Hay personas que llegan a TikTok para entretenerse. Y hay quienes entran buscando algo que quizá no encontraron durante años: un espejo.
Para algunas de las personas que siguen a Sugi y Bizcocho, Susana Pacheco y Alicia Benito son precisamente eso. Las dos están afincadas en Narón y han construido desde aquí una comunidad que ronda los 125.200 seguidores, a través de vídeos de humor, situaciones cotidianas y una forma de mostrar su relación basada en la naturalidad.
Su contenido es entretenimiento, pero también visibilidad LGTBI+. No porque hayan diseñado sus redes como una plataforma reivindicativa, sino porque han decidido no esconder una parte fundamental de quiénes son. Dos mujeres que se quieren, que se ríen juntas, que caminan de la mano y que muestran su vida con normalidad.
Y esa normalidad, para quien está al otro lado de la pantalla, puede tener mucho más peso del que parece.
«A lo mejor ese niño dice: “Bueno, pues si ellas van agarradas de la mano y son tan naturales por cualquier parte y nadie les dice nada, ¿por qué no lo voy a decir yo?”», explica Alicia.
Ahí está buena parte del sentido que ellas encuentran a lo que hacen. No necesitan convertir cada vídeo en un discurso sobre orientación sexual. Simplemente muestran una relación entre dos mujeres como mostrarían cualquier otra. Y creen que esa imagen puede servir de referencia a quienes todavía tienen miedo de contar quiénes son.
De un TikTok personal a una comunidad de 100.000 personas
Cuando Susana comenzó a utilizar TikTok, durante la pandemia, tampoco imaginaba que aquella red acabaría formando parte de su vida de esta manera. Ya había construido una comunidad propia cuando conoció a Alicia, que también tenía entonces su perfil y algunos miles de seguidores.
La relación entre ambas terminó trasladándose a las redes y, cuando comenzaron a vivir juntas en diciembre de 2022, Susana propuso unificar sus cuentas. «Mi TikTok va a ser de las dos», recuerda.
Fue el comienzo de Sugi y Bizcocho como dúo.
@sugipachecohuerta #lesbiancouple🏳️🌈 #peruanayespañola #fypシ゚ #jajaajja #tequiero ♬ original sound – Stephany Leal
El segundo nombre había empezado mucho antes, en casa. Susana comenzó a llamar «Bizcocho» a Alicia como apodo cariñoso porque sus padres son pasteleros y ella prepara postres. Lo que empezó como una forma privada de llamarse terminó saltando a las redes, cuestión que, paradójicamente, deja entrever otra marca de la casa: la familiaridad.
«En redes sociales somos como realmente somos»
Una de las claves que ellas mismas identifican en su relación con las redes es precisamente la autenticidad.
«Normalmente la gente en redes sociales pone una cara que no es la suya. Nosotras todo lo contrario. En redes sociales es como realmente somos», explica Alicia.
El contenido se apoya en el humor, en las situaciones cotidianas y en la complicidad entre ambas. No hay una intención de construir una imagen de pareja perfecta, sino de mostrar una relación tal y como la viven.
Y ahí aparece de nuevo la visibilidad.
«Hay que ser natural. No estoy haciendo daño a nadie. Es natural. Voy contigo, voy de la mano, somos felices», sostiene Susana.
Pero saben que todavía hay personas para las que sí puede marcar una diferencia.
Un espejo para quienes todavía tienen miedo
Alicia piensa especialmente en quienes están atravesando ese momento en el que todavía no saben cómo contar a su entorno lo que sienten.
Su razonamiento es sencillo: si una persona joven ve en redes a dos mujeres que se dan la mano, se muestran juntas y lo hacen sin miedo, puede descubrir que aquello que le preocupa no tiene por qué vivirse desde la vergüenza.
«¿Por qué no lo voy a decir yo?», plantea.
Ese efecto de referente o espejo no se limita, además, a los jóvenes.
Su comunidad incluye también a muchas personas adultas y a seguidores que ni siquiera forman parte del colectivo LGTBI+. Entre sus mensajes privados aparecen historias de personas que durante años no pudieron vivir su orientación sexual con libertad.
Susana recuerda conversaciones con personas que le escriben para contarle que no pudieron hacerlo antes, que sus familias no lo entendían o que ahora, décadas después, están intentando descubrir cómo empezar a vivir de otra manera.
También han recibido historias de mujeres que después de muchos años de matrimonio con hombres han comenzado relaciones con otras mujeres.
Son mensajes que difícilmente se ven desde fuera de la pantalla. Pero para ellas forman parte de lo que significa tener una comunidad de cientos de miles de personas.

Una familia que también crece desde la naturalidad
La visibilidad LGTBI+ no se queda en sus vídeos. Susana tiene una hija de una relación anterior y ambas la crían juntas. Y precisamente la maternidad es uno de los motivos por los que Susana insiste en la importancia de abordar estas realidades desde la naturalidad.
Explica que uno de sus miedos como madre era pensar en el futuro y en los posibles problemas que su hija podría encontrarse por tener dos madres. Habla especialmente del temor al bullying en el colegio y de que pudiera sentirse diferente por su modelo familiar.
Su respuesta ha sido intentar que en casa no exista esa sensación de que hay algo que esconder.
Cuenta que ha acudido con su hija al Orgullo, que hablan de estos temas con normalidad y que procura que vea las distintas realidades sin convertirlas en algo extraordinario. «Intentar desde casa paliar todos los prejuicios», resume Alicia.
La idea va más allá de la orientación sexual. Susana explica que intenta aplicar esa misma naturalidad a cualquier diferencia que pueda encontrarse su hija en la vida cotidiana.
La niña, sin embargo, permanece al margen de la exposición pública de la pareja. La familia forma parte de su historia, pero no todo lo que forma parte de su vida tiene por qué convertirse en contenido.
Visibilidad sí, exposición total no
Porque precisamente una de las cuestiones que también tienen claras es dónde termina lo que quieren compartir.
Alicia habla de la importancia de preservar la vida privada. Su relación está presente en las redes porque forma parte de ellas, pero eso no significa que quieran convertir cada detalle de su vida en contenido.
«La vida privada es muy privada», explica entre risas.
Durante mucho tiempo, de hecho, quienes las seguían conocían a Alicia simplemente como «Bizcocho», sin saber siquiera su nombre. El apodo que nació en casa se convirtió en su identidad digital sin que existiera una presentación formal de la pareja ante sus seguidores.
Es una frontera que siguen manteniendo: mostrar su historia no significa entregar toda su intimidad.
@sugipachecohuerta #lesbiancouple🏳️🌈 #fypシ゚ #peruanayespañola #sefeliz #amor ♬ whatta man – mette
También están los detractores
Con una comunidad de este tamaño, los comentarios negativos son inevitables. Susana ha decidido directamente no leerlos demasiado. «A mí me gusta mucho ser feliz», explica.
Alicia, en cambio, sí los mira y, en ocasiones, responde a quienes dejan comentarios desagradables con humor, besos o corazones.
No pretenden convencer a todo el mundo.
Su apuesta es otra: seguir haciendo aquello que ya hacían antes de que su cuenta alcanzase cientos de miles de seguidores.
Quizá ahí esté precisamente el valor de Sugi y Bizcocho: que desde su casa, y a través de una pantalla que llega a cientos de miles de personas, han convertido algo tan cotidiano como vivir su propia vida en una imagen en la que otros pueden reconocerse.
