
TEXTO Y FOTOS: ALICIA SEOANE| Ferrol | Lunes 1 febrero 2021 | 18:47
Seguramente las has visto revolotear al fondo, iluminadas por el tragaluz, proyectando sus propias sombras aladas. Las habrás visto planeando en los rincones, asediadas por cucharillas volantes, somo en un sueño del que despiertas con el primer sorbo del café que sirven en el Lusitania, la céntrica cafetería ubicada en la calle Real de Ferrol.
Las instalaciones de las golondrinas y las tazas de café aladas que se encuentran en su interior no solo no han pasado desapercibidas, sino que se han convertido en uno de los emblemas del local. Sin embargo, son pocos los que saben que ambas son obras de una de las artistas ferrolanas más internacionales: Pamen Pereira (Ferrol, 1963).

La descubrí mientras hacía una formación en el Museo de Arte Contemporáneo Unión Fenosa (MACUF), cuando el catálogo de su estancia en Japón cayó en mis manos y me quedé enganchada a su trabajo. Ver su obra es como respirar.
El catálogo habla de vacío, de filosofía, de muerte, de silencio. En una de sus páginas, un poeta amigo de Pamen, Kousako Chukai, escribe:
Fantasías de febreiro
5 de febreiro de 1997, Sapporo
…
Neva
Sucos e ondulacións debúxanse polas rúas superficialmente conxeladas.
os taxis avanzan serpeando,
a penas se albiscan as cores verde e vermella dos semáforos.
…
As palabras de Pamen Pereira —«Ten» e «Mu»*— lévanme.
Creo que o lugar da exposición queda cerca;
…
Apéome con moito tento para non esvarar.
…
*En xaponés «Ten» significa ceo, firmamento, providencia, deus, paraíso, olimpo. «Mu» significa nada, a nada, o principio, xénese.

La obra de Pamen está más vinculada a la filosofía que a la estética. En general, el arte por lo estético o decorativo no le interesa. Lo que le interesa, como ella misma explica, es «esa otra cosa». Algo a donde no se llega con la palabra y que en su trabajo es producto de sus propias vivencias.
«Creo que si no hubiera encontrado eso me hubiese dedicado a otra profesión. Mi vida va vinculada a mi trabajo, lo que hago es producto de mi interacción con la vida, las personas y las cosas. La atención a lo que sucede alrededor, a los otros, a mí».
Pamen fue una de esas adolescentes que arrastraban cierto sufrimiento existencial, una carga de vivir. Por suerte, su propia evolución la ha llevado a convertirse en una mujer vital, pudiendo dejar atrás esa emoción de sufrimiento inicial.

Se marcha con dieciocho años a estudiar Bellas Artes a Valencia, con la necesidad de encontrarse en un lugar donde no la conociese nadie. En aquel momento la carrera no existía en Galicia y la capital valenciana era una ciudad que le permitió centrarse en lo que ella quería.
«El arte para mí es una vía de conocimiento, pero también es una forma de estar en el mundo. Para mí fue una elección de vida y me siento afortunada porque he podido vivir de ello. Pero no es una vía para alimentar mi ego, que también lo tengo, sino el resultado de un proceso, de lo que realmente trasciende a mi persona», explica.
Durante su etapa de estudiante entra es contacto con el mundo del Zen y, atraída por esta filosofía, decide solicitar una beca para poder ir a Japón. A Pamen le interesaba hacer una estancia en un monasterio de esta escuela budista y pudo estar dos semanas en el templo Eihei-Ji, situado a 10 kilómetros de la ciudad de Fukui.

Entremedias de esas dos semanas, Pamen tuvo que pasar otros siete días en un monasterio cercano antes de regresar al primero. Recuerda que nadie apostaba porque rematase la experiencia, ya que el ingreso en este tipo de monasterios requiere de mucha disciplina, pero lo logró: «Yo me sorprendía de lo fácil que me resultó el aprendizaje del japonés y la facilidad que sentí a la hora de adaptarme. Me sentía feliz, como si fuese mi propia cultura, no lo sentía como nada raro».
La experiencia y el interés en el tema de la muerte estaban presentes antes de conocer esta cultura. «No se puede entender la vida si no se entiende la muerte», afirma. En su trabajo siempre están presentes las raíces, los huesos de animales muertos. Es un trabajo que bebe de la vibración de la vida y de la propia materia. Lo que le interesa es el arte partiendo de la comprensión y la vivencia personal.
De esta etapa hay una pieza elaborada en pan y titulada Mu que representa el vacío entendido como un vacío creador. Esta obra fue especial para ella puesto que el Mu está presente en la mayoría de los sutras del zen.

El crítico Miguel Fernández Cid ha dicho, sobre su exposición La mujer de piedra se levanta y baila, que tiene una carga poética no pretendida. Su obra desborda poesía sin ser de forma intencionada. Como explica la propia artista en el catálogo de su exposición, el título está extraído del Hôkyô zanmai, el Samadhi del espejo del tesoro, un texto de la tradición zen que surgió en la dinastía Song. Ella extrae esa frase, la actualiza y la propone como una recuperación empoderamiento de lo femenino.
«Levantarse y bailar para transformar la materia en engendrar algo nuevo que va más allá de quién soy yo y de qué es la materia original para que la piedra, lo pesado, la montaña, la materia primera aparentemente inerte, no solo se levante sino que se lanza al baile. Me resulta especialmente emotiva esta referencia a lo mágico, a que todo lo tocado con la varita del espíritu cobre vida. Esa energía transformadora, origen del origen, es el fuego interior de la tierra y de nuestro cuerpo».
El trabajo de Pamen es vital, orgánico y está rodeado de magia. Algunas piezas parecen flotar suspendidas en el aire, como No hay orilla, 1997. Otras contienen huesos, esqueletos o raíces (Yo soy el error, 1989), en otras piezas consigue registrar el fluir del mar y hacerlo gravitar en una pecera atraído por la fuerza de un imán, como en Tampoco el mar duerme, 2015.
Su trabajo genera esa magia y asombro propio de las meigas que saben transformar su vivencia en una obra a la que también el espectador llega desde su propio vacío.
Su trabajo emana el mismo misterio con el que fue creado.

Con el tiempo la obra va orientándose hacia un impulso atávico, eso que está más allá de lo originario o primitivo. Su última exposición, que se pudo visitar en la galería Trinta de Santiago de Compostela el pasado mes de octubre, Rewired, ya bebe de nuevas experiencias en África; en concreto, de un viaje a la zona de Tanzania y Mozambique. De hecho, actualmente colabora con una fundación tanzana para construir una escuela de arte para niños dirigida por mujeres.
En este momento hay una vuelta a lo originario que le lleva a volcar su energía en África; pero curiosamente también le hace tener más ganas de venir temporadas a Ferrol: «Sigo manteniendo mi vínculo con mi estudio de Covas. Siempre he tenido ganas de pasar temporadas allí y ahora aun lo siento con más ganas porque echo de menos a los míos, a mi familia».
Otro de sus vínculos con Ferrol es de amistad. El sentimiento que le une con el poeta Karlotti, artífice de la Semana da Poesía Salvaxe, que ha escrito y colaborado en los catálogos de Pamen en varias ocasiones. No puede haber un final mejor para nuestra charla que el que encontramos en sus versos.
Si por añadidura, tengo cuidado
con nombrar el rumor del mar,
el mar
es un pez.
Ante ti
no hay temor
de que se hunda el mundo
aunque entre un tic
y
un
tac
cabe el universo entero.
