REBECA COLLADO | Ferrol | Miércoles 10 marzo 2021 | 21:47
La jornada de huelga general en Ferrolterra, Eume y Ortegal busca dar un golpe en la mesa y llamar la atención de la Xunta de Galicia y el Gobierno central para que se pongan a trabajar para salvar estas comarcas. Los puntos claves: carga de trabajo para el naval, una transición ecológica justa sin pérdida de puestos de empleo, proyectos de energías renovables e inversiones en proyectos e infraestructuras.
Entre consignas de «arriba a loita da clase obreira», «Feijóo, escoita, Ferrolterra está en loita», «Amador, Daniel, a loita continúa» o «aquí está, aquí se ve, a clase obreira galega en pe», preguntamos a algunas de las personas participantes en la manifestación los motivos para acudir a la protesta.
«Está pechando todo, desde San Cibrao ata Ferrol. Estamos sen carga de traballo e a xente precisa un futuro», asegura una chica joven preocupada por la falta de oportunidades laborales en la zona. «Apoio a xornada de folga pola situación económica e social que temos na comarca», nos cuenta un hombre que también se habla de la pérdida de población que sufren desde hace décadas las comarcas.
Una madre con su hija de la mano recorre la Carretera de Castilla en manifestación «para pedir traballo digno. Esta comarca leva moitos anos afectada pola perda de emprego e quero que a xente nova e de todas as idades teña unha saída laboral. Temos que levantar o país».
En nuestro camino también charlamos con un señor que ha perdido la cuenta de las manifestaciones que ha secundado. «Esto se está muriendo y tenemos que hacer algo. Hay que salir a la calle para defender el futuro de nuestros hijos, de nuestros nietos, para que se puedan quedar aquí».
Además, hablamos con un grupo de jóvenes que no dudan en asegurar que «aquí no hay trabajo, tarde o temprano nos tendremos que marchar». Y, por último, una mujer nos responde contundente «os motivos? Hai de sobra, so hai que ver como está a comarca, non hai máis que dicir».
Y es que ciertamente los motivos ya son innumerables. Tantos como los casi 2.000 despidos en la industria auxiliar de Navantia, los cierres de Poligal o Gamesa, la sentencia de muerte de Endesa, el goteo constante de expedientes de regulación de empleo en pequeñas y grandes empresas, la falta de inversiones en infraestructuras o la sangrante pérdida de población en las comarcas.