
RAÚL SALGADO / MERO BARRAL | Ares | Domingo 16 julio 2017 | 16:40
Un inesperado giro en el viento y las corrientes se ha convertido en un remo adicional para la «Santa Olalla». El Club de Remo de Ares ha acabado séptimo en su casa, una décima Bandeira del Concello que ha debutado este domingo en el circuito de la máxima categoría de las traineras. Jornada festiva en el Náutico bajo un sol de justicia y un lleno de público.
El termómetro marcaba 22 grados cuando restaba una hora para el duelo. En el casco urbano, bares repletos y acento vasco en casi todas las esquinas. Desembarco de una maquinaria perfectamente engrasada y adaptada a los requerimientos de semejante competición; la de la ACT, la de la Eusko Label Liga.
Arrastre económico, con algún patrocinador dejándose ver al pie del espigón, y presencia potente de medios de comunicación de Cantabria y Euskadi. Entre ellos, emisoras de radio contándolo en directo. TVG, como siempre, dispuesta; Gustavo Varela al frente de la narración y el gallego mezclándose con naturalidad con castellano y euskera en la megafonía oficial.

El campo de regatas, delimitado frente a la punta aresana, entre cuyas rocas se agolpaban desde tiempo antes los curiosos. La villa había amanecido en un día del Carmen más festivo si cabe, con banderas y camisetas azules por doquier. Por los suyos. Trayecto concurrido desde la iglesia parroquial al aparcamiento del kilómetro cero de la Bandeira.
Útiles, embarcaciones e intercambio de estrategias y conversaciones entre los deportistas para hacer llevadera la espera. El brillo del dios del viento no ayudaría al Club de Remo de Ares en su momento de mayor protagonismo. Mecido, acariciado en su calle 4 por rachas bien diferentes a las de la segunda tanda.
En la suya, la del estreno, le acompañaban Zierbena; Cabo de Cruz, tras su descalificación de este sábado en A Coruña, y Astillero, que confirmaría en Ferrolterra su repunte. La última remesa, la de honor, a cargo de Orio, Hondarribia, Tirán y Urdaibai.

Entorno adecuado y cómodo; tiempo idílico, alejado de las inclemencias herculinas de la víspera. Pendientes del viento en tierra firme por su evolución; a más, pero sin locuras aparentes. Superados sonidos clásicos, hasta tradicionales, los altavoces escupen acordes de Killers y Two Door Cinema Club. El espectáculo más rotundo está servido.
El seguimiento hace vibrar a la grada. La «Santa Olalla» de Agustín Fernández Souto se asienta como segunda tras Zierbena, que acabará dando un volantazo al desafío. Paulatinamente, Cabo le hace caer, aunque en tablas, al tercer puesto, en el que culmina su primera ciaboga.
Una cita que asoma rápida, pero sin dejar de requerir destreza con el físico. Pelea empatada por el segundo, que refrenda Cabo al soltarse en la recta final contra Ares, incapaz de solventar a su favor la lucha titánica. En la segunda ciaboga, Zierbena elevaba su saldo hasta 9:39, por 9:50 de Cabo y 9:53 de los locales. Ya aparecía en escena Astillero con evidencia.

Entre los nervios y algún enfado por la presencia de embarcaciones en lugares inadecuados discurriría la contemplación de los anfitriones en el muelle. Al terminar la tercera pasada, Ares ya bajaba a la última posición, firmando 15:00 frente a los 14:34 de Zierbena, 14:53 de Cabo y 14:56 de un Astillero en remontada. Una progresiva pérdida de segundos.
El público, mientras, se da un homenaje en una de las zonas cubiertas. Txakoli, tortilla, empanada, croquetas y bebidas enterradas en cubitos a cargo de azafatos de ambos sexos. Zierbena se desquita al enfilar la meta y sentencia doblegando a los rivales, aunque con el ascenso anímico de Astillero al margen.
Tiempos de 19:44 para los ganadores, 20:04 de Cabo, 20:08 de Astillero y 20:15 de los 14 remeros de Ares en la despedida. Más diferencial en contra. Toman el relevo Ondarroa, San Juan, Kaiku y San Pedro y se notan las aficiones visitantes. El viento y la marea, tras lo ya visto, hacen aflorar lo inesperado: desarbolan a los cuatro en liza, fulminados por el cambio de este a nordeste y las nuevas corrientes.

Más fortalecido, Eolo y el agua hacen de las suyas y condicionan el arranque hasta tal punto que Ares retiene un cuarto puesto en la general de modo temporal. Emoción y sorpresas. De los nervios locales a la incertidumbre de grupos como Kaiku desde el espigón. Gana esta tripulación, de hecho, con un 20:16 frente al 20:14 de los aresanos.
La tanda de honor, ya con vientos de unos 16 kilómetros por hora, permite que empiecen los bailes. Con velocidad desde el primer suspiro y con una embarcación de la Armada vigilando más allá del campo acuático, la bandera acaba siendo para Zierbena, de la primera remesa como los anfitriones, ahora elevados a séptimos. Ya tienen 24 puntos, 9 más que el colista.
Cabo, de la descalificación al tercer hueco del cajón; Astillero, cuarta y en pleno despegue. Final vibrante para un respetable que rompe en aplausos al atravesar los ganadores la línea mágica. Su presidente grita un «¡sí!» como una casa. Al frente, un patrón casi adolescente. Cuántas sensaciones en poco más de una hora.