Cuando el ring no entiende de géneros: el Kick Narón derriba los muros del boxeo

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Hubo un tiempo en el que entrar a un gimnasio de boxeo implicaba sumergirse en un ecosistema puramente masculino, donde los golpes sobre el saco parecían conjugarse únicamente en clave de hombre. Sin embargo, la realidad actual en las comarcas gallegas no solo cuestiona este viejo estereotipo, sino que lo está pulverizando. En el club Kick Narón, el cuadrilátero se ha transformado en un espacio de igualdad en el deporte, respeto y un potente motor de cambio social donde ellas ya no son la excepción, sino referentes con nombre propio.

«Las chicas hacen lo mismo que los hombres y estamos en igualdad de condiciones. No me vale que se diga que somos distintos. Sí, lo somos, pero hacemos lo mismo y tenemos que tener las mismas oportunidades», arranca de forma tajante Tonecho, el preparador y pilar fundamental del club naronés, quien lleva desde 2010 implicado en el proyecto. Con una visión firmemente crítica hacia las desigualdades en el deporte femenino, lamenta que muchas veces la balanza se incline hacia lo masculino por inercias de los medios de comunicación y las televisiones. «Aquí se vende lo que se quiera vender. Ellas se lo toman muy en serio. Son responsables, escuchan y trabajan con una disciplina que, a veces, a los chicos nos obliga a tener una gota de humildad para ponernos las pilas», reconoce.

El «efecto Nahir» y la ruptura de la soledad en el gimnasio

La evolución del boxeo femenino en Galicia ha dado un vuelco radical en el último lustro. El verdadero punto de inflexión competitivo para la sección femenina en Narón llegó de la mano de Nahir y su hermana Carla, ambas de 20 años. «Cuando vi entrar a Nahir por la puerta, supe que tenía cualidades. Se le veía en la mirada: es guerrera», relata el técnico.

Aquel inicio, sin embargo, estuvo marcado por la soledad en un entorno masculinizado. «Yo me acuerdo de hacer mi primera pelea y.. no había ninguna chica en el gimnasio, no podía preguntarle nada a nadie, nada», rememora Nahir, que ahora compite a nivel nacional. «La primera vez siempre son muchísimos nervios. Las primeras tres o cuatro peleas estás que buah… Después, cuando tienes más experiencia y sumas combates, vas tirándole, pero los nervios están igual», comparten entre risas las hermanas, recordando sus experiencias cruzadas: desde tener el estómago encogido de la tensión hasta afrontar el combate con mayor calma.

Hoy la historia ha cambiado por completo. Frente al aislamiento de antaño, el Kick Narón ha construido una red de unión. Jóvenes como Miriam y la debutante Daniela —de 19 y 15 años respectivamente— caminan ahora sobre un terreno previamente sembrado. «Daniela es una niña que se le da muy bien, coordina genial», explican sus compañeras. La diferencia estriba en que ella no estará sola en su estreno: «Ahora hay bastantes niñas que compiten. Como nosotras ya tenemos peleas, te apoya un poco a la hora de subir. Le puedes decir: ‘Va Daniela, no estés nerviosa’. Te motiva más».

El espejo de las nuevas generaciones: «Da muchísimo orgullo»

Ver cómo los carteles de las veladas de boxeo van equilibrando las fuerzas es un triunfo para el grupo. «A mí me parece muchísimo mejor porque, siendo mujer, antes ibas a una velada y era todo hombres. Ahora, cuando hay una mujer, te paras más, dices ‘guau, ¿quién es esta chica?’ A la hora de fijarse, llama más la atención y es importante», apuntan desde el vestuario femenino.

Esta visibilidad se ha convertido en la puerta de entrada para las niñas en el boxeo de la comarca, que ahora crecen sabiendo que este deporte también es una opción legítima y accesible para ellas. Preguntadas por el hecho de haberse convertido, casi sin darse cuenta, en los referentes que ellas mismas no tuvieron al empezar, la respuesta unánime de las púgiles evoca emoción: «Da una satisfacción enorme. Mucho orgullo. Entrenar pensando en eso te hace dar más… dices, ‘sí, claro que quiero hacer esto’. Te motiva todavía más a la hora de ir a pelear». Incluso confiesan que antes de entrar al club nunca se habían parado a mirar el boxeo femenino profesional, y que ahora su perspectiva ha cambiado radicalmente llegando, incluso, a pensar en orientar su futuro laboral cara esta disciplina.

Este avance en Narón es el fiel reflejo de un fenómeno autonómico imparable. «En Galicia es una pasada lo que ha crecido el boxeo femenino, una verdadera barbaridad», refrenda Tonecho, destacando el apoyo de Manolo Planas. «Antes ibas a una velada de diez combates y a veces caía uno femenino. Ahora vas y hay cuatro o cinco. Y lo más bonito es que la afición, tanto chicos como chicas, ya no van solo por ver a los hombres; van porque boxea Miriam, porque boxea Daniela, Miriam o porque boxea Nahir. Se valora su trabajo».

Una escuela de valores frente a la calle

En el Kick Narón, los entrenamientos a última hora de la jornada sirven para hacer piña de forma mixta y rotativa. «Todos entrenan con todos. Buscamos crear un grupo de amigos, desconectar de los malos rollos y del estrés diario», apunta el técnico. Sobre la lona no hay espacio para los egos. Tonecho es estricto en un aspecto no negociable: el respeto absoluto al rival. «Por muy bueno que seas, no permito un mal gesto ni que nadie se ríe del deportista que tiene enfrente. Está haciendo el mismo sacrificio que tú».

Ese sacrificio se traduce en una herramienta educativa crucial para alejar a la juventud de los peligros de la calle. «La calle te puede enseñar cosas buenas, pero también malas. Si estás tirado sin hacer nada, no te lleva a un buen camino. En el gimnasio adoptas la vida de un deportista: vida saludable, alimentarte bien, estudiar…».

Por ello, el preparador lanza un mensaje directo a las familias de Ferrolterra, desaconsejando utilizar el deporte como moneda de castigo ante las malas notas: «Cuando castiguen a los chavales, que les quiten el ordenador o las horas de móvil, pero que no les quiten el deporte. Nosotros somos un apoyo a los profesores y a los papás y mamás, una dirección correcta hacia la educación. Ganar un campeonato es momentáneo y nadie se acuerda de quién ganó un concurso de televisión al año siguiente, pero los amigos y los valores que haces en el proceso se quedan para toda la vida».

Con una base sólida construida sobre el compañerismo y un grupo de jóvenes deportistas que demuestran a base de guantes y disciplina que el ring no entiende de géneros, el gimnasio de Narón sigue propinando golpes directos a los techos de cristal. Porque, como bien recuerda su entrenador, antes que campeones del mundo, lo primero que hay que aprender a ser es persona.

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