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57 años de carrozas de Santa Comba: una tradición que Covas se niega a perder

Hay tradiciones que no necesitan grandes escenarios para demostrar que siguen vivas. Basta con que, año tras año, haya gente dispuesta a dedicar tiempo, trabajo e imaginación para sacarlas adelante. En Covas, las carrozas de Santa Comba llevan 57 años recorriendo la parroquia y este viernes 28 volverán a hacerlo con cientos de personas detrás.

La historia comenzó a finales de los 60, cuando los veraneantes de la zona pusieron en marcha una celebración que poco tenía que ver, en sus orígenes, con las dimensiones actuales. «La primera carroza era una figura del Cabo Prior y del Armista Santa Comba encima de un 600 y encima de un 850», recuerda Manuel Sendón, presidente de la AVV Santa Comba.

A partir de ahí, la cita fue creciendo. «Cada año más, cada año más, cada año más», resume Sendón. Hasta que, como ocurre con tantas celebraciones populares, llegaron también los momentos de dificultad. Hace alrededor de seis años la participación comenzó a resentirse y la pandemia terminó de poner en jaque una fiesta que, sin embargo, consiguió mantenerse.

«Ahora mismo estamos tratando de revitalizar otra vez el evento», explica el presidente de la asociación. El trabajo de los últimos años está dando sus frutos y la participación se mueve actualmente entre ocho y diez carrozas por edición.

Entre 220 y 230 personas detrás del desfile

Este año serán aproximadamente 220 o 230 las personas que participarán directamente en las carrozas, aunque la cifra puede variar. Algunas agrupaciones reúnen a 45 integrantes, otras a 33 o 30, y a ellas se suman personas que, aunque no formen parte de la estructura de la carroza, se incorporan al desfile para acompañarlas.

Pero el número de participantes solo cuenta una parte de la historia. Detrás de los vehículos hay semanas de preparación, y en algunos casos un mes entero de trabajo.

 

Porque las carrozas no llegan hechas. Tampoco lo hacen los disfraces. «La gente el vestuario lo hace, no lo compra», señala Sendón. Cada grupo prepara sus propios trajes y trabaja en la puesta en escena mientras, al mismo tiempo, da forma a la estructura que después recorrerá Covas.

Y tampoco resulta sencillo conseguir hoy los medios necesarios. «Antiguamente había muchos medios aquí, porque había tractores, había remolques, había todo», recuerda. Ahora apenas quedan esos recursos entre los vecinos y es necesario alquilar plataformas, lo que hace que organizar el desfile sea más complicado y también más caro.

Aun así, se hace.

El secreto mejor guardado

Una de las preguntas más habituales antes del desfile es qué se podrá ver este año. La respuesta de Sendón es clara: no suelta prenda.

Las temáticas de las carrozas permanecen ocultos, incluso para quienes están al frente de la organización. «Es un secreto de sumario y cada uno lo guarda celosamente», bromea.

Ni siquiera los nombres de las agrupaciones permiten siempre averiguar qué están preparando. Y ahí reside parte del atractivo del desfile: esperar hasta que las carrozas aparezcan para descubrir el resultado de semanas de trabajo.

Una fiesta que nació como romería

Las carrozas son hoy el elemento más reconocible de una celebración que se prolonga durante varios días, pero la tradición tiene un origen todavía más ligado a la vida vecinal.

La fiesta de Santa Comba, explica Sendón, se celebraba antiguamente en la explanada situada antes del Armista. Allí llegaban las carrozas, se organizaban comidas y los vecinos acudían de romería.

Los tiempos cambiaron y mantener allí la celebración dejó de resultar sencillo. Por eso, desde hace años, la fiesta se desarrolla en el entorno del atrio de la iglesia, una ubicación que la asociación considera la más adecuada.

 

También existe otro espacio que podría acoger la celebración, el campo de As Cabazas, pero la organización apuesta por mantenerla en el núcleo urbano. El motivo tiene que ver también con la hostelería local, ya que los establecimientos se encuentran en esta zona y son parte de los negocios que se benefician de la llegada de visitantes.

«Hay que trabajar también para todo el mundo», resume Sendón.

Un desfile que reúne a miles de personas

El esfuerzo tiene una recompensa que se mide también fuera de las propias carrozas. El desfile atrae a vecinos, familias y visitantes y convierte Covas en un punto de encuentro.

Desde que las agrupaciones parten de Prior hasta que finalizan el recorrido, son cientos las personas que participan directamente en la celebración. Y una vez en el núcleo, la organización estima que pueden llegar a concentrarse cerca de 2.000 personas.

«Realmente es un evento que atrae gente», apunta el presidente de la AVV Santa Comba.

Después de 57 años, quizá esa sea la mejor explicación de por qué las carrozas siguen saliendo. No hay una fórmula mágica detrás de su supervivencia. Hay vecinos que se organizan, personas que dedican semanas a preparar un disfraz, plataformas que hay que conseguir, estructuras que construir y grupos que vuelven a reunirse cada verano.

También hay nuevas generaciones que se incorporan y una comunidad que, año tras año, decide que la tradición merece otro desfile.

Este viernes 28 de agosto, las carrozas volverán a recorrer Covas. Serán entre ocho y diez agrupaciones, con más de 200 personas implicadas y miles de espectadores al otro lado del recorrido.

Y, como siempre, habrá que esperar hasta que aparezcan para descubrir qué han preparado.

«Esperamos tener suerte» con el tiempo, dice Sendón. Lo demás ya lo han puesto los vecinos.