«¡Detengan a Gaspar!»: el día que Ferrol acabó su cabalgata con solo dos Reyes Magos

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MARTA CORRAL | Ferrol | Viernes 6 enero 2023 | 13:14

Los lectores que acumulan más años quizás ya sepan esta historia o, tal vez, se les había olvidado y estén recordándola ahora. Los que eran pequeños en 1964 puede que estuviesen en la plaza de Armas aquel 4 de enero escuchando el discurso reivindicativo que le valió la detención al rey Gaspar y su puesta a disposición ante el alcalde de Ferrol. ¿Eras tú uno de los que aplaudió ese día a los Reyes Magos? Al resto, a los que no habíamos nacido todavía, esta historia nos va a descubrir una ciudad que ya no es, pero que se parece bastante a la que conocemos.

Esta suerte de cuento ferrolano del Día de Reyes está hilvanado con los recortes de periódico que guardaba Alfredo Martín ―puesto que en las hemerotecas digitalizadas poco se encuentra sobre el tema― y han sido sus hijos, Ana y Alfredo, los que me han cedido el material y me han puesto sobre los hechos el día que los entrevisté en el belén de la Orden Tercera. Y es que no todo el mundo sabrá que su padre, durante años, tuvo también la responsabilidad de organizar puntualmente la cabalgata de los Reyes Magos en Ferrol.

Para entender lo que sucedió tenemos que remontarnos al año 1963, cuando el alcalde de la ciudad, Rogelio Cenalmor (regidor entre 1963 y 1974), dio a conocer su intención de urbanizar parte de la Alameda de Suanzes con varios edificios de viviendas. Eugenio Pontón lo cuenta en un artículo publicado el 13 de diciembre en La Voz de Galicia, subrayando que la iniciativa pretendía vender esa zona del Cantón y usar la recaudación para mantener el resto de jardines porque, para sorpresa de los de cualquier tiempo pasado fue mejor, las zonas ajardinadas estaban totalmente descuidadas según varios testimonios de la época: «Hechas un asco», se puede leer en los recortes.

La obra de la discordia o el sino de Ferrol

«Al alcalde la idea le parece brillante, a los ciudadanos un poco menos. A mí, personalmente, me parece un disparate», escribe el periodista, observando que la tendencia internacional es la de crear zonas verdes en las ciudades para que sean «pulmones que sirven para respirar un aire oxigenado» y «el alcalde de El Ferrol pretende seccionar uno de estos pulmones de la ciudad ferrolana como si estuvieran atacados sin remedio por tuberculosis». Con todo, Cenalmor no habría presentado siquiera el proyecto formalmente, sino únicamente en corrillos, así que se tomó como un globo sonda para medir la respuesta pública sin saber que esa respuesta llegaría hasta de Oriente.

En este caldo de cultivo, viendo que la sociedad ferrolana era igual de propensa a las polémicas como lo es hoy en día, llegó el día 4 de enero ―que fue la fecha elegida ese año 64 para hacer la cabalgata― y Sus Majestades subieron al balcón central del ayuntamiento para saludar a las familias y dar su discurso. Gaspar se hizo con la palabra, explicando que había recibido unas «2.000 o 3.000 cartas de niños ferrolanos» que no le pedían juguetes ni regalos, sino que los jardines de Suanzes estuvieran cuidados: «Dijo que ellos habían visitado los jardines de Versalles, Babilonia, Berlín y Madrid y todos eran hermosos en contraste con estos (…), y en nombre de esos pequeños rogaba al señor alcalde que los pusiese bonitos».

Un referéndum infantil contra el alcalde

En este punto, el rey Gaspar interpeló a los chavales, preguntando si «queréis jugar al igual que hicieron vuestros padres y abuelos cuando fueron niños en los jardines de Suanzes» y anticipando que «no queréis casas porque sobran en Ferrol lugares donde hacerlas»: «¿Verdad que todos pediremos, suplicaremos al alcalde que no se hagan allí?», acabó diciendo el mago de Oriente ante una muchedumbre avalando sus palabras y ovacionándolo. Lo que no sabía es que ese regidor ante el que prometió suplicar no se iba a tomar bien sus palabras.

Los hermanos Martín recuerdan que ese día Cenalmor estaba con un gran constipado y no había podido estar en el ayuntamiento, un extremo que corrobora el testimonio del por entonces concejal Alfonso Couce Doce, quien había ido con su hijo al balcón y le tocó ejercer de autoridad recibiendo a los Reyes Magos porque era el único presente de la Corporación. No obstante, la noticia llegó a oídos del alcalde con rapidez y éste acudió rápidamente a su despacho, haciendo llamar al organizador de la cabalgata: «El buenazo de Alfredo Martín era inocente de todo, según se pudo comprobar, pero no así el que hizo de Gaspar, que aguantó respetuosamente el chaparrón», explicaba Pita da Veiga en La Voz.

Para el periodista, «el simpaticote de Gaspar tuvo cierto roce diplomático con el alcalde» al haber hecho un «referéndum infantil» contra un alcalde que «no sabe encajar con sentido del humor esa broma de los Magos que solo pretendían una genialidad sobre el asunto que una inmensa mayoría de ferrolanos concuerda». Contrasta el humor del enfoque de La Voz con la virulencia del tono de El Correo Gallego, donde Java daba «un no rotundo a una parte de la alocución de los Reyes que escuché, por pura casualidad, desde los balcones (…). De una forma nada elegante se trajo a colación un proyecto de reforma de los jardines preguntando a miles de niños».

Diversidad de enfoques en la prensa

Lo calificó de «zancadilla revanchista» y concordó con el alcalde en que «a nadie le agrada que desde el balcón de la institución que preside y que ha sido cedido para miras más elevadas, se traiga una cuestión que nada tiene que ver con la alegría de una cabalgata». De hecho, en El Correo llegaron a escribir una editorial aludiendo a la «tontería que supone el poner en boca de los Reyes Magos el tinglado que se armó con el proyecto de los Cantones», anticipándose al ya icónico no te lo perdonaré jamás, Manuela Carmena, al argumentar que habían «condenado la fe infantil (…) en seres que deben permanecer ajenos a las politiquillas mezquinas».

El Correo llegaba a señalar a un concejal, sin dar su nombre, como instigador del discurso de Gaspar y decían de él que «hay sustancias grises y blancas que más bien parecen serrín». Entremedias, en El Ideal Gallego también hablaron del tema el 9 de enero tomándoselo con humor y apiadándose del «bondadoso y condescendiente rey Gaspar, quien soportó el chaparrón de frases recriminatorias por permitirse el lujo de atacar al alcalde». En el mismo tono, ironizaban sobre la posibilidad de que el año próximo «en las escuelas ―en las ferrolanas, cuando menos― habrá que ir preparando a todos los niños para advertirles que los tres Reyes Magos son solo dos: Melchor y Baltasar, porque a Gaspar se le ocurrió un día decir ciertas cosas alegres y fue castigado a perpetuidad por un alcalde ilustre aunque sin excesivo sentido del humor».

Héroes y villanos

La trama protagonizada por ese «rey travieso» que dice El Ideal tuvo también un coprotagonista y no estamos hablando del villano de Cenalmor, sino del mismo Couce Doce. El giro lo encontramos días después cuando el concejal, aludido por la editorial de El Correo que citábamos antes, se personó en su sede con un notario ―«¡Qué gran honor se nos otorga!», decían sarcásticos en el periódico ferrolano el 15 de enero en otro artículo― y les pidió autoría del texto y que confirmasen que se referían a él. Los periodistas se negaron a una y otra cosa saliendo por la tangente.

Pero quizás no andaba desencaminado el asunto porque el mismo Couce Doce ―que se declaró opositor al proyecto de la Alameda de Suanzes sin reservas― publicó en la prensa su versión de los hechos, reconociendo además de su estadía en el balcón junto a su hijo y Sus Majestades, que le había agradado «oír a Gaspar hablar de forma tan espontánea e improvisada» porque «se hacía eco de un sentimiento popular». Aseguraba que le dijo al mago que él asumiría la responsabilidad de sus palabras y, en efecto, después del chaparrón de Cenalmor a Martín y al rey reivindicativo, le tocó a él visitar el despacho de la Alcaldía.

Ironiza muy finamente Couce Doce sobre el hecho de que la Policía Local fue a buscarlo a su casa en motos y tal cuestión le hizo creer que solicitaban su presencia allí como médico que era, pero al llegar vio que Cenalmor estaba cabreado, pero no enfermo: «Me fue imposible el diálogo, pues el alcalde, aunque ahogado, sentía a la vez de relator, fiscal y juez y no dio lugar a descargos o defensa». El regidor, convencido de que el edil tenía algo que ver en el asunto, le vetó la entrada a la Alcaldía y solo se la permitió para acudir a asuntos estrictamente laborales. ¿Haría lo mismo Mato hoy en día?

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