JOSÉ BARCIA TUCCELLI | Motivación para el cambio | Lunes 31 octubre 2016 | 10:51
Educar en la derrota o al menos ayudar a entender y aprovechar las muchas enseñanzas que podemos obtener tras cualquier pérdida, en este caso deportiva, es uno de los objetivos que cualquier profesional que se dedique al entrenamiento o a tratar con deportistas de rendimiento tiene grabados a fuego.
Este mismo esfuerzo se traslada a las intervenciones con niñas y niños en edades formativas en las que deberemos de saber reconducir su frustración por no obtener el deseado resultado en un aprendizaje que ilumine aquellos puntos aprovechables para el crecimiento como futuros deportistas e incluso para su educación como seres humanos que van a tener que convivir con las derrotas de la vida.
La cuestión es que en este esfuerzo por señalar las muchas posibilidades de la derrota hemos ido construyendo una idea de que la victoria nos debilita, tanto si hablamos de un equipo, como a nivel individual, cuando realmente no es así, o al menos no debería de serlo. Escuchaba en estos días a un deportista muy reconocido de este País que decía que él prefiere “crecer” con las victorias, primero porque es más divertido y después porque tras una victoria, la confianza obtenida le da tranquilidad para poder probar cosas nuevas y así mejorar.
Queramos o no, tras la derrota o tras un encadenamiento de malos resultados, siempre van a aparecer las dudas o cierta ansiedad por recuperar una senda favorable. Todos los que hemos estado o estamos relacionados con equipos de competición o con deportistas a nivel individual hemos podido percibir que el ambiente que se respira en estas dos situaciones, sobre todo si son mantenidas a través de las llamadas “rachas” son muy diferentes y se crean por sí solas con el propio devenir de las circunstancias.
Me parece muy interesante rescatar el argumento del valor del éxito como principio de crecimiento, porque como decimos, parece como si lo hubiésemos olvidado; y es que la victoria, alcanzar las metas intermedias en nuestras actividades nos debería de aportar un sustento para ir buscando cotas cada vez más elevadas.
La derrota nos aporta oportunidades si somos capaces de buscar una perspectiva adecuada, y a través del esfuerzo consciente por encontrar enseñanzas, mejoramos nuestras capacidades para el afrontamiento de cualquier situación, y en el deporte de rendimiento mucho más. Porque no podemos olvidar, que en deporte solamente gana uno, todos los demás terminan perdiendo.
Esa es una realidad que podemos edulcorar con el logro de objetivos específicos del grupo o del jugador, pero eso ya sería parte del esfuerzo mencionado por sacar aprendizajes de la derrota. Buscamos un enfoque positivo de la derrota y sin embargo oscurecemos a la victoria, la enfocamos desde lo negativo cuando pensamos que nos puede debilitar.
Esto sería así solamente si nos creemos que nuestro éxito se debe a algún tipo de cualidad o de característica que nos hace superiores al resto y que por ello no necesitamos seguir peleando o buscando la forma de mejorar. Es verdad que los focos del éxito suelen tener muchos riesgos si no tenemos el suficiente apoyo que nos mantenga en el suelo o si nos consideramos superiores a los demás por ello; pero no tiene porqué ser necesariamente así si nuestro esfuerzo está en educar desde la victoria.
Y esta forma de educar también se puede transferir al resto de facetas de la vida, tanto del deportista ya adulto como de las niñas y de los niños en edades formativas, incluso lo podremos aprovechar aunque no tengamos ningún tipo de participación en el deporte.
En la vida hay victorias y hay éxitos, en ese momento nos podemos sentir bien, sería deseable al menos que nos sintiésemos de esa manera, cercanos a la felicidad ya que hemos conseguido lo que buscamos; pero una vez interiorizado el logro no deberíamos de caer en el error de considerar que ya hemos obtenido el todo, que no tenemos que seguir creciendo o, mucho peor, que estamos por encima de las demás personas con las que tratamos.
No es nada extraño encontrarnos con personas que han conseguido una posición de supervisión de otros o de los cuales se les hace responsable a nivel laboral y que por ello tienen actitudes desconsideradas o prepotentes. En la vida, como en el deporte, tendremos éxitos y fracasos, ambos nos aportarán valiosas enseñanzas si somos capaces de mirarlas con curiosidad, interés y desde un punto de vista crítico despojado de dramatismos.
La victoria nos aportará una luz, que si no nos ciega, nos va a servir para, como hemos dicho, crear una estructura cada vez más sólida que nos haga crecer; pero, al igual que en la derrota, nos va a exigir un esfuerzo que nos haga entender la situación que estamos atravesando y que en cualquier momento podrá sufrir cambios, para mejor o para peor, de nosotros va a depender su signo.
José Barcia Tuccelli es licenciado en Educación Física y en Psicología y tiene una amplia experiencia en el campo del ejercicio físico, la salud y el deporte de rendimiento. Para más información podéis visitar su página de Facebook.