ALICIA SEOANE | Martes 26 de agosto de 2025 | 14:10
Eduardo Hermida es un artista polifacético, internacionalmente reconocido por ser el creador del Festival de arte urbano: ‘Las Meninas de Canido’. El festival que comenzó siendo una reunión de artistas que se expresaban en paredes de las calles del barrio, hoy es un festival reconocido no sólo en España.
Eduardo ha viajado por toda Europa hablando y dando conferencias sobre el fenómenos de ‘Las Meninas’ y como el arte urbano puede intervenir en la transformación pública de los espacios.
Su estudio es un espacio lleno de color, más que un estudio parece una casa, donde el artista convive con su obra, pero también un espacio en el que recibe a paseantes curiosos que se acercan a diario a preguntar donde pueden localizar las Meninas, o a charlar con el propio Eduardo.
La entrevista la terminamos despidiendo a unos ingleses que entraron y salieron de su estudio con miradas curiosas que acechaban cada una de las piezas que cuelgan de las paredes de su espacio.
Repasamos los inicios de una trayectoria artística que sigue en ebullición. A sus 60 años, Eduardo tiene ganas de seguir experimentando y desarrollándose en su carrera artística.
ALICIA SEOANE._ Cuando comenzaron las Meninas, ¿imaginabas que se convertirían en lo que son hoy?
EDUARDO HERMIDA._ El origen de las Meninas fue una historia de amor entre un artista y su barrio o su entorno. No tenía ni la percepción de crear un festival ni de que llegase a donde está llegando. Son como piezas de un engranaje que se van uniendo y va apareciendo un montón de gente que al final también marca el propio proyecto.
Mi idea inicial era juntarnos una serie de amigos artistas con una inquietud común: utilizar el espacio público urbano para la creación. La razón principal era esa, quedar la primera semana de septiembre y marcar esa fecha como punto de encuentro entre nosotros.
A.S._ ¿Había otros artistas que te acompañaban en esa primera experiencia?
E.H._ Yo empiezo todo con mi hija, Estrella. Las primeras pinturas las hice con ella; me sujetaba los botes. Luego se sumaron Gustavo, que era alumno, y Abelino Castro, un aficionado a la pintura que vivía en nuestra misma calle. Ellos me ayudaron en esa primera intervención, cuando decidí pintar las paredes de las casas abandonadas en el trayecto entre mi casa y el colegio de mi hija.
Yo vivo en Alonso López y había un montón de casas abandonadas. Mi idea era intentar hacerle más confortable su vida. Para mí fue un acto egoísta haber decidido vivir en Canido, pero parte de mi historia estaba vinculada al barrio. Yo había nacido aquí, mis padres vivían aquí y me compré la casa que había sido de mis abuelos.
A.S._ Es decir, te sentías muy enraizado a este barrio, con tu infancia y la de tu familia…
E.H._ Sí, todo es una prolongación de mi infancia, o el sueño de aquel niño que pintaba las primeras paredes. Yo era un niño poco dado al deporte, nunca me elegían para jugar al fútbol, pero mi abuelo me regalaba tizas de colores y yo pintaba en las paredes. Dibujaba a mis amigos, a sus padres viéndolos jugar, y así me ganaba el cariño de todos.
Recuerdo una pared en la que dibujaba de niño al público que veía jugar al fútbol. Aquella pared es una de las primeras paredes que empezamos a pintar 50 años después….
A.S._ ¿Cincuenta años después?
E.H._Claro. Las pinté con 10 años, con tizas, y 50 años después las volví a pintar. Y es significativo porque la tiza, como el arte urbano, es efímera, se va deshaciendo con la lluvia. Esa repetición tiene mucho sentido para mí.
A.S._ Cuando surge la idea inicial de las Meninas, había también una necesidad de reivindicar la identidad del barrio… es curioso cómo ha cambiado Canido desde que empiezan las Meninas, ¿no?
E.H._ En 2008 a nadie le interesaba rehabilitar viviendas. Al contrario, para muchos propietarios eran un marrón, ruinas sin sentido. Lo mío era más la escenografía que generaba esa ruina, como una ciudad castigada por la guerra más que un espacio habitable.
Canido era un sitio muy envejecido y despoblado. Vivía mucha gente mayor y había muchísima vivienda vacía, descuidada, sin ningún valor. Yo recuerdo que mi casa me costó 12.000 euros, y los alquileres rondaban los 70 u 80 euros.
Tampoco había gente joven que quisiese vivir aquí. En el cruceiro, en el colegio de mi hija, había poco más de cien niños matriculados. Hoy son unos 400, se ha multiplicado por tres o cuatro la población del barrio.
A.S._ ¿Crees que el proyecto de las Meninas influyó en ese cambio?
E.H._ Creo que es indudable. No lo puedo decir yo porque sonaría vanidoso, pero el proyecto ha influido muchísimo. Se ha creado un espacio cultural y artístico internacionalmente reconocido.
Obviamente hay muchas cosas que también han influido en el cambio que ha dado Canido. La pandemia, por ejemplo. Nos recordó el valor de tener un huerto detrás de casa, de respirar aire puro. También el sentido tradicionalista que tenemos en Canido, de vivir el barrio como una gran familia. Con las Meninas abrimos las ventanas y mucha gente descubrió que este era un sitio maravilloso para vivir. Hoy apenas quedan casas vacías.
A.S._ Pero también ha traído la problemática de la gentrificación y el encarecimiento de la vivienda…
E.H._ Sí, pero no creo que sea solo por las Meninas. No es un fenómeno que solo suceda en Canido, es un fenómeno mundial. En Caranza, sin arte urbano los precios se han multiplicado por cinco. Es la ciudad entera la que ha adquirido atractivo. Me alegra que nos demos cuenta de que Ferrol mola, cuando antes éramos los primeros en criticarlo.
A.S._ ¿Entonces entiendes que el arte puede mejorar la vida de las personas?
E.H._ Se ha demostrado que sí. Estéticamente cambia nuestra visión de la realidad. En la pandemia todo el mundo quiso tocar un instrumento, escribir o pintar. El arte aparece cuando lo necesitamos de verdad, aunque casi nunca seamos conscientes de su importancia hasta que la vida aprieta.
A.S._ Y en los últimos años, ¿cómo ves la evolución del arte urbano?
E.H._ Ha dado un salto brutal. Yo tuve la suerte de iniciar el proyecto justo en ese momento. El arte urbano ya no es marginal: es respetado y dignificado. En esta edición incluso queremos traer a los primeros grafiteros, los que escribían en los 80 escondidos y hoy trabajan a la vista de todos.
A.S._ ¿Cómo ves el futuro del festival? ¿Hasta cuándo pueden seguir las Meninas?
E.H._ No lo tengo claro. Yo quería llegar a los 20 años, y todavía creo que son necesarias porque aún quedan casas en ruinas y necesidades en el barrio. Además, la identidad que se ha creado es fuerte, y cada vez estoy más convencido de que fue una idea acertada.
A.S._ ¿Las Meninas se han convertido ya en un símbolo de Canido?
E.H._ Sí, sin duda. Están en los aparcabicis, en los rótulos de los bares, en las bolsas de chucherías… El propio barrio se ha identificado con ellas. Quizás lo más interesante es cómo un barrio puede generar un símbolo a través de algo creado colectivamente.
A.S._ Pero dices que también cargas con mucha responsabilidad. ¿Lo sientes todavía como tu proyecto personal?
E.H._ Es mi obra, pero también es colectiva. Por eso creamos la Asociación Cultural Meninas, para que todos los artistas formen parte. Aun así, todo pasa por mí: desde lo que va a comer cada artista hasta hablar con el dueño de la casa que se va a pintar. Al final, sigo siendo el padre del proyecto.
A.S._ ¿Las Meninas son como tus hijas?
E.H._ Sí, esa es la mejor definición. Todo nació del amor hacia mi hija Estrella, y de alguna forma soy el padre de todo esto. Pero también me absorbe demasiado tiempo y me resta de mi obra personal.
A.S._ ¿Y cómo llevas esa relación entre tu obra personal y las Meninas?
E.H._ La acepto porque sé que es mi proyecto más conocido. Sin ellas sería un pintor local o gallego, con cierto respeto artístico, pero nada comparable. A veces me ahoga, porque mi nombre está ligado a ellas y me genera un conflicto con una parte determinada del barrio. Por un lado me enfrenta con una parte política del barrio… y yo quiero desconectar ese contenido político de las Meninas.
Y al final se acaba generando un conflicto político, tanto con partes nacionalistas, porque no entienden cómo esa representación de un pintor que de entrada no es del propio barrio, ni un artista gallego, se haya implantado… Y luego, por otro lado, con la asociación vecinal, que también tiene un contenido político muy marcado.
Entonces, no acabo de integrar ese fenómeno artístico que ha sucedido y que ha marcado tanto el barrio con determinadas partes sociales del propio barrio. Todo esto es algo que también me empuja a decir, ¡paro ya!

A.S._ ¿Qué te gustaría hacer si tuvieras ese tiempo para ti como artista?
E.H._ Lo tengo claro: quiero encontrar la fusión entre fotografía y pintura, en la que llevo trabajando diez años. Necesito un soporte en el que la materia pictórica y la fotografía dialoguen entre sí. Estoy cada vez más cerca de lograrlo, pero me falta tiempo. Entre las clases, los talleres, las Meninas… me cuesta avanzar.
A.S._ Comentabas que este año las Meninas vuelven un poco al espíritu originario del Graffiti
E.H._ Sí, este año las Meninas regresan a ese inicio del grafiti, un poco a esa idea inicial donde se escribían palabras, frases, firmas, vendrán artistas de los inicios de esta época y serán una Meninas un poco más literarias. También obligarán a tener que buscar cierta información a posteriori, a indagar un poco…
A.S._ ¿Cuál es tu Menina favorita?
E.H._Es complicado cuando a todas las sientes un poco como unas hijas, pero es cierto, que el año que murió Paula de Montopalco, escribí un texto para ella, que se acabó escribiendo en una pared y tuvo mucho valor para mí.
Tampoco puedo negar la importancia del vínculo con Hugo Lomas, Sphir, hoy las Meninas sin él no tendrían sentido, para mí es como un hermano, le ha dado monumentalidad a las Meninas, y me encanta ir viendo el proceso de las que hace cada año.
