
MARTA CORRAL | Ferrol | Martes 1 de junio 2021 | 11:11
Cuando el pasado 20 de abril en la Junta de Accionistas del BBVA el Consejo de Administración empleó buena parte de su intervención en alabar las bondades de una plantilla que había hecho lo imposible para que el engranaje bancario funcionase a pleno rendimiento a pesar del confinamiento, los trabajadores y trabajadoras no podían creerse que tan solo dos días más tarde la entidad anunciase un ERE que afectará a unas 3.800 personas en toda España.
El expediente supone el despido de un 16 % de la plantilla y el cierre de unas 530 oficinas, un 22,5 % del total en el país. En Galicia supondría el despido de más de un centenar de personas, pero todavía no ha trascendido qué sucursales se verán abocadas a echar el cierre. Se trata del primer ERE que hace el BBVA, pero no del primer despido masivo, ya que sí echó al personal de las entidades que compró en la crisis, unos 2.750 empleados.
El banco explica que pretende con esto garantizar su competitividad y la sostenibilidad del empleo en el futuro, pero los sindicatos tienen otra versión muy distinta y por eso han iniciado un calendario de movilizaciones en un momento crucial de la negociación. Si el pasado miércoles la CGT ya organizó jornadas de huelga en Galicia, este mismo lunes se ha secundado también un paro de dos horas, que en Ferrol culminó con la protesta de las plantillas en la oficina de Callao.
Este miércoles habrá una nueva jornada de huelga, esta vez nacional y convocada por los sindicatos mayoritarios, y en esta jornada se está llevando a cabo la reunión de la mesa. Será el jueves cuando BBVA y centrales sindicales se vean de nuevo las caras. El último día que podrían llegar a acuerdos es este próximo sábado 5 de junio, pero si hubiese un entendimiento podrían prorrogar las conversaciones de muto acuerdo.
«No es una prejubilación, es un despido en toda regla»
Hablamos con varias de las personas afectadas, trabajadores del BBVA de las oficinas de Ferrol, algunos con décadas de experiencia a sus espaldas. Se sienten defraudados por un banco al que han dado su vida. «No tienen motivos para plantear el ERE porque hay beneficios. En 2020 han tenido la inteligencia de rebajar las expectativas por la Covid y precisamente se basan en ese balance para ponernos en la calle con indemnizaciones, en muchos casos, ridículas».
Y es que al contrario de lo que sucedía en el pasado, cuando el banco optó por las prejubilaciones y los empleados se iban a sus casas con unas condiciones envidiables, en esta ocasión quieren dejar claro que no hay nada de esto: «No es una prejubilación, es un despido en toda regla». Recuerdan que, aunque el Gobierno se ha posicionado en contra, no pueden hacer nada porque todavía no han sido capaces de tumbar la reforma laboral que permite plantear EREs a una empresa aun dando beneficios, como es el caso.
«Hemos cavado nuestra propia tumba»
Explican a continuación algo de lo que muchos usuarios nos hemos ido dado cuenta en estos meses de pandemia: les han obligado a hacerse ellos mismos prescindibles con la digitalización. «Te das cuenta de que operar por Internet o en los cajeros iba a terminar con muchos puestos de trabajo, pero ¿qué haces si es lo que te exigen? No nos podíamos negar a ello, pero no son conscientes de que todavía hay gente que es mayor y aun nos necesita para hacer sus trámites. Seguimos haciendo falta», lamentan.
Valoran que cuando se decretó el confinamiento hicieron todo lo posible para que las oficinas siguiesen prestando servicios. «Nos llevamos los ordenadores a casa, nos montamos cada uno su lugar de trabajo desde su vivienda, y también muchos compañeros han estado de cara al público en un momento donde salir a la calle daba pánico. Teníamos que estar al tanto de todos los cambios, casi diarios, que el Gobierno hacía de las condiciones de los créditos ICO porque los hemos gestionado nosotros. Hemos sido también imprescindibles».
«Te echan a la calle como si hubieses robado»
En aquella Junta de Accionistas les dijeron que eran «estupendos» y aplaudieron la «unión» del equipo. Por eso, habiendo también cumplido objetivos y obteniendo beneficios en la peor época posible, es mucho más duro de asimilar que tengas que ir al paro, reprochan. «Te echan a la calle como si hubieses robado», apostillan, añadiendo que, precisamente, el código de conducta ha sido siempre intachable en las plantillas del BBVA. Recuerdan, por ejemplo, que en las Preferentes ellos fueron uno de los bancos más éticos.
«Este despido masivo va parejo a la subida de salarios de buena parte de la cúpula y es curioso porque si sumas la diferencia de los nuevos sueldos y la divides por los 3.800 empleados que quieren despedir te da la remuneración media de un empleado de banca. Es una sinvergüencería», acusan, reiterando que sienten que «hemos cumplido y ya no les hacemos falta»; pero deben seguir al pie del cañón hasta que sepan qué les deparará el ERE, en un clima muy difícil: «Es inconcebible y no debería permitirse. Esperamos que se pueda llegar a una salida menos traumática porque no reconozco al BBVA, este no es el banco en el que empecé a trabajar de joven».