RAÚL SALGADO | @raulsalgado | Ferrol | Sábado 22 noviembre 2014 | 19:56
Las individualidades volvieron a ayudar a un Racing que adolece de lagunas de grandes dimensiones en un juego defensivo en clara contradicción con el brillante esquema ofensivo. El Racing tiró de sus puntales y se hizo con la victoria por 4-3 ante el Valladolid B en A Malata, con tres goles de un imparable Pablo Rey y un tanto no menos destacado del ortegano Marcos Álvarez.
Supo parar el partido al regreso de los vestuarios el cuadro de Manolo García, pero citar la palabra vértigo para hablar de la primera mitad supone quedarse corto. Optó el técnico por dejar al vital Iván Forte en el banquillo y recuperar ya de inicio a Iosu Villar junto a Jonathan Aspas. Resistió Diego Maceira con un nivel muy elevado, se mantuvo un ausente Antonio López y Adrián Cruz decayó tras un aceptable primer tiempo.
Mientras, Marcos Álvarez y Dani Rodríguez apoyaron a Joselu y, sobre todo, a un Pablo Rey para el que ya no hay calificativos. El duelo era vital tras el golpe deportivo y anímico de Guijuelo e implicaba medirse a un filial pucelano joven, carente de presión mental y con buen equipo. El intercambio continuo de posiciones caracterizó los minutos del estreno ante un rival que no asustaba.
El inicio
Cambiarían radicalmente las cosas, más que pudieron hacerlo todavía. Mientras Iosu Villar regresaba con ímpetu al césped tras sus molestias físicas de estas semanas, Adrián Cruz ya retaba en el minuto 4 al portero castellano, que agarraba el balón como podía. Brotaba agua por todos los poros tras un día de lluvia insistente, causante de una flojísima entrada al pie de la ría.
Joselu, amordazado por sus contendientes, dejó ocasiones puntuales muy ribereñas con la meta visitante, pero volvió a situarse por debajo de lo esperado y conectó con dificultades con sus compañeros. Deslumbró Marcos Álvarez en el 12 al subir el primer gol a pase de un veloz Diego Maceira, que cojeó al filo del descanso, acaso por el dolor en una uña que ya le afectó esta semana.
Pablo Rey ya sobresalió en el 16 con un excelente segundo gol, pero las sorpresas llegaban como regalo de Navidad para los del Promesas. La defensa verde quedó directamente borrada y dos grandes tantos fueron casi a la basura, empatando el Valladolid B en apenas dos minutos por mediación de Javi Navas (minuto 20) y Jorge Hernández (22).
Los valores al alza
Un Diego Maceira simplemente irresistible y espectacular con velocidad de proyectil, escuchado en la grada, resultó arma adecuada para ganar la batalla. El ortegano Marcos Álvarez, como de costumbre, rindió al límite y fue sustituido en el 35 de la segunda para no forzar más. Solvente y comedido, Jonathan Aspas inyectó otra jornada más su experiencia, tesón y veteranía, que aplica en oportunidades determinantes.
Los dos goles del Valladolid B se debieron a errores palmarios de un trazado defensivo desdibujado, que causó nervios al respetable con los primeros silbidos tímidos y un tembleque evidente a los racinguistas. Pecaron de nerviosismo y estuvieron a punto de conducir el marcador a la debacle en una sucesión de jugadas de vértigo ante un once esquilmado.
Manolo García se arqueaba víctima de la impotencia e Ian Mackay recurría a solas a puños y botas para evitar lo que parecía cercano. Del atronador griterío a quejas incipientes que luego se diluirían por Rey Cabarcos, que obligó al aplauso con su tercer gol en el 43. Antes, ausencia de acierto e incursiones inoportunas sobre el tapete.
Peligro visitante
El balón se paseaba y la locomotora pucelana avanzaba sin pudor. Y sin rubor. Empatar obligó a empezar de cero, pero con mucho esfuerzo ya en la mochila, aunque el último tanto de Pablo Rey en el 54 despejó dudas y dio paso a un encuentro más tibio. Disparos altos y largos tras un juego inicial bien trazado y menos espacio todavía para la improvisación.
Todo estaba alocado: defensas al ataque, delanteros en la retaguardia. Las ilusiones ópticas de Joselu no legaron choques con la red, como tampoco sus apoyos al capitán y sus arrebatos en solitario. Un penalti al filo del 90 acercó a los visitantes (4-3), pudo haber otro sobre el recién incorporado Adrián Dalmau y el susto continuo se apoderó de la prolongación.
La entrada de Iván Forte ayudó a mantener la calma, pero la actuación arbitral tampoco es que contribuyese al sosiego entre los parroquianos. El Racing quiere asomarse, todavía sin contundencia, a la parte alta de la tabla del grupo primero de Segunda División B. La próxima semana, visita a la cancha de la UD Logroñés.


