STELLA MARTÍNEZ | Miércoles 4 de febrero de 2026 | 19:59
Es marzo de 2024 y abres tu negocio en el corazón de Ferrol: una tienda de ropa con tus propios diseños. Arrancas muy poco a poco y el trabajo empieza a dar sus frutos, la clientela responde y la actividad va en aumento hasta que- poco más de un año después- recibes una noticia que deja todo tu proyecto en el aire.
Eso es lo que le pasó a Viktor Suárez cuando, en pleno verano, recibió un burofax que lo frenó todo: el contrato de alquiler no se renovaba y tenía dos semanas para abandonar su local en Rúa Igrexa 5.
El aviso no fue individual. Llegó a todos los vecinos del edificio, incluidas familias que llevaban décadas viviendo allí.
«Conseguimos que fose máis tempo, hai xente no edificio que levaba 20 anos vivindo alí con menores», relata el joven diseñador.
Tras negociar, lograron ampliar el plazo de salida, pero la incertidumbre continúa. Nadie sabe qué se va a hacer con el inmueble. «Non nos dixeron se o van vender ou se o van volver a alugar. Se o realquilan será con rendas máis altas, iso é especulación», denuncia.
Ser autónomo sin red: emprender asumiendo todo el riesgo
Para un negocio que acaba de nacer, una situación así puede ser devastadora. Como autónomo, el joven había recibido una ayuda pública que le obligaba a mantener la actividad durante al menos dos años o devolver el dinero. El aviso de desalojo llegó cuando todavía no había cumplido ese plazo.
«Como negocio estamos super desprotexidos. Se pechas antes dos dous anos tes que devolver cinco mil euros. Como devolves iso se estás empezando?», se pregunta.
Buscar un nuevo local tampoco fue tarea fácil. Los precios del mercado eran altos y exigían grandes desembolsos iniciales: fianza, reformas, mudanza. «Só para entrar nun local xa te metes en máis de mil euros. É unha bola que se vai facendo cada vez máis grande e que nin cerrar podes, porque tes que pagar para cerrar», describe con angustia el joven.
Viktor Suárez, todavía entre cajas desde su nueva localización en Rúa Igrexa 9 y a punto de llegar a los dos años de apertura, pudo sobrevivir a ese traslado, pero frenando su actividad. A pesar de suponerle pérdidas y trabajo acumulado, lo que a Suárez le duele es la frustración de verse maniatado ante la imposibilidad de emprender acciones legales.
«Os avogados dinche que non merece a pena meterte en embrollos porque o coste é alto…ao final é como darlles a razón, dá impotencia», describe indignado.
Una indignación al saberse solo en esto porque, según relata, «como pequeno negocio non sabes que facer, se hai xente na mesma situación…non hai información».
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Competir desde lo pequeño: una llamada a valorar el comercio local
Abrir un negocio nunca ha sido fácil, pero el caso de Viktor Suárez es un espejo de un contexto social de alquileres inestables, costes fijos elevados y escasa protección para los autónomos, un contexto que se convierte en una carrera de fondo desde el primer día.
Y un problema estructural: mantener un negocio local en una ciudad pequeña, frente a las grandes superficies y la fuga de consumo hacia otras ciudades.
«En Ferrol hai unha obsesión enorme con ir á Coruña a comprar», reflexiona Suárez, «Aquí hai roupa, xoierías, comercios de comestibles de primeirísima calidade e de proximidade como Erika, Belén…».
«Comprar no pequeno negocio da túa cidade é enriquecerte a ti mesmo porque eses cartos van para a túa cidade», reivindica.
En su caso, desde el inicio, su tienda apostó por la diferenciación: ropa a medida, producción local y calidad frente al consumo rápido. La respuesta fue mejor de lo esperado. «A xente non só pide para cerimonias, tamén para o día a día. En xaneiro foi xenial, o negocio funciona moi ben».
Sin embargo, los números siguen siendo ajustados. «Do que entra, máis da metade vai para o alugueiro, logo a cota de autónomos, luz, auga, impostos trimestrais… en meses bos aplaudes se chegas aos mil euros».
«É triste que para traballar teñas que endeudarte», reflexiona.
Su caso no es aislado. Refleja una realidad cada vez más frecuente en muchas ciudades: pequeños negocios sin protección frente a la especulación inmobiliaria, con ayudas iniciales que no garantizan continuidad y con una carga económica que hace que emprender sea, para muchos, un lujo.
«Para montar un negocio tes que ser Kim Kardashian, porque é todo pagar, pagar, pagar», añade Viktor, «É continuar ou morrerse…que te maten, máis ben».














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