O Chiringo, donde Cedeira mira al mar al ritmo del indie

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Adrián Fernández (Cedeira, 2001) no soñaba con abrir un chiringuito. Soñaba con crear un lugar donde la música volviese a respirarse sin prisas. Dos años después de asumir la concesión de O Chiringo, ha convertido un rincón frente a la playa en uno de los lugares imprescindibles para disfrutar de la puesta de sol en Cedeira y de la música en directo en la costa norte gallega.

Hay negocios que nacen para servir comidas. Otros, para vender copas. O Chiringo nació para ofrecer experiencias.

Quien llega por primera vez encuentra una terraza frente al mar, una de las mejores puestas de sol de Cedeira y un escenario que, a simple vista, parece demasiado pequeño para los nombres que pasan por él. Pero precisamente ahí reside parte de su encanto.

Fernández, músico y batería antes que hostelero, tenía claro desde el principio qué quería construir.

«Siempre pensaba que si yo, haciendo conciertos pequeños, ya acababa agotado, cómo tenía que ser la vida de los músicos que enlazan festivales durante todo el verano», explica durante la conversación. Esa reflexión acabó convirtiéndose en una idea: crear un espacio donde los artistas pudiesen bajar el ritmo y volver a disfrutar de tocar.

Un Náutico… en el norte

La inspiración llegó tras tocar en el Náutico de San Vicente.

Aquello le hizo preguntarse por qué la costa norte no tenía un espacio similar durante el verano. No quería competir con las grandes salas ni con los festivales multitudinarios. Buscaba algo diferente: un escenario junto al mar donde artistas que acostumbran a actuar ante miles de personas recuperasen la cercanía con el público.

Y la apuesta funcionó.

Por O Chiringo ya han pasado o pasarán nombres como Sanguijuelas del Guadiana, Luis Fercán, El Niño de la Hipoteca u Otra Bonita, entre otros artistas de la escena independiente nacional. Muchos de ellos acumulan cientos de miles de oyentes mensuales en plataformas digitales, algo poco habitual en un escenario de estas dimensiones.

Mucho más que un concierto

El secreto, sin embargo, no está únicamente en la programación.

Cuando un grupo acepta tocar en O Chiringo no solo recibe un camerino y una prueba de sonido.

Recibe unas vacaciones.

Fernández organiza rutas por la costa, paseos en lancha, visitas a San Andrés de Teixido, jornadas con percebeiros o simplemente tiempo para perderse por la playa. Incluso alquila alojamientos para que las bandas puedan quedarse varios días después del concierto.

«Intento pensar qué me gustaría encontrar si yo fuese el músico», resume.

La fórmula ha dado resultado.

Los integrantes de Sanguijuelas del Guadiana, uno de los conciertos más recordados del pasado verano, terminaron quedándose cinco días en Cedeira. Algunos miembros de la banda regresan ahora por vacaciones. Otros grupos llaman directamente para preguntar si pueden volver aunque no haya concierto.

«Eso es lo que realmente me paga el proyecto», asegura.

El indie como bandera

La personalidad musical del local tampoco es casual.

Aunque la programación incluye rock, reggae o versiones, el indie se ha convertido en la gran seña de identidad de O Chiringo.

No responde a estudios de mercado.

Responde a los gustos de quien programa.

«Siempre me imagino mirando hacia el escenario, con la puesta de sol de fondo, y pienso qué grupo encajaría ahí», explica.

Por eso aquí es fácil encontrarse con propuestas alejadas de los circuitos más comerciales y difíciles de ver en otras localidades cercanas.

Y el público responde.

Cada fin de semana llegan aficionados desde distintos puntos de Galicia —e incluso desde otros lugares de España— atraídos por una programación muy específica de música en directo. Algunos recorren cientos de kilómetros para un único concierto. Fernández recuerda incluso la llamada de una seguidora que necesitaba saber la hora de actuación de El Niño de la Hipoteca antes de comprar un billete de avión desde Madrid. También ha recibido visitantes llegados desde Canarias coincidiendo con varios conciertos.

Un lugar para quedarse a ver caer el sol

Durante el día, O Chiringo funciona como cualquier establecimiento junto a la playa.

Familias, niños, turistas y vecinos se mezclan tomando un café, un helado o una cerveza frente al mar.

Pero cuando el sol empieza a caer, el ambiente cambia.

El escenario cobra protagonismo y la terraza se convierte en uno de esos lugares donde cuesta mirar el reloj. Hay quien llega por casualidad después de la playa y termina descubriendo un concierto inesperado. Otros acuden expresamente por la música en directo.

Lo más habitual es ver convivir varias generaciones.

«Lo más bonito es ver a un padre y a un hijo saltando juntos durante el mismo concierto», resume Fernández.

Una apuesta a contracorriente

Mantener un proyecto así no resulta sencillo.

Solo la programación musical supone una inversión cercana a los 40.000 euros anuales, a la que hay que sumar sonido, técnicos, alojamientos y producción. Todos los conciertos son gratuitos, por lo que la única forma de sostenerlos es a través del consumo en el propio local y de iniciativas como la taquilla inversa durante la temporada baja.

Lejos de buscar la máxima rentabilidad, Fernández reconoce que reinvierte prácticamente todo lo que genera el negocio para seguir creciendo.

Su objetivo no pasa por convertir O Chiringo en un simple establecimiento hostelero.

Quiere que sea un proyecto cultural.

El sueño de una residencia musical

Ese crecimiento ya tiene un siguiente capítulo.

Fernández trabaja en la creación de un estudio de grabación junto al puerto para que músicos de toda España puedan instalarse durante varios días en Cedeira, componer, grabar y vivir el entorno que después inspira muchos de sus conciertos.

La idea es transformar la localidad en una pequeña residencia musical ligada al mar y a la música.

Una ambición poco habitual para alguien de apenas 25 años.

Pero él lo tiene claro.

«Esto es mi proyecto de vida», afirma.

Y quizá esa sea la mejor explicación de por qué O Chiringo se ha convertido, en tan poco tiempo, en mucho más que un chiringuito. Es uno de esos lugares donde el paisaje, la puesta de sol, la música en directo y la apuesta por el indie consiguen que el tiempo parezca detenerse durante un par de horas. Un rincón que ya forma parte de los imprescindibles del verano en Cedeira.