COSAS DE NOELIA | Miércoles 8 octubre 2014 | 20:01
Vivir en Santiago me enseñó que ante un paso de cebra los coches se detienen. Para una ferrolana, acostumbrada a cruzar tras ceder el paso a los vehículos, un mundo nuevo y fascinante se abrió ante mí. Un fascinante mundo nuevo… y un pánico atroz al ver a los lugareños abalanzándose a los pasos de cebra con decisión y coraje. Cuando María-la-de-Santiago vino a visitarnos a Ferrol, lo primero fue avisarla: «Aquí los coches no paran; por favor, no cruces a la compostelana». Lo segundo, meterla en la lancha de Mugardos.
De la misma manera que cruzaba los pasos de cebra María-la-de-Santiago en aquellos tiempos, en la actualidad, mis amigos emigrantes, investidos de la seguridad que te otorga el conocer mundo, pisan con garbo nuestros pasos de peatones, con la firme convicción de que los coches han de parar. Y paran. Y paran aunque el conductor no pise el freno, porque incluso los vehículos de Ferrol perciben cuando una persona tiene mundo y se comportan debidamente.
He de decir que yo, a pesar de haber viajado, —incluso a Madrid, donde ni pintan las rayas de la cebra para que trabajes la seguridad en ti mismo y en el paso— como peatón no me siento lo suficientemente protegida en un paso de cebra, de hecho, desearía que unas mamparas al puro estilo La Cúpula surgiesen de la nada en el momento en el que mi pie tocase la calzada y convirtiesen el paso en un lugar invulnerable.
Ahora bien, en una misma persona concurren puntos de vista tan diferentes como roles desempeña a lo largo de su vida o día. Cuando estaba aprendiendo a conducir en el coche de prácticas, juré que jamás sería despectiva con los aprendices de conductor ni con los “L”: obtuve el carné y el juramento me duró mes y medio. Tirando por lo alto.
A lo que iba: que también soy conductora y, como tal, detesto a seis tipos de peatón en las inmediaciones del paso de cebra: el peatón modelo Cibeles, el peatón tertuliano, el peatón incompleto, el peatón caballo de ajedrez, el peatón bobblehead y el peatón tecnológico.
–Peatón modelo Cibeles. Para él el paso de cebra es una pasarela, no camina para cruzar, camina desfilando, «me miran, me luzco»; es un peatón muy peligroso, porque en ocasiones, como modelo que es, de repente da un giro de 180 grados y vuelve para el lado del que partió.
–Peatón tertuliano. No va solo, va acompañado de otro peatón tertuliano, van hablando y, o bien se sorprenden mucho el uno al otro y se detienen en mitad del paso con cara de asombro para asegurarse del contenido de su conversación, incluso agarrándose el brazo para impedir el avance, o bien se hacen tanta gracia que les da la risa y se golpean entre sí, llegando a doblarse por la cintura mientras se sujetan a las rodillas o se dan palmadas en el muslo con una hilaridad fuera de serie.
–Peatón incompleto. El peatón incompleto cruza ágil, pero en mitad del paso frena, mira atrás, levanta la mano y la mueve indicando «vamos, apurad» y entonces aparecen correteando dos o tres mini peatones, con sus chaquetas fuera del hombro, que menos mal que has esperado para avanzar que si no te los cargas.
–Peatón caballo de ajedrez. Es el que camina por la acera, parece que avanza de frente y, en el último momento, se gira en L y atraviesa el paso de peatones.
–Peatón bobblehead. Este peatón pertenece a la rama de los peatones desconfiados y aleccionadores, empieza a cruzar despacito con ojos un tanto temerosos, observándote a ver si paras o no, y cuando lo haces, se viene arriba, coge confianza, sus ojos se enfrían, te los clava y mueve la cabeza como si tuviese un muelle en el cuello, así con desprecio, con un «ah, pensé que ya no ibas a parar…».
–Peatón tecnológico. Como apéndice de su propio cuerpo tiene un smartphone o una tablet, su peor característica es que es un compendio de los anteriores: sus movimientos son impredecibles, puede pararse en mitad del paso para escribir el mensaje vía whatsapp, saber quién le está llamando o para tapar la pantalla de la luz solar e incluso te mira con rabia si le recriminas su temerario comportamiento.
Cuando expuse la presente ponencia ante un pequeño y distinguido público, dos personas, cuyos verdaderos nombres y lugar de origen no usaré para preservar su identidad, me indicaron la existencia de otros dos tipos de peatones en un paso de cebra, que entiendo que son ellas mismas.
–Peatón cuádriga: «Cuando te arrojas al paso de cebra con varios perros por delante y poniendo cara de… «párate!!! eh fitipaldi?”». (Carmencha de Ferrol)
–Peatón asesino: «El peatón que cuando va a cruzar y viene un vehículo mira al conductor fijamente a los ojos con cara de «o te paras o te muerdo”». (Mónica de Barcelona)
–Peatón agradecido: El que cruza diciendo gracias con la mano. Tiene un nivel extremo: el que da las gracias con la mano, sonríe, inclina la cabeza y pasa rápido como no queriendo molestar. Este tipo de peatón fue el detonante de este texto, una chica que cruzaba en el peligroso paso de calle Sartaña con Nueva de Caranza. Peatón del que me olvidaba si no llega a alertarme Benson de Madrid (Gracias @bensonsenora)
Finalmente decir a todas aquellas personas que se vean reflejadas en el presente texto, que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. O no, vamos. O no.
