AURARTE transforma residuos marinos en joyas: «Cada pieza es una llamada a la reflexión social»

Claudia esta detrás de AURARTE ( foto de Jessica Mato)
Claudia esta detrás de AURARTE ( foto de Jessica Mato)

Hay objetos que cuentan historias. Y luego están aquellos que, además, obligan a mirar de frente un problema incómodo. Las piezas de AURARTE pertenecen a esta segunda categoría: joyas sostenibles creadas a partir de residuos marinos, que no solo decoran, sino que interpelan directamente al espectador.

Detrás del proyecto está la artista multidisciplinar Claudia Núñez, que define su trabajo desde una perspectiva crítica y social. «Busco en cada una de mis obras que siempre haya reflexión, reivindicación y una autocrítica social», explica.

 

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Un proyecto artístico nacido en la pandemia

Aunque la idea venía gestándose desde años atrás, fue durante la pandemia cuando AURARTE tomó forma definitiva. Núñez ya exploraba desde 2016, en sus estudios de Bellas Artes, la relación entre ser humano y naturaleza, así como la creciente desconexión con el entorno.

El salto hacia la joyería artística surgió como evolución natural de su proceso creativo: «tenía gran ilusión, ya que suponía llevar conmigo un cachito de mis obras de arte».

El impacto del plástico en el mar

El punto de partida del proyecto es el propio litoral. Para la artista, la playa se convierte en un espacio de observación directa del impacto humano. «Me encuentro de todo, es como un contenedor marino», resume.

Entre los materiales recogidos aparecen redes, plásticos, cabos, latas e incluso objetos de gran tamaño. Muchos de ellos, además, sorprenden por su antigüedad: «algunos son de los años 80 o 90 y siguen prácticamente en perfecto estado», lo que evidencia la persistencia del plástico en el medio marino.

El objetivo no se limita a la limpieza, sino a la concienciación: reducir el consumo y la generación de residuos.

De residuo a joya única

En el taller, los materiales recogidos se transforman mediante un proceso completamente artesanal. Clasificación, corte, encapsulado en resina ecológica derivada de celulosa y pulido dan lugar a piezas únicas.

«Trabajo todo con las manos», explica Núñez, que destaca la complejidad de manipular materiales como redes o plásticos rígidos. En algunos casos, el propio mar ya ha iniciado el proceso creativo: «las propias mareas crean la pieza», afirma sobre los vidrios erosionados.

El resultado final es una joya contemporánea que oculta su origen a primera vista, precisamente para generar un impacto posterior en quien la observa.

En ferias y mercados, el proyecto adquiere una dimensión social inmediata. Primero llega la atracción estética, después la revelación. «Me encanta ese momento en el que la gente entiende de qué están hechas», señala la artista.

La sorpresa suele repetirse: «no lo parece», es la reacción más habitual. Ese contraste es intencionado, ya que busca abrir un proceso de reflexión sobre el consumo y el impacto ambiental.



Talleres y arte como conciencia ambiental

Además de la creación de piezas, AURARTE se desarrolla a través de talleres en los que se combina acción y creación artística. En muchos casos, la actividad comienza con una recogida de residuos en la playa.

Después, los participantes transforman los materiales en objetos artísticos, en un proceso que busca generar conexión con el entorno natural.

«Busco que las personas conecten más con esta gran problemática», explica Núñez, subrayando el valor emocional y educativo de la experiencia.

Un proyecto de arte con mensaje social

Más allá de la estética, AURARTE se concibe como una herramienta de conciencia ambiental. «El producto final es solo un medio de divulgación», afirma la artista.

El objetivo final es provocar una reacción: cuestionar hábitos, generar debate y fomentar cambios en el consumo cotidiano. «Cada pequeña acción cuenta», recuerda.

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