Redes, eterna seducción marinera

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Puerto de Redes (foto: Mero Barral / 13fotos para Ferrol360)
Puerto de Redes (foto: Mero Barral / 13fotos para Ferrol360)

RAÚL SALGADO / MERO BARRAL | Ares | Viernes 24 noviembre 2017 | 20:05

Ferrol no es gran ciudad en sentido estricto. Sin embargo, coger el coche, olvidar reloj y teléfono móvil y gastar escasos minutos en viajar a Redes permite ponerse en la piel del habitante de una urbe de paso atropellado. Pensar en prisas y ritmo que atenaza mientras el encanto del rincón que tantos llaman pintoresco, sobrados de razón, empapa la vida de sus habitantes.

No hay dejadez en sus casas, ejemplo más allá de la comarca. Querer es poder. Brilla la arquitectura tradicional, los colores alejados de las estridencias, las flores de tonos vivos. Ventanales, balconadas y fachadas históricas. Callejuelas estrechas, las justas y necesarias.

Porque los frascos pequeños suelen contener las fragancias más codiciadas, Redes saca a relucir la bandera de su propio orgullo. De película, como la «Julieta» que rodó Almodóvar; de serie, el «Padre Casares» de la casa azul. La que preside su plaza circular, eje de su seducción marinera.

Puerto de Redes (foto: Mero Barral / 13fotos para Ferrol360)
Puerto de Redes (foto: Mero Barral / 13fotos para Ferrol360)

Desde su interior, saluda con su sonrisa como marca distintiva Mercedes Ana, embajadora del enclave. Tres bares, terrazas cubiertas o con sillas y mesas en la rampa de descenso a las aguas puras. Barcas por doquier, estampas para fotografía o cuadro entre vivienda y vivienda.

Ausencia de ruido, tránsito reservado a peatones; la única licencia, a vehículos de transporte de mercancía. El de la cerveza recala en la plazoleta, metros más abajo de la tienda del pueblo. Al modo de antes, los productos están expuestos en la calle.

Mero Barral dispara y un vecino nos dice que compremos. Una de tantas sonrisas, como en el horno casi aledaño al aparcamiento para quien venga de visita. Acostumbrados a la postal del borde litoral, la Rúa Nova deja sorpresas. Salientes en los que se divisan embarcaciones en seco, residentes que saludan con rostro alegre como si nos hubiésemos visto el día anterior.


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ÁLBUM | FOTOS: MERO BARRAL / 13FOTOS PARA FERROL360

Al final de un camino con inmuebles restaurados e inquilinos que hacen bricolaje apartados del ajetreo, los restos revitalizados de la batería de Redes, del siglo XVIII, así como su escalinata de descenso a la ría y las instalaciones del Club Marítimo.

Acompañantes de un sendero también adecentado, sin una carencia de mobiliario o servicios. Hay un mundo más allá de los parques temáticos del turismo, como también lugares en los que la estancia de foráneos lleva a la satisfacción. A la confirmación de que se han hecho las cosas bien.

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