
RAÚL SALGADO / MERO BARRAL | Ferrol | Jueves 15 junio 2017 | 20:30
Sin prisa, pero sin pausa. La terraza de «O Alpendre» se anima con el paso de los minutos. Bebida y algo que llevarse a la boca, bajo el sol o entre sombras. Noel González, «Pichu», es su responsable. Se acerca a la caseta de socorrismo, al pie de su local, para dar la mano en el primer día de los vigilantes.
Acude por si «necesitan cualquier cosa», desde «agua caliente» a elementos propios de cualquier «botiquín, todo lo que se puede». Afirma que en el último mes, con varias jornadas de buen tiempo, ha llegado a contabilizar «unas 50 picaduras de escarapote». La ausencia de ayuda profesional más allá del verano les deja como punto de auxilio.
Eso sí, también admite que su contribución encuentra a veces una respuesta poco agradecida porque esa labor se llega a considerar «como regla» y se les exige. Y no es su tarea verdadera. «A veces», dice tras charlar con los nuevos vecinos, «nos lo ponen difícil».

Marcos García, uno de los socorristas, abunda en el hecho de que en «años anteriores siempre hubo embarcación; ayudaba bastante, pero desde hace tiempo no la hay». Aunque «se ha pedido, es muy complicado» que se doten de la misma pese a que hay «gente que tiene capacidad de llevarla». No en vano, «puntuaba tener esa formación» en el proceso de selección.
«Estará en desuso, no sabemos», concreta. El nadador, uno de los que dio la cara tras el suspenso colectivo a los aspirantes a vigilante en las pruebas prácticas, considera que se ha podido pasar página tras el sabor agridulce de aquel error: «Pidieron disculpas, cosa que tenían que hacer o iban a tener algún problema».
Ahora «parece que está arreglado» y que habrá «otra convocatoria» para cubrir las vacantes. Esperan tener novedades al respecto «de aquí a unos días», pero sostiene que el verdadero «problema es poder trabajar en las condiciones que necesitamos».