Publicidad

22 personas y ocho arcos: así nació el Club Arco Narón hace 25 años

Las flechas salen casi al mismo tiempo. El silencio apenas dura unos segundos antes de que los impactos rompan la calma del pabellón. Lúa, Paula y Lía vuelven a tensar el arco. Al otro lado de la línea de tiro, Pablo Grandal observa cada gesto, corrige una postura y mide el siguiente entrenamiento.

Cinco días a la semana. Dos horas diarias. Cuando el tiempo lo permite, también los fines de semana desde casa.

«Intentamos aprovechar al máximo las dos horas que tenemos. Incluso estamos limitados si nos comparamos con otros clubes de España. Cuando pueden, entrenan también en casa para completar la carga de trabajo», explica el entrenador.

La escena refleja el presente del Club Arco Narón, pero para entender cómo ha llegado hasta aquí hay que viajar veinticinco años atrás.

Un cursillo que cambió la historia del deporte en Narón

Junio de 2001.

El Estadio Municipal de Río Seco acogía un curso de iniciación al tiro con arco organizado por la Federación Galega de Tiro con Arco a petición del Concello de Narón. Durante dos fines de semana, enseñaban a un grupo de vecinos un deporte prácticamente desconocido para la mayoría.

Aquellos cursos eran habituales.

También era habitual que el interés desapareciera casi tan rápido como había llegado.

«Empezaban veinte personas el primer sábado. Al domingo siguiente quedaban quince. El siguiente fin de semana ya eran diez y al acabar el curso seguían cinco», recuerda Anxo Grandal, presidente del Club Arco Narón.

Pero Narón rompió todas las estadísticas.

Los alumnos no solo permanecieron hasta el final, sino que 22 personas pidieron continuar practicando el deporte. «Nunca nos había pasado algo así. Dijimos: esto no puede quedar aquí.»

Aquella respuesta llevó a los organizadores a reunirse con el entonces concejal de Deportes, Manuel Polo, para proponer la creación de una Escuela Deportiva Municipal de Tiro con Arco.

La respuesta fue un sí.

Durante el verano se preparó toda la estructura técnica y económica para poner en marcha la escuela al comienzo del siguiente curso. Pero pronto surgió una necesidad evidente: hacía falta una entidad federada que pudiera gestionar licencias, seguros, competiciones y el funcionamiento diario.

Así, durante la primera quincena de julio de 2001, nacía oficialmente el Club Arco Narón.

Cuatro parapetos, ocho arcos y mucha ilusión

Los comienzos poco tenían que ver con las instalaciones actuales.

No había grandes recursos ni abundaba el material. «Éramos cuatro parapetos, ocho arcos y veintidós personas. La gente hacía cola para disparar. Uno terminaba, dejaba el arco al siguiente y así empezamos.»

Lo que nunca faltó fue trabajo.

Porque detrás del proyecto había una familia completamente implicada.

Anxo y Pitusa, matrimonio y fundadores del club, levantaron desde cero una entidad que hoy cumple un cuarto de siglo. Ella continúa entrenando a los más pequeños. Él sigue al frente del club. Su hijo, Pablo, dirige actualmente los grupos de tecnificación y competición.

Dos generaciones trabajando por el mismo proyecto: «De los que empezamos hace veinticinco años seguimos aquí nosotros. Nunca fue un trabajo. Siempre lo hicimos porque nos gustaba.»

 

Un deporte donde acaba participando toda la familia

Si hay una palabra que se repite constantemente cuando habla Anxo es familia, porque el tiro con arco no solo forma deportistas, sino que también acaba uniendo generaciones.

«Normalmente empiezan los niños. Los padres se quedan mirando. Al cabo de un tiempo les dices: “Venga, prueba un arco”. Y ya está. Cuando tiras la primera flecha, te enganchó.»

No habla solo de su casa.

En el Club Arco Narón es habitual encontrar padres, madres e hijos compartiendo entrenamiento. Familias enteras compitiendo juntas.

«Es un deporte que puedes practicar toda la vida.»

La cantera sigue creciendo

Veinticinco años después, el club continúa formando nuevos arqueros. Y, curiosamente, muchas son chicas.

Pablo Grandal tiene una explicación: «A partir de los doce o trece años es una edad muy buena para empezar a competir. Además, las chicas crean grupos muy fuertes. Una tira de la otra y eso hace mucho más fácil entrenar.»

Las sesiones son exigentes.

Cinco días de entrenamiento, preparación física, técnica y trabajo mental. Todo ello compatibilizado con estudios y vida familiar.

«Podríamos entrenar más horas, pero el tiempo que tenemos es limitado. Intentamos aprovecharlo al máximo.»

Ese trabajo ya está dando resultados: Ya hay una generación que sitúa de nuevo al Club Arco Narón entre los mejores de España en categorías inferiores.

El camino que abrió Iria Grandal

Mucho antes de ellas hubo otra niña que empezó disparando flechas en aquella escuela recién creada: Iria Grandal.

Nadie imaginaba entonces que terminaría clasificándose para los Juegos Olímpicos de Londres 2012, convirtiéndose en una de las pocas arqueras españolas que han logrado una plaza olímpica desde Barcelona 92.

«Pensábamos que iría a los Juegos cuatro años más tarde. Lo consiguió antes de lo que esperábamos», recuerda Anxo.

Pero el mayor legado de Iria no son solo los resultados, es seguir siendo una referencia cercana. Y es que cuando regresa al club no llega como una estrella.

Entrena con las niñas, habla con ellas, corrige posiciones y demuestra que una deportista de Narón también puede llegar a la élite mundial.

«Para ellas no es la olímpica. Es Iria.»

Veinticinco años acertando en la diana

Lo que comenzó como un simple cursillo municipal terminó convirtiéndose en uno de los clubes más reconocidos del tiro con arco gallego. Un proyecto que ha sobrevivido gracias al trabajo voluntario, al compromiso de una familia y a cientos de deportistas que han ido pasando por sus líneas de tiro.

Veinticinco años después, el Club Arco Narón ya no se mide por los cuatro parapetos con los que empezó.

Se mide por las generaciones que ha formado.

Por las familias que siguen compartiendo entrenamientos.

Por las niñas que hoy sueñan con repetir el camino de Iria Grandal.

Y por una historia que comenzó exactamente igual que empieza cada entrenamiento.

Colocando una flecha sobre la cuerda.

Y atreviéndose a soltarla.