Laura M. Freire Cameselle | Jueves 23 de enero de 2025 | 11:00
Espero que Nuccio Ordine me perdone por robarle el título, pero creo que le gustaría lo que vengo a contar.
Se inauguró en el Centro Niemeyer de Avilés (Asturias) el pasado 22 de noviembre una exposición de Laia Abril, «On Abortion».
Como deduciréis, la exposición trata sobre el aborto, poniendo el foco en países donde todavía es ilegal ya sea por completo o con excepciones. Esta muestra surge de la investigación de la propia artista sobre la misoginia, este es el primer capítulo.
Combina datos concretos de esta investigación con fotografías de mujeres que abortaron y sus relatos personales de esos días, de esa experiencia. Consigue ser impactante sin caer en el morbo ni en las imágenes fuertes.
En Sarao, actualmente tenemos una exposición sobre la represión durante la guerra civil y la dictadura en España. En el Guggenheim de Bilbao han hecho una de las mayores retrospectivas de Hilma Af Klint, madre del arte abstracto, que reflejaba en sus obras sus inquietudes y conocimientos científicos y espirituales. También cuenta ahora mismo con una muestra de Paul Pfeiffer que investiga la creación y veneración de iconos en la cultura contemporánea, como pueden ser los deportistas, y los lenguajes que se generan en los estadios.
Esto no es una agenda cultural, aunque yo os recomiendo que no os perdáis ninguna de estas exposiciones, es una invitación a una reflexión. Sabemos que en momentos de crisis mundial, lo primero que se va por la borda es el arte y la cultura, pero también es lo primero a lo que acudimos cuando queremos entender, disfrutar, imaginar o simplemente desconectar. Y estas muestras no son menos.
Las exposiciones de arte ponen sobre la mesa temas importantes, ya sea por cuestiones sociales o de actualidad, o por cuestiones de naturaleza humana. Me gustan mucho las exposiciones porque siento que entro en el tema, que entro de verdad, yo, con mi cuerpo, con mis ideas, en un tema que quizá no me había planteado.
Formo parte de un lugar que habla de una cosa, o de varias cosas enlazadas entre sí. De repente se abre un espacio, un espacio real, físico, para hablar de esto y solo de esto por un momento -también se abre un tiempo- que baja a tierra, se convierte en algo que puedo ver, sentir, tocar (¡a veces!), del que puedo decir, contradecir, comprender. Entro en el tema y a la vez el tema entra en mí.
En un mundo acelerado poder parar, profundizar, aprender de los demás, es un lujo. Pero es un lujo al alcance de nuestra mano (¡y de nuestros bolsillos!). Es un lujo que profesionales que investigan temas tan importantes -y sí, los artistas son profesionales que investigan- creen obras y esas obras creen un espacio y nosotros podamos acceder a todo esto, a todo el trabajo que no vemos pero que ha culminado en esto y a todas las reflexiones que nos dan y que podemos crear y poner en duda y dar la vuelta, pero que ya nos ha hecho pensar, nos ha dado un lugar y un tiempo para pensar pausadamente, algo que tanto se echa en falta.
Me gustan mucho las exposiciones porque siento que hay alguien que me da la mano y me invita a pasar, a descubrir, a cuestionar, a entender, y cuando salgo, siempre salgo un poco más llena, un poco más grande y un poco más humana.