La ballena podría ser el punto de partida para una nueva escultura pública en Ferrol

Pamen Pereira y Che Marchesi en el Museo de historia Natural-6

Alicia Seoane | Martes 9 de diciembre de 2025 | 14:50

La artista ferrolana Pamén Pereira y el creador madrileño —de madre ferrolana— Che Marchesi están pasando unos días trabajando en el Museo de Historia Natural de Ferrol para dar forma a un proyecto singular: una instalación escultórica concebida para convertirse en símbolo tanto del museo como de la ciudad. La pieza, aún en fase conceptual, nace de una historia que comenzó lejos de Galicia, en la costa atlántica africana.

Ambos artistas coincidieron hace unos meses en una residencia artística en Senegal y han trabajado juntos en distintas ocasiones. Allí fueron testigos de la llegada a la costa de una ballena varada. En un país donde todavía no existe un protocolo claro de actuación ante estos episodios, Pereira y Marchesi se vieron inmersos en un proceso casi ritual: recuperar el cuerpo del animal y acompañar su descomposición para poder rescatar sus huesos. Con aquel esqueleto crearon más tarde una instalación en territorio senegalés.

A su regreso a Galicia, ya trabajando en Ferrol, el azar quiso que se encontraran con diferentes autoridades en el Museo de Historia Natural, así gracias al director del Museo Xan Silvar y fundador de la Sociedade Galega de Historia Natural, durante una presentación de las Meninas de Canido, pudieron entonces compartir con el alcalde y con representantes del museo la idea que germinaba desde Senegal y que, al conocer el extraordinario patrimonio cetológico del centro ferrolano, cobró un nuevo sentido.

El Museo de Historia Natural de Ferrol es, de hecho, uno de los espacios de referencia en España en cuanto a la conservación y estudio de esqueletos de cetáceos. «Era evidente que aquí había un material simbólico enorme, un lugar donde nuestro proyecto podía crecer», explican los artistas.

Hacia un nuevo icono para la ciudad

El alcalde, aseguran, recibió la propuesta con entusiasmo, esa recepción abrió la posibilidad de trabajar en una pieza destinada al espacio público, un nuevo icono para Ferrol que visibilice tanto el valor del museo como la relación histórica de la ciudad con el mar y con las ballenas.

Pereira y Marchesi subrayan que el proyecto aún no está cerrado y que antes será necesario desarrollar un presupuesto y un diseño técnico: «Esto requiere un proyecto de ingeniería. Estamos hablando de una escultura pública de gran dimensión», señalan.

El primer boceto: una gran esfera hecha de vértebras y huesos

El dibujo inicial, propone una gran esfera del universo, compuesta por formas que replican los huesos de cetáceos: «Es un mundo hecho con hueso de ballenas, con el ecuador formado por vértebras», explican mientras hojean un cuaderno donde se intuye la poética del proyecto.

Si en Senegal trabajaron con fundición en aluminio, en Ferrol aspiran a colaborar con empresas locales del sector del metal para estudiar materiales, soluciones técnicas y posibilidades de fundición: «Aquí hay muchísimo saber industrial. Estamos en un sitio donde se hacen buques de guerra; saben hacer de todo», comenta Marchesi.

Entre las firmas con las que ya están en contacto figura el grupo gallego INTAF, aunque los artistas subrayan que el proceso está en fase exploratoria. La voluntad es que la escultura nazca del tejido industrial ferrolano, como gesto simbólico hacia una ciudad forjada por el metal. «Ferrol es metalera. Darle un lugar poético al metal también es muy propio de aquí», reflexiona Pamen.

Ballenas, mitologías y memoria atlántica

El proyecto bebe de un imaginario común a todas las culturas atlánticas, desde África hasta Europa, donde las ballenas han sido seres míticos, casi dragones del mar. «Siempre hubo magia alrededor de ellas. Hasta el siglo XIX eran los dioses de los mares», recuerdan. Ferrol y su comarca no fueron ajenos a ese universo: en Cobas existió un puerto ballenero, en Prioriño otro, y los talaeiros se dedicaban al avistamiento de cetáceos desde la costa.

En esa conexión entre memoria natural, historia cultural y simbolismo, ambos artistas han encontrado un territorio fértil que comparten: el interés por los huesos, los materiales primarios y la huella de los seres vivos. «Los huesos son lo que queda, la huella que deja la vida», afirman.

Aunque Pereira había trabajado siempre en solitario, la colaboración con Marchesi ha resultado sorprendentemente natural: «Todo fluye. Tenemos una complicidad muy bonita», dice ella.
«Aportamos cada uno con perspectivas distintas, pero jugamos con los mismos juguetes», añade él.

Ahora continúan perfilando el proyecto, conscientes de que su posible realización dependerá de los próximos pasos administrativos y técnicos. Pero la idea ya está sembrada en Ferrol: una escultura pública que conecte al museo con la ciudad, que recupere la memoria marina de la comarca y que haga dialogar industria, arte y mitología. Una gran esfera de huesos de ballena que podría convertirse en el nuevo símbolo de Ferrol, y una puesta en valor de este gran museo que tiene la ciudad.

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