La derrota en A Malata no admite paños calientes. El 0-5 encajado por el Racing de Ferrol ante el Real Madrid Castilla no fue solo un tropiezo: fue una renuncia abierta a competir, una actuación que dejó a los más de 4.600 aficionados racinguistas con una sensación que va más allá del enfado, rozando la vergüenza.
El partido quedó resuelto demasiado pronto, pero lo verdaderamente preocupante no fue el marcador, sino la ausencia total de respuesta. El Racing no estuvo en ningún momento. Sin tensión, sin orden, sin alma. El primer golpe, obra de Alexis Ciria en el minuto 18, encontró a un equipo ya desdibujado. El segundo, de Jacobo Ortega en el 26, confirmó que lo de A Malata no era un accidente, sino una deriva. Antes del descanso, Cesar Palacios y Pol Fortuny ampliaron una brecha que no solo era futbolística, sino también de actitud.
Porque lo que más dolió no fue encajar cinco goles, sino la imagen de un equipo apático, sin ideas, sin compromiso ni el más mínimo rastro de esfuerzo colectivo. Ni orgullo, ni reacción, ni una señal que permitiera al aficionado agarrarse a algo. Nada. El segundo tanto de Pol Fortuny en el 69 cerró la goleada, pero el partido llevaba mucho tiempo terminado… si es que alguna vez empezó para los locales.
Hace apenas un mes, desde la dirección deportiva se apelaba a “Unión, Humildad y Ambición”. Hoy esas palabras suenan huecas. Lo visto sobre el césped fue justo lo contrario: desunión, falta de humildad en el esfuerzo y una alarmante ausencia de ambición. Este Racing no compite. Y cuando un equipo deja de competir, todo lo demás carece de sentido.
Las cifras son igual de contundentes que el marcador: 9 puntos de los últimos 30 posibles, con tres empates y dos victorias. Números de equipo que mira más al descenso que al play off. Y esa es la realidad que empieza a imponerse sin discusión. El Racing de Ferrol se descuelga de la lucha por la promoción y, a falta de seis jornadas, comienza a sentir demasiado cerca el aliento de los puestos de peligro.
Lo más inquietante no es solo la clasificación, sino las sensaciones. Este equipo transmite que puede perder contra cualquiera, en cualquier campo, sin ofrecer resistencia. A Malata, que tantas veces empujó y sostuvo, asistió esta vez a una desconexión total entre equipo y grada.
Quedan seis jornadas. Seis oportunidades para reaccionar. Pero, a día de hoy, lo visto invita a pensar más en sobrevivir que en aspirar. Y eso, en una plaza como Ferrol, es inaceptable.
