran parte de la profundidad humana que muestra en su trabajo, de la pesadumbre y el existencialismo que se respira en su pintura está marcado por esta etapa de su vida».

Mitología, eros y tánatos

En sus primeros años, además del óleo y el color, comenzó a interesarse por el mundo mitológico, y pulsional, algo que podemos observar en su serie sueños, creados a plumilla. Una serie en blanco y negro, que cuando se expuso en los finales de los ochenta en Madrid, «dio mucho que hablar, a la gente le resultaban un poco escandalosas. A mí, ya no me parecen fuertes estas obras de mi padre, pero es cierto que no es una pintura decorativa. Su trabajo está cargado de crítica, de ironía, de sufrimiento…»

La muerte, el sexo, el sacrificio, se huelen en su obra como parte de un mundo interior que el artista sublimaba en sus lienzos dejando fuera de sí mismo, fantasmas, y tormentos, pero también toda la educación cristiano fraquista que dejaron ese poso en el pintor.

‘Serie sueños’

La madera: pintura y escultura se abrazan en el lienzo

Hacia sus cincuenta años, Sergio Vázquez entró en un universo plástico, donde la pintura y la textura se fusionan, y su trabajo son piezas en gran formato de influencias cubistas, con marcadas formas geométricas, que nos recuerdan en algunos casos a obras de Picasso, de Juan Gris, pero abriendo camino en un mundo conceptual, donde los títulos de las obras están cargados de simbolismo.

Piezas cuyos títulos nos invitan a darle una vuelta al trabajo del autor, a pensar lo que no está dicho en el lienzo. El texto cobra un protagonismo en su obra, donde lo poético también nos interpela como espectadores. 

‘Recuerdos’

En esta etapa la obra, está plagada de títulos que nos hacen pensar en un momento crítico de la vida, ‘Después nada’, ‘No Hay esperanza’, ‘Opresión’, sus títulos nos llevan a plantearnos una serie de cuestiones sobre lo que cargamos cada uno en la vida, … pero si no leyésemos los títulos su obra lo que muestra es un deseo de abrazar la materia.

«La obra de mi padre bebe de todo lo que transcurría en su vida, en su pensamiento… mi padre se encerraba en su estudio y leía horas, su trabajo es metafísico, filosófico, con un toque existencial. Es un artista que supo plasmar su pensamiento en su obra».

Esto quizá, es lo que hace que su obra sea viva, no se apunta a las tendencia, evoluciona de la mano de su autor, y nos interpela como nuestra propia vida.

Esta etapa de su obra, y de su propia existencia, terminó dejando paso a la luz y el color en la propia madera que comienza a cobrar tonalidades más claras, con títulos más luminosos como ‘Claro de Luna’, donde se deja ver que el pintor va resolviendo su propia crisis.

 

«Mientras otras familias iban a la playa a tomar el sol, nosotros paseábamos y ayudábamos a mi padre a recoger restos de palos, de maderas que dejaba el mar en la orilla. Mi infancia huele a pigmentos con polvos de colores», Marta, comenta momentos de su vida, mientras llegamos a la parte final de la muestra. En el trayecto paseamos entre esculturas, el artista también creó piezas independientes, más pequeñas, cargadas de curvas y forjadas con metal.

Última etapa: una obra con estructura circular

Sergio Vázquez, tiene en la actualidad 86 años, su familia quiso rendirle homenaje a su padre, en vida, «no entendemos porque siempre se hacen las retrospectivas cuando los artistas ya no están», con muchos años a sus espaldas, el pintor empieza poco a poco a olvidarse un poco de sí mismo… Sus últimos lienzos, son una vuelta a sus plumillas iniciales.

Lienzos en gran tamaño en blanco y negro, con una fuerte carga simbólica cristiana. Una reinterpretación de escenas bíblicas de la vida de Cristo, representadas por hombres normales. Una metáfora donde el autor convierte a los hombres en parte de héroes mesiánicos, que se enfrentan a la crueldad, el absurdo de la existencia, y la propia muerte.

‘Crucifixión’
‘Autorretrato’

Marta me conduce por la segunda sala de la exposición, y me va parando ante las obras de su padre, su forma de mirar el trabajo de su progenitor es totalmente cotidiana, pero también y todavía, sorprendida por todo lo que revela, «Es increíble el mundo interior que tenía y lo que él debía de sufrir. En la pintura dejaba sus fantasmas, sus temores, su miedo a la muerte- quizá-… En su vida, él era sencillo, afable, tranquilo, está claro, que él encontró el espacio donde dejar salir todo lo que llevaba dentro».

El recorrido llega al final, pero también al punto de partida. Profundamente conmovida con la obra de Sergio Vázquez, y todavía respirando una de esas trayectorias, que como suele ser en el caso de los grandes artistas, necesitan su tiempo de digestión.

 

 

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